2 Tesalonicenses 2:1-3
Introducción: No es lo mismo conocer que entender
Toda enseñanza comienza con el reconocimiento de que nadie está aquí por iniciativa propia. Es el Espíritu Santo quien nos ha convocado, nos ha llamado y nos ha establecido. Por eso, antes de abrir la Palabra, entregamos este tiempo en las manos del Señor y le pedimos un corazón dispuesto para entender y para caminar conforme a lo que Él demanda en este tiempo. Sabemos que el Señor establece procesos y que, dentro de ellos, requiere obediencia para que hagamos lo que Él quiere. Pedimos, entonces, que sea el poder del Espíritu Santo quien nos dé las instrucciones personales, particulares e individuales de lo que hemos de hacer en este momento.
Iniciamos así una serie de enseñanzas sobre la segunda venida de Jesús el Cristo, un tema que es necesario que todos conozcamos, pero sobre todo que entendamos, porque no es lo mismo conocer que entender. No se trata de dos palabras alternas: son dos palabras completamente diferentes. Muchos tienen hoy, diría yo, exceso de conocimiento, pero no entienden. Es importante que un hombre de Dios y una mujer de Dios conozcan, pero sobre todas las cosas que entiendan, porque aun teniendo el conocimiento, un hombre de Dios se puede perder; aun teniendo el conocimiento de Dios, una mujer se puede perder. Por eso no se trata solo de conocer, sino de entender.
Para ello iremos combinando lo que se presenta en las epístolas paulinas —pues Pablo es quien más habla acerca de la segunda venida de Cristo— con el libro de Apocalipsis. Muchas veces, cuando se presenta únicamente lo que está en las epístolas y luego se pasa al Apocalipsis, muchos no logran encajar este libro dentro del tema de la segunda venida de Jesús el Cristo. Mediante esta combinación veremos cómo el Apocalipsis entra de lleno en esta enseñanza. Iremos dando tiempo para contestar preguntas, pero únicamente sobre lo que estemos estudiando; una pregunta sobre algo que no hemos visto, sobre algo que se escuchó o se conoció en otro momento, nos sacaría realmente del tema y nos desviaría. Lo que queremos asegurar es que lo que vayamos presentando lo vayamos entendiendo bien.
Hay, además, una aclaración necesaria. Esta enseñanza no debe servirnos como una llave de escape, y conviene repetirlo. Muchos, cuando se acercan a las enseñanzas sