conocer a Dios, doctrina de Cristo, Evangelio, guerra espiritual

La guerra espiritual, el recurso para crecer en la fe


11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha (ἡ πάλη: lucha de fuerza) contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.

Efesios 6:11-12

La guerra espiritual es vista en muchos medios cristianos como un conocimiento auxiliar de la vida en Cristo Jesús, útil conocerla, pero no necesaria para alcanzar la salvación; por ello, muchos hombres y mujeres de fe no la consideran como un tema de estudio trascendente para crecer en la vida de fe; sin embargo, hay bastantes testimonios del Espíritu de Verdad en las Escrituras que atestiguan todo lo contrario; el testimonio más notable es el que encontramos en la epístola del apóstol Pablo a la comunidad de fe de Éfeso: Vestíos de toda la armadura de Dios, porque tenemos lucha (ἡ πάλη: lucha de fuerza) contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.

La enseñanza que el apóstol presenta en la epístola sobre la ‘armadura de Dios’ no es un estudio propiamente sobre guerra espiritual, no es ese el cometido del apóstol al escribir la epístola; la enseñanza está dirigida a instruir a los que han creído en Jesús sobre cómo vivir la vida de fe según el Evangelio del anuncio de la Paz.[1] El apóstol tiene la misión de enseñar a los gentiles de Éfeso sobre cómo liberarse del estilo pagano de vida al que estaban acostumbrados en la antigua manera de vivir.[2] Obsérvese sin embargo, que en la enseñanza introducida por la epístola, el apóstol vincula la guerra espiritual con la fe, como si ambos tuvieran la misma función de formación de la vida en el Evangelio; es decir, como si ambos ejercicios –guerra espiritual y fe– fueran la forma cotidiana de vivir la vida en Cristo Jesús. Esta forma de Pablo de presentar la guerra espiritual y la fe juntas bajo la misma instrucción sobre cómo vivir la vida en Cristo Jesús nos lleva a establecer, sin lugar a dudas, que no se puede desarrollar una vida de fe sin tener en cuenta que fe es hacerle frente a los dardos de fuego del maligno, lo cual nos conduce a entender que fe es guerra espiritual, sin discusión.

La base de esta enseñanza de Pablo es la continuidad a la labor de proclamación del Evangelio del Reino que el apóstol estableció  durante su permanencia en la ciudad de Éfeso.[3]

Así, según esta enseñanza, vida de fe y guerra espiritual son doctrinas de formación del carácter de aquellos que han nacido del Espíritu según el Evangelio de Jesús; en ellas, nótese, la fe es definida como ‘escudo’,[4] no como arma de ataque sino de defensa, lo que nos lleva al entendimiento de que la guerra espiritual no consiste, únicamente, en ‘reprender’ a Satanás, ni está dirigida exclusivamente a levantar batallas contra posesiones satánicas; la guerra espiritual es la resistencia que el que ha creído en Jesús le opone a Satanás para impedir que éste siga utilizando su vida como instrumento de iniquidad.[5] Nótese que esta enseñanza no es tema exclusivo de la teología doctrinal de Pablo, el apóstol Santiago escribe en términos bastante similares, lo que nos muestra que esta enseñanza fue el contenido general de la doctrina del Evangelio:

Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.

Santiago 4:7

La guerra espiritual es el recurso de la fe desarrollado en y por el Espíritu de Verdad para fortalecer el crecimiento espiritual del hombre y de la mujer que han creído en Jesús.[6]


El hombre y la mujer de fe se hacen fuertes en el Espíritu no detrás de un escritorio buscando información sobre la vida de fe, se vuelven fuertes enfrentando y resistiendo todos los dardos del enemigo, amparándose en la Verdad de las enseñanzas de Jesús. Quien se somete al Señorío de Cristo pero no resiste al diablo, es equivalente al soldado que no lleva consigo su escudo, en algún momento le alcanzaran los dardos del enemigo, y perecerá: tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

La vida de fe no consiste en ‘atacar’ a Satanás, ni en destruir el reino de las tinieblas, la vida de fe consiste en ser ‘testigos’ de la supereminente grandeza del poder de Dios que obró en Cristo Jesús, resucitándole de los muertos, y colocándole a la diestra del Padre en los cielos;[7] haciendo esto, según consta en la enseñanza de Jesús, las puertas del infierno no prevalecerán contra el avance en fe de sus santos.[8] El reino de las tinieblas se destruye por el testimonio de fe.[9]


La vida de fe en Jesús consiste en establecer sobre la tierra los principios del Cielo, ante esto no hay ataque frontal lo suficientemente grande como para derribar a un hombre o mujer de fe.[10] La vida en Cristo Jesús es una vida de fe.


La fe es guerra espiritual, porque como bien lo estableció el apóstol Pablo, no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires; pero es una guerra que se ejerce a partir de la resistencia a todo aquello que pretende dirigir al hombre y a la mujer a caminar en oposición a las enseñanzas de Jesús. Esta guerra espiritual consiste en quitarle a Satanás todo ‘derecho legal’ que le permite operar en el mismo ambiente de fe; de nada sirve una teología que le enseña al creyente a ‘reprender’ al diablo si antes no le instruye sobre cómo cancelar las acciones que le entregan ‘derechos’ a Satanás para operar en su ambiente.

La fe nace del carácter restaurado según la imagen y semejanza de Cristo Jesús; el derecho legal que Satanás utiliza para seguir operando en un medio de fe es la misma ambigüedad de ánimo que aún persiste en el corazón del creyente.[11] La apostasía es precisamente una doble postura doctrinal; en Palabras de Jesús, la apostasía es la cizaña sembrada en un campo de trigo.[12]


Otro testimonio del Espíritu de Verdad sobre que la guerra espiritual es el recurso para crecer en la fe, lo encontramos en la exhortación de Pablo a Timoteo: “pelea la buena batalla de la fe”.

Pelea (ἀγωνίζου) la buena batalla (ἀγῶνα) de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos.

1 Timoteo 6:12

En esta exhortación, el apóstol está definiendo que la guerra espiritual es el ‘esfuerzo’ consciente por hacer conforme a la Voluntad de Dios. ‘Pelea’ significa ‘esfuérzate’ en establecer la Voluntad de Dios. La expresión utilizada por el apóstol refleja un esfuerzo ‘agónico’, es decir, un esfuerzo llevado hasta las últimas consecuencias.[13] La buena batalla de la fe, significa entonces, la fortaleza nacida en el conocimiento del llamado de Dios que se impone a toda resistencia espiritual que pretende detener la obra de la fe. Según esta enseñanza, la fe nace de la decisión personal de sobrepasar los límites del sacrificio –estado de agonía, según el término utilizado por el apóstol– hasta llegar a completar aquella labor que nos fue demandada por el Espíritu. La fe vence toda resistencia interpuesta por el reino de las tinieblas; la fe es entender que nada ni nadie puede detener la obra del Señor, pero entendiendo, sobre todo, que somos encargados de velar porque así se cumpla. Fe no es tan solo esperar que las cosas se cumplan, la fe demanda participación activa. En la epístola a los Hebreos encontramos esta misma exhortación casi en las mismas palabras.

Reducid pues a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando. Que aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado: Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, Ni desmayes cuando eres de él reprendido.

Hebreos 12:3-5

La exhortación del apóstol Pablo a Timoteo puede ser parafraseada de la siguiente forma: “Sacrifícate hasta la agonía por tal de ganar esta batalla espiritual de la fe, de ella depende la Vida Eterna para la cual fuiste llamado, habiendo dado testimonio ante muchos testigos”. La fe se activa cuando el hombre y la mujer entran en guerra espiritual. Fe es no desmayar por causa de quienes tienen la piedad por granjería,[14] fe es seguir proclamando las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la Luz admirable a pesar de que no veamos resultados de nuestra acción de fe.[15]

En las enseñanzas establecidas por el apóstol Pablo, la guerra espiritual no aparece referida todo el tiempo como una lucha frontal contra las fuerzas de las tinieblas, el apóstol advierte que los demonios utilizan formas alternas para esconderse de forma tal que no puedan ser ‘reprendidos’ por sus actos; el apóstol describe varias formas de ataque utilizados por los demonios, la primera de ellas es la persecución, en su epístola a los Filipenses, leemos:

Teniendo el mismo conflicto (ἀγῶνα) que habéis visto en mí, y ahora oís estar en mí.

