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La Contundencia de la Autoridad del Ministro de Liberación..


La contundencia de la autoridad en cuanto al ministerio de guerra espiritual y liberación, depende del grado de Revelación que el ministro haya alcanzado, y que haya entendido, sobre todo. En vista de que la guerra espiritual y la liberación es entrar en batalla contra fuerzas de las tinieblas acantonadas en un solo lugar, y en una sola persona, es importantísimo que el ministro ‘entienda’ lo que ha adquirido acerca de la liberación, fundamentado en todo tiempo en las Escrituras, de no hacerlo su autoridad se verá trastocada en algún momento.

La guerra espiritual y la liberación no son formulas, ni vestimentas, ni ritos, ni nada similar, los demonios no obedecen a nada de eso, de hecho, actuar fundamentado en tales prácticas fortalecen el ‘derecho’ del demonio para seguir operando en el lugar.[1] La guerra espiritual y la liberación se ejercen fundamentados en la fe, pues nadie puede ver contra qué está luchando, y esto, si no se tiene la suficiente fe para operar, se constituye en el mayor estorbo a la hora de ejercerla, y puede detener la liberación. En muchos casos, el enfrentamiento es contra más de un ser espiritual a la vez, lo que exige que el ministro sepa cuidar su condición física, y aprenda a dosificar su fortaleza para evitar caer en agotamiento físico y mental.

La guerra espiritual y la liberación no son formulas, ni vestimentas, ni ritos, ni nada similar, los demonios no obedecen a nada de eso, la guerra espiritual y la liberación se ejercen fundamentados en la fe,

La Revelación sobre la cual se trabaje es determinante para doblegar la autoridad y el derecho del demonio, y para expulsarlo del lugar. Nótese que decimos ‘Revelación’, y no ‘conocimiento’, pues no es lo mismo; alguien puede tener mucho conocimiento pero carecer de autoridad, como consta en Mateo 7:29, leemos: “Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”; los escribas eran Levitas y tenían mucho conocimiento sobre las Escrituras, pero no tenían autoridad.

La autoridad surge como consecuencia de la Revelación, es instantáneo, nótese en los siguientes textos, cómo los demonios reconocen la Revelación y autoridad que una persona tiene,

Ello se deja ver en el reconocimiento que ellos hacen acerca de la persona; en Marcos 1:24, leemos: “Diciendo: ­Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios”.  En Hechos 19:15 tenemos también otro ejemplo: “Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo: mas vosotros ¿quiénes sois?”. La autoridad surge por el depósito de Revelación que la persona ha adquirido de parte de Dios, y no tan solo por el conocimiento que tenga, por bueno que sea.

Por el relato de Lucas 4:36 podemos entender que la Revelación consiste en la Palabra entendida, y no tan solo la Palabra recitada: “Y hubo espanto en todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda a los espíritus inmundos, y salen?”. Nótese que decimos, Palabra entendida, y no, Palabra interpretada; ‘entender’ la Palabra no es ‘interpretarla’, no se trata de interpretar la Palabra, es entenderla, el entendimiento trae Salvación, según leemos en las Palabras mismas de Jesús, en el texto de Mateo,

12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis.

Mateo 13:12-14

Vea ahora el texto paralelo de Marcos,

10 Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola. 11 Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; 12 Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

Marcos 4:10-12

Atendamos con cuidado la siguiente base doctrinal de fe, y esforcémonos en entenderla. La falta de entendimiento de la Palabra provoca que se genere instantáneamente una operación e intervención satánica de confusión, en la persona y en su medio, según podemos corroborar en el siguiente texto de Mateo 13:19: “Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino”. Ahora, basado en el mismo texto, planteémoslo en la forma inversa y veamos el valor de ‘entender’ la Revelación de Dios; si la falta de entendimiento de la Palabra provoca que se genere una intervención satánica, el ‘entendimiento’ de la Palabra trae como resultado la ‘expulsión’ del demonio. Así queda claro, que el entendimiento de la Revelación es lo que le otorga a la persona la autoridad.

El entendimiento de la Revelación es lo que le otorga a la persona la autoridad.

Hace un par de años, el Señor me hizo pasar por una experiencia que en su momento no la entendí (no era para ser entendida en ese momento), pero actué en fe, creyendo que Dios lo hacia con un propósito. Estaba de visita en la iglesia que había pastoreado varios años atrás, en la ciudad de Guatemala, y mi visita coincidió con el aniversario número 30 de la iglesia, así que me cedieron el tiempo para predicar ese día domingo por la mañana; durante el tiempo de la alabanza, el Señor me urgió a quitarme los zapatos, basado en el texto de Éxodo 3:5: “..quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”, lo cual hice sin mayor reparo; cuando ya estaban por entregarme el tiempo para la predicación de la Palabra, quise ponerme de nuevo los zapatos para estar listo y pasar al pulpito, inmediatamente el Señor me dijo que no me pusiera los zapatos, que pasara descalzo al pulpito, y que predicara de esa forma, les confieso que fue un poco incomodo al principio.

Un año después de pasado ese evento entendí el porqué de la demanda del Señor de predicar descalzo. Una tarde de ministración llegó a mí el caso de una creyente que en sus años en el mundo había practicado satanismo, venia para recibir liberación, pues aunque mujer de fe, venían ataques que no había podido vencer; tan pronto como comencé a orar y a reprender, el demonio se manifestó, pero se resistió a salir; el caso fue sumamente fuerte, a tal grado que llegó un momento en que me sentí debilitado y sin saber qué más hacer. Bajo esa fuerte lucha, el Señor me habló, y me dijo, “muéstrale quien está en el lugar incorrecto”, ¿lugar incorrecto? ¿a qué se refería el Señor? ¿Cómo hacerlo? Y allí el Espíritu de Verdad me llevó a aquel domingo que prediqué descalzo, y me recordó: “..quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”; allí el Señor me dio entendimiento de la Revelación de aquel acto de predicar descalzo; el demonio está en el lugar incorrecto porque el lugar donde estamos es “Santo”, él no pertenece a este lugar, por lo tanto tiene que retirarse; inmediatamente procedí a quitarme los zapatos, y con la autoridad que la Revelación me dio, dije, te reprendo, demonio, abandona este lugar porque no perteneces a este lugar, es tierra santa, y la persona fue como empujada contra la pared y luego cayó al piso, y el demonio había salido de ella.

La autoridad viene como resultado de entender la Revelación de la Palabra, no es solo conocer la Palabra, es entender el ‘espíritu’ de la Palabra, ante ello no hay demonio que pueda resistirse.

Veo a mucha gente con bastante conocimiento pero con poca Revelación, en muchos casos, porque los hombres y mujeres que Dios ha llamado están atados por lazos religiosos, unidos a compromisos denominacionales, fieles a un dogma antes que a la Palabra. El hombre y la mujer que quieran hacer la Voluntad de Dios deberá, antes, validar su compromiso con Dios antes que al de los hombres. Paz.


Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera Antigua, 1909 (RVA)


Pastor Pedro Montoya


[1]     Hechos 19:13-16: 13 Y algunos de los Judíos, exorcistas vagabundos, tentaron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica. 14 Y había siete hijos de un tal Sceva, Judío, príncipe de los sacerdotes, que hacían esto. 15 Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo: mas vosotros ¿quiénes sois? 16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.