¡Cómo la bendición de un hombre de Revelación puede transformar el destino de un pueblo!

Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. Génesis 29:32

La siguiente enseñanza está basada en los hechos de la vida de Rubén, primogénito del patriarca Jacob. El propósito es mostrar cómo por la palabra de un hombre de Revelación, Rubén fue reintegrado a la bendición de ser parte de la herencia del Reino de Israel, luego de que la perdiera por causa de su decisión y acción de haber tomado a Bilha, sierva de Rachêl y concubina de su padre.

El hecho se desarrolló en el tiempo cuando el campamento se movía de Beth-El hacia Ephrata (Belén), luego de que en el camino Rachêl muriera al dar a luz a Benjamín.

15Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Beth-el. 16Y partieron de Beth-el, y había aún como media legua de tierra para llegar a Ephrata, cuando parió Rachêl, y hubo trabajo en su parto. 17Y aconteció, que como había trabajo en su parir, díjole la partera: No temas, que también tendrás este hijo. 18Y acaeció que al salírsele el alma, (pues murió) llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. 19Así murió Rachêl, y fue sepultada en el camino del Ephrata, la cual es Beth-lehem. 20Y puso Jacob un título sobre su sepultura: este es el título de la sepultura de Rachêl hasta hoy. 21Y partió Israel, y tendió su tienda de la otra parte de Migdaleder. 22Y acaeció, morando Israel en aquella tierra, que fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a entender Israel. …  Génesis 35:15—22

Este acto de Rubén, el primero en su clase de la nación que se formaba sobre cada uno de los hijos de Jacob, fue tenido por su padre como un acto de rebelión y de usurpación, razón por la cual su padre le quitó el derecho de ser considerado hijo primogénito; al morir Jacob pronunció sobre Rubén una declaratoria de excomulgación que además de quitarle el derecho y los beneficios de ser el hijo primogénito, lo constituía en un heredero sin patria,

2Juntaos y oíd, hijos de Jacob; Y escuchad a vuestro padre Israel. 3Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; Principal en dignidad, principal en poder. 4Corriente como las aguas, no seas el principal; Por cuanto subiste al lecho de tu padre: Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado. Génesis 49:2-4

Los relatos que el libro de Genesis presenta en torno a los hechos de Rubén después de este acto, muestran a Rubén sufriendo del descredito ante sus hermanos, y con muy poca confianza de parte de su padre. Se enfrentó ante la impotencia de no poder convencer a sus hermanos de no hacer daño a su hermano José,

21Y como Rubén oyó esto, librólo de sus manos y dijo: No lo matemos. 22Y díjoles Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre…   29Y Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. Génesis 37:21—29

Las palabras de Rubén a sus hermanos cuando son confrontados en Egipto y tratados como espías, muestran la culpa que le siguió todos esos años,

Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el mozo; y no escuchasteis? He aquí también su sangre es requerida. Génesis 42:22

En cuanto a su relación con su padre, Rubén perdió toda credibilidad, un relato lo presenta empeñando la vida de sus hijos como medio para ser considerado digno de confianza, lo cual muestra la deshonra a la que fue expuesto entre todo el campamento.

Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo volviere; entrégalo en mi mano, que yo lo volveré a ti. Génesis 42:37

Pero no fue solo su degradación ante su padre lo único que deterioró a Rubén. La Ley de Moisés también le afectó de igual forma; aunque promulgada muchos años más tarde, no dejó impune este hecho, y estableció retroactivamente sobre Rubén la condición de “maldito” que le correspondió por haber tenido sexo con la mujer de su padre. En el libro de Deuteronomio leemos la pena sobre este acto,

Maldito el que se echare con la mujer de su padre; por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén. Deuteronomio 27:20

Una maldición significaba una pena de muerte, pausada y silente; quien recibía sobre sí una maldición estaba destinado a perecer, se convertía en débil y frágil, sin recursos para prevalecer ante sus enemigos; era el concepto que prevalecía en ese entonces, lo leemos en un relato entre Balac y Balaam,

Ven pues ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo: quizá podré yo herirlo, y echarlo de la tierra: que yo sé que el que tú bendijeres, será bendito, y el que tú maldijeres, será maldito. Números 22:6

En la Ley de Moisés se lee que una maldición sobre una persona, o sobre un pueblo, provoca la muerte sobre ellos a lo largo del tiempo,

Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó: Deuteronomio 28:45

Así que, un doble decreto de fatalidad recayó sobre Rubén y sobre su generación, convirtiéndolo de por vida en una persona sujeta a la desgracia, y al deterioro progresivo de su generación. La declaración de su padre que le hizo perder su primogenitura y el derecho de ejercerla, perdiendo además los beneficios de la herencia que le correspondía como hijo primogénito; y la adjudicación de la declaración de “maldito” por la Ley de Moisés, que lo sujetó a la degradación progresiva de su generación.