Filipenses 1:30

La referencia que el apóstol hace en este texto de Filipenses es con respecto a la persecución que sufrió durante su estadía en la ciudad de Filipos,[16] persecución que aún sufre en el momento de escribir la epístola; el texto puede ser parafraseado como sigue: “teniendo yo similar sufrimiento de Cristo, como habéis visto cuando estuve entre vosotros, y como habéis sido notificados, que aún tengo”. Fe es la participación de los padecimientos de Cristo Jesús,[17] en otros de sus escrito fe es presentada como perseverancia y gozo.[18]

Otra forma que los demonios utilizan para atacar a quienes viven una vida de fe en Jesús es la introducción de falsa doctrina, en la epístola a los Colosenses leemos acerca del dolor en el apóstol por enterarse de aquellos que introducen falsa doctrina en la comunidad de fe, y verse impotente por no poder intervenir personalmente:

PORQUE quiero que sepáis cuán gran solicitud (ἀγῶνα) tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en carne;

Colosenses 2:1

Lo que el apóstol está enfrentando puede ser entendido en la siguiente traducción parafraseada que hemos preparado: “Quiero que ustedes sepan cuan gran conflicto tengo por no estar con ustedes, por los de Laodicea, y por todos aquellos que no conozco personalmente. Quisiera estar con ustedes para fortalecer sus corazones, y para dirigirlos con amor, para que entiendan y no desistan de las riquezas del conocimiento revelado de Dios, y del Padre, y de Cristo.”

El apóstol está transmitiendo el dolor que hay en su corazón por causa de la amenaza que se cierne sobre esas comunidades –Laodicea y Colosas– amenaza doctrinal falsa que atenta con hacerlos desistir del conocimiento del Evangelio que recibieron por Epafras, y que las ha hecho sobresalir como comunidades de fe en Cristo Jesús, y por el amor que muestran a todos los santos que han visitado la comunidad.[19]

Lo que Pablo está manifestando es su impotencia por no enfrentar en persona a aquellos que están introduciendo enseñanzas que tergiversan la sana doctrina en la región. Pablo ha descubierto que detrás de algunas enseñanzas que los creyentes de Colosas y Laodicea han recibido en visitas recientes de predicadores judaizantes, hay enseñanzas que pretenden trastocar el conocimiento de la Verdad, acerca de Dios encarnado y manifestado en Jesús. La guerra espiritual está presente en la denuncia a toda introducción de doctrina apostata, pues no denunciarla significa permitirla, lo cual nos hace participes de ella, según el apóstol Juan.[20] En este caso el apóstol la enfrentó a través de las epístolas enviadas a ambas comunidades.[21] Fe es el resultado del celo por la obra de Dios, la guerra espiritual está dirigida a combatir toda doctrina apostata.

La guerra espiritual no se libra solamente ‘reprendiendo’ a los demonios, como hemos visto en los casos anteriores, hay situaciones que no lo permiten, y no por ello uno que ha creído en Jesús debe abstenerse de entrar en guerra espiritual; la guerra espiritual se libra sobre la base del testimonio de fe, en la epístola a los Hebreos, leemos:

POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera (ἀγῶνα) que nos es propuesta,

Hebreos 12:1

La ‘carrera’ a la cual el apóstol se refiere es la lucha contra el espíritu de pecado que está presente en los ambientes que frecuentamos; el ‘peso del pecado’ consiste en los argumentos de engaño y falsedad sobre los cuales se han construido las sociedades de las ciudades en que vivimos, argumentos de engaño y falsedad que demandan que nos comportemos según sus filosofías de vida. Fe es rechazar toda filosofía de vida que no puede ser explicada según las enseñanzas de la Palabra de Verdad.

En su declaración ultima, ya al final de sus días, el apóstol identificó que la guerra espiritual es en realidad la ‘buena’ batalla de la fe, con lo que queda de manifiesto que la guerra espiritual es en realidad el recurso de la fe desarrollado en y por el Espíritu de Verdad para fortalecer el crecimiento espiritual del hombre y de la mujer que han creído en Jesús. Quien desiste de entrar en guerra espiritual, desecha su crecimiento de fe.

He peleado (ἠγώνισμαι) la buena batalla (ἀγῶνα), he acabado la carrera, he guardado la fe.

2 Timoteo 4:7

Un tercer testimonio del valor de la guerra espiritual como recurso de crecimiento en la fe es la forma de cómo el apóstol describe los resultados sobrenaturales que obtuvieron por ella aquellos que entraron en batallas desproporcionales para vencer a todos sus adversarios, esforzándose tan solo en la promesa que Dios les había entregado, de que por ellos sería establecida en la tierra gran liberación:

33Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, 34 Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.

