No llores si no hay necesidad de hacerlo. Tus aflicciones son la capacitación que el Todopoderoso ha diseñado para hacerte fuerte. No mires el dolor o lo que has perdido, o la amenaza de pérdida que se plantea. Mira al que te llamó, al que te dijo que no te dejaría, al que te dijo que estaría contigo hasta el fin del mundo. Si estás ante huesos secos, no será que Dios querrá que les hables. A lo mejor de esta situación surge un profeta de tí.
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