La dignidad del ministerio visto a través de la parábola del samaritano que actuó con misericordia


Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?…  Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Lucas 10:25-37

El ministerio que alguien sustente es el resultado de un llamado que Dios depositó en el espíritu de la persona; el llamado no es una respuesta humana a un estímulo divino, es la selección de Dios sobre alguien, quien cuando accede, lo hace no porque ejerce su libre albedrio sino porque predomina sobre la persona la soberanía de Dios. El profeta Jeremías reconoce que su llamado no fue su selección sino la decisión soberana de Dios sobre él,

Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado: más fuerte fuiste que yo, y vencísteme: cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí. Jeremías 20:7

El llamado es dado para que Dios sea glorificado a través de la persona, no para exaltar a la persona por encima de quien lo llamó,

Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es: 29Para que ninguna carne se jacte en su presencia. 30Mas de Él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención: 31Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.                   1ra. Corintios 1:28-31

El llamado no es una vocación profesional, pues hay muchos que son llamados para ejercer un ministerio que no necesariamente se acomoda ni con las habilidades, ni con el carácter ni con la personalidad de quien lo ejerce. El llamado es una ejecución divina que la persona realiza según la soberanía y la Palabra que Dios ha depositado sobre la persona,

Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y cogedor de cabrahígos: Amós 7.14

La parábola del samaritano que mostró misericordia para ayudar a recuperar al que había caído en manos de los ladrones es una parábola aparentemente presentada para enseñar sobre la concepción mosaica de quién debe ser considerado como prójimo; sin embargo, debido al papel que desempeña dentro de la institución religiosa de Israel del que pregunta, la parábola tiene por objeto mostrar lo que significa servir a Dios en el llamado que cada uno tiene; y la referencia a los otros personajes de la parábola, el levita y el sacerdote, confirma esto.

El sacerdote en la Ley es el vínculo entre el pueblo y Dios, y su función es puesta para restablecer la comunión deteriorada del hombre para con su Creador. Un sacerdote que define a prójimo por su proximidad solamente es un ministerio que no ha entendido lo que significa tener comunión con Dios.

¿Qué significa para el hombre estar alejado de Dios? los profetas presentaron descripciones de lo que significaba para el hombre alejarse de su Creador, y presentaron su condición como la de un hombre herido y maltrecho.

¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu alma a Sión? ¿Por qué nos hiciste herir sin que nos quede cura? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de cura, y he aquí turbación. Jeremías 14:19


Ephraim fue herido, secóse su cepa, no hará más fruto: aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. Oseas 9:16


No hay cura para tu quebradura; tu herida se encrudeció: todos los que oyeron tu fama, batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu malicia? Nahúm 3:19

Restablecer la comunión de un hombre con su Creador es equivalente a sanar las heridas de aquel que está herido y maltrecho. Así que, que un sacerdote se encuentre con un hombre herido y no lo socorra, es la descripción de un ministerio que no ha entendido su función sobre la tierra, que no honra su llamado.

La presencia del sacerdote en la parábola aparece para confrontar a aquellos que reducen el mandamiento de Dios a una definición religiosa, y que dependen de ellas para cumplir el detalle de los mandamientos. Prójimo, y por extensión, ministerio, no es un concepto, es una experiencia de comunión, de comunión con Dios.

La función del levita es la de servir en el Templo, y lo hacían desde la edad de veinticinco años hasta que cumplían los cincuenta,

Y así vinieron después los Levitas para servir en su ministerio en el tabernáculo del testimonio, delante de Aarón y delante de sus hijos: de la manera que mandó Jehová a Moisés acerca de los Levitas, así hicieron con ellos… 24Esto cuanto a los Levitas: de veinte y cinco años arriba entrarán a hacer su oficio en el servicio del tabernáculo del testimonio: 25Mas desde los cincuenta años volverán del oficio de su ministerio, y nunca más servirán: Números 8:22-26

El requerimiento de servicio que se demandaba sobre ellos era de tan alta calidad que un fallo en su servicio era equivalente a la iniquidad más terrible en su relación con Dios. La vida de los levitas era una vida de servicio.