Hebreos 11:33-34

En los primeros versos del capítulo enfatiza que sin fe es imposible agradar a Dios, y define bajo esa misma declaración, que la fe es la convicción de que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan, destacando de esta forma que todo lo que ellos alcanzaron no fue por mérito propio, sino porque se aferraron al conocimiento que tenían de quien es Dios,[22] y del conocimiento de la Verdad de Su Palabra.[23] Fe es aferrarse al conocimiento de la Soberanía de Dios, si Dios lo dijo, Él lo hará, y nosotros lo llevaremos a cabo.[24]

Cuando una persona que ha iniciado una vida de fe en Jesús desconoce sobre la guerra espiritual, toda vicisitud que enfrente verá en ella, o una prueba o una tentación, todo dependiendo de conocimientos alternos que posea, pero difícilmente verá en ella la forma establecida por Dios para crecer y fortalecerse en la fe; muchas personas incluso, cuando enfrentan este tipo de contrariedades desisten de continuar desarrollándose en su crecimiento espiritual.[25]

La guerra espiritual no es un conocimiento auxiliar de la vida en Cristo Jesús, la guerra espiritual se manifiesta en la oposición que la persona sufre en todas sus actividades diarias y cotidianas, para conducirlo a desistir de su decisión de seguir la enseñanza de Jesús; y será enfrentado, quiera o no, entienda sobre el tema o no, porque al ser Luz por Jesús representará una amenaza para las fuerzas de las tinieblas; la diferencia de conocer sobre el tema es que al hacerse consciente sobre la realidad de la lucha espiritual, y lo que representa para la fe, la persona enfrentará toda situación con el gozo de saber que está peleando las batallas de Jehová,[26] y su actuar contra las huestes espirituales de maldad será con sabiduría y mucho más contundente.

La fe que se construye sobre la lucha espiritual es la fe que traspasa montes a la mar.

Y respondiendo Jesús les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera: mas si a este monte dijereis: Quítate y échate en la mar, será hecho.

Mateo 21:21

Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera Antigua, 1909 (RVA)


Pastor Pedro Montoya

Twitter: @pastormontoya


[1]     Efesios 2:14-17: Porque Él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación; 15Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden a ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,…   17Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca:

[2]     Efesios 4:21-24: 21 Si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, 22 A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error; 23 Y á renovarnos en el espíritu de vuestra mente, 24 Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad.

[3]     Hechos 19:9-12:  Mas endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, apartándose Pablo de ellos separó a los discípulos, disputando cada día en la escuela de un cierto Tyranno. 10 Y esto fue por espacio de dos años; de manera que todos los que habitaban en Asia, Judíos y Griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. 11 Y hacía Dios singulares maravillas por manos de Pablo: 12 De tal manera que aún se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus salían de ellos.

[4]     Efesios 6:16: Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

[5]     Romanos 6:13-19: Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia…  19Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros a servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros a servir a la justicia.

[6]     Efesios 6:10: Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.

[7]     Ídem 1:19-20

[8]     Mateo 16:18. Véase también Génesis 22:17: Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos:

[9]     Apocalipsis 12:11: Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte.

[10]   Ídem 7:24-25: 24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; 25 Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.

[11]   Lucas 9:62: Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

[12]   Mateo 13:24-30

[13]   1 Tesalonicenses 2:2: Pues aun habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en Dios nuestro para anunciaros el evangelio de Dios con gran combate (ἀγῶνι).

[14]   Léase el contexto del capítulo.

[15]   Isaías 53:1:¿QUIÉN ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

[16]   Hechos 16:12-40: 12 Y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días…   19 Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, al magistrado; 20 Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo Judíos, alborotan nuestra ciudad, 21 Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos Romanos. 22 Y agolpóse el pueblo contra ellos: y los magistrados rompiéndoles sus ropas, les mandaron azotar con varas. 23 Y después que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia: 24 El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro; y les apretó los pies en el cepo.

[17]   Filipenses 1:29: Porque a vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él. Filipenses 3:10: A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte,

[18]   Romanos 5:3: Y no sólo esto, más aún nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. 2 Corintios 4:17: Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria;

[19]   Pablo hace referencia a una posible visita de Marcos, el sobrino de Bernabé: Colosenses 4:10

[20]   2 Juan 9-11: Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ­bienvenido! 11 Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras.

[21]   Colosenses 4:16: Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.

[22]   Jeremías 9:24: Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo Jehová, soy quien hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová.

[23]   Tito 1:2: Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos,

[24]   Salmos 60:12: En Dios haremos proezas; Y él hollará nuestros enemigos. Salmos 108:13: En Dios haremos proezas; Y él hollará nuestros enemigos.

[25]   Mateo 13:20-22: 20 Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 21 Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende. 22 Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.

[26]   Números 21:14; 2 Crónicas 32:8; Isaías 30:32; Jueces 3:1; 1 Samuel 18:17; 25:28