En los relatos sobre el desarrollo de la tribu de Rubén puede observarse cómo la tribu sufrió muchos percances en su desarrollo. A un año de la salida de Egipto, la población arriba de los veinte años de la tribu era de cuarenta seis mil quinientos,

20Y los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 21Los contados de ellos, de la tribu de Rubén, fueron cuarenta y seis mil y quinientos. Números 1:20—21

En el segundo censo que Moisés hace del pueblo, con los mismos parámetros, a casi cuarenta años de haber salido de Egipto, la población de la tribu de Rubén había decrecido a cuarenta y tres mil setecientos treinta,

Estas son las familias de los Rubenitas: y sus contados fueron cuarenta y tres mil setecientos y treinta. Números 26:7

La tribu de Rubén no fue en su desarrollo de las principales tribus,

10La bandera del ejército de Rubén al mediodía, por sus escuadrones: y el jefe de los hijos de Rubén, Elisur hijo de Sedeur;…   16Todos los contados en el ejército de Rubén, ciento cincuenta y un mil cuatrocientos y cincuenta, por sus escuadrones, irán los segundos. Números 2:10—16

Así que, tanto la declaración de degradación de su padre, como la adjudicación retroactiva de la maldición de la Ley, provocaron un gran deterioro en el desarrollo de Rubén y de su generación. En uno de los relatos del libro de Crónicas se lee que la tribu fue llevada cautiva a asiria,

Por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Phul rey de los Asirios, y el espíritu de Thiglath-pilneser rey de los Asirios, el cual trasportó a los Rubenitas y Gaditas y a la media tribu de Manasés, y llevólos á Halad, y a Habor y a Ara, y al río de Gozán, hasta hoy. 1 Crónicas 5:26

El relato aunque parezca trágico, en realidad es un relato que exalta la Gloria de Dios, y nos ilustra cómo prevalece la Gracia y la Misericordia de Dios sobre el juicio y aun sobre la maldición.

El destino final de la tribu de Rubén habría  sido el exterminio total; sin embargo, en medio de la debacle a la cual estuvo expuesta las tribu por las acciones de su fundador, hubo un hombre de Revelación que pudo ver no solo lo que estaba escrito sobre Rubén, sino que se remontó sobre el tiempo y vio en Rubén la obra de Dios por medio de Jesús, de reconciliación y de restauración.

Rubén fue el resultado de la decisión de Dios sobre Lea, Dios determinó el nacimiento de Rubén por causa del menosprecio de Jacob sobre ella, así que el nombre de Rubén es un nombre profético,

31Y vio Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Rachêl era estéril. 32Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. Génesis 29:31-33

Rubén (רְאוּבֵ֑ן) es la unión de dos palabras, “vio” (רָאָ֤ה), e hijo (בֵּ֔ן), porque ella dijo: “Ya que ha mirado Jehová mi aflicción

Rubén etimológicamente significa “vio—hijo”, pero según la Revelación de la obra de Dios, Rubén significa, “Dios vio”; y como tal, aunque no deja impune las decisiones y acciones perversas de quienes las hacen, tiene Misericordia sobre ellos, y les extiende su mano de restauración y restitución.

Rubén fue la intervención de Dios en Jacob para poner fin a la impunidad de aborrecer a Lea como coadjutora de la formación de Israel; así que Rubén viene a ser una obra divina en medio de los tiempos para poner fin a prevaricación de un pueblo que conoce a su Dios pero que actúa repudiando a quienes no considera dignos de recibir los beneficios del Reino. Rubén es una obra divina de depuración.

Para los efectos, Rubén fue el primogénito de Dios. Dios vio, y actuó; es el sello de la obra de Dios en medio de los tiempos para aquellos que saben esperar el tiempo de su redención. Esta visión del Reino quedó establecida como la decisión de Dios sobre el pueblo de Israel,

7Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias: 8Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen. Éxodo 3:7-9

Moisés aunque recibió la Ley y la promulgó, fue sobre todo el hombre de Revelación que pudo ver más allá de lo que estaba escrito, y conoció de Dios no solo la dureza de cómo castiga la desobediencia, la rebeldía y la rebelión, sino que también conoció la Gracia y la Misericordia de su obra por Jesús. Pudo ver en Rubén no solo los hechos, sino más, la intervención de Dios en él desde aun antes de que él naciera; por eso, antes de morir habló en Revelación sobre Rubén y le exoneró de su condición de maldito, anuló su vileza y le constituyó en heredero nuevamente para recibir una herencia mucho mayor que la que hubiera recibido antes como hijo primogénito. Moisés lo dejó decretado y ejecutado, establecido por las siguientes palabras,

Viva Rubén, y no muera; Y sean sus varones en número. Deuteronomio 33:6

Rubén es el típico caso del hijo menor que pida la parte de su herencia, y la desperdicia viviendo perdidamente, parábola que Jesús presentó ante los escribas y fariseos de su tiempo para mostrar el valor del Evangelio para restaurar a los que han vivido bajo la maldición de la Ley.[1]

Las palabras de Moisés sobre Rubén aun no se han cumplido, pero las veremos cumplidas muy pronto; se trata de una obra profética que traerá a vida a muchas naciones, naciones a las cuales fue esparcido Rubén en consecuencia a su vileza.

Moisés habló vida sobre Rubén, quitó sobre de él la maldición, y habló prosperidad sobre su postrimería. Rubén es una obra profética para transformar el destino de naciones enteras. Necesitamos hombres de Revelación.



 

Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera Antigua, 1909 (RVA)

 


Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com


[1] Lucas 15

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