Mas los Levitas harán el servicio del tabernáculo del testimonio, y ellos llevarán su iniquidad: estatuto perpetuo por vuestras edades; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel. Números 18:23

Veinticinco años de servicio en los cuales cada quien tuvo la oportunidad de ver la manifestación de Dios en favor del pueblo. Así que, no se podría pensar que un levita viera a alguien necesitado y que no le ofreciera ayuda; un levita que veía a un herido tirado en el camino y que pasara de largo para no ayudarlo, es una persona acostumbrada a servir pero que no tiene un valor ni razón de su servicio. Convirtió el llamado en un hábito, nada más.

La presencia del levita en la parábola aparece para mostrar que el servicio a Dios es resultado de la experiencia de conocer a Dios; solo quien conoce a Dios puede servir.

Prójimo es la prueba del conocimiento que una persona tiene de Dios. Prójimo no es una responsabilidad de servicio, sino la oportunidad de mostrar a los demás cuánto conocemos a Dios. El apóstol Juan lo expresó de esta manera:

Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1ra. Juan 4:20

Ministerio es ver necesidades, y suplirlas; es despertar compasión en beneficio de otros; es cuidar; es proteger; es invertir en otros; es restaurar la condición de necesidad de quien ha caído en desgracia; es reivindicar a aquel que ha sido marginado socialmente.

La presencia del samaritano en la parábola aparece para mostrar que cuando una persona no actúa conforme a la Justicia de Dios, habrá un samaritano que se encargará de mostrar, con su presencia y con su forma de actuar, con cuánta arrogancia camina aquel que ostenta un ministerio de Dios. Los samaritanos eran una sociedad menospreciada por los judíos; en el relato del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, ésta le reprocha a Jesús el menosprecio de los judíos hacia los samaritanos: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.[1]

Haberle dicho Jesús al doctor de la Ley, Ve, y haz tú lo mismo, era equivalente a decirle, actúa tú como actuó el samaritano, lo cual significaba una ofensa y una humillación; la expresión de Jesús al doctor de la Ley fue la confrontación a la arrogancia con la cual él caminaba.

El llamado de Dios tiene una dignidad divina, pero no para destacar a la persona por encima de quien lo llamó, sino para establecer sobre la tierra aquella operación de Dios necesaria para romper la fortaleza del reino de las tinieblas que ha atado a los habitantes de sus regiones.

La parábola presenta a tres personas, cada uno portador de ministerio; dos de ellos con un ministerio clasificado por un título, solo uno, el samaritano, con un ministerio sin una clasificación; de hecho, muchos no habrían considerado hasta hoy que el samaritano pudiera ser un ministro de Dios. El ministerio no lo hace un título, no lo hace un diploma, no lo hace una institución; el ministerio lo hace la convicción que tengamos de que servimos a Dios, de que Él nos llamó, y que lo que hacemos lo hacemos para Él,

Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no a los hombres; Colosenses 3:23

¿Por qué en la parábola se presenta al sacerdote y al levita como ministros que defraudan el llamado de Dios en ellos?

El ministerio, el servicio a Dios, no puede construirse sobre la persona, peor aún, sobre la fama que la persona pueda levantar como ministro de Dios. El ministerio no es la imagen que la persona levanta sobre sí mismo, ni sobre lo que él hace como dotado de un poder singular dado a él, como si se tratase de un instrumento exclusivo de Dios.

Ni el sacerdote ni el levita pudieron entender a qué Dios los llamó, solo vieron en sí funciones que los distinguían de los demás, funciones de categoría, funciones de rango; cualquier otra función aparte de sus funciones en el templo eran vistas como denigrantes y de poca estima. Ni el sacerdote ni el levita vieron un servicio a Dios en el auxilio que le pudieran haber brindado al herido del camino. Defraudaron el llamado de Dios depositado en sus espíritus.

Si tienes un ministerio de Dios, despiértalo, avivalo; no lo ates a un título, no construyas una imagen personal detrás de él, no busques aprovecharte de él; no incurras en el error del sacerdote y del levita en la parábola.

De los tres ministerios que presenta la parábola, ¿quién te gustaría ser? Ve y haz lo mismo.


 

No importa lo que hagamos dentro de una comunidad de fe, nada será de valor si primero no contamos con hacerlo con el propósito de que Dios sea glorificado por el servicio que prestamos a los demás.

 


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Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera Antigua, 1909 (RVA)

 


Pastor Pedro Montoya

Tel Cel. (407) 764-2699

Twitter: @pastormontoya

http://www.ministerioscristorey.com

[1] Juan 4:9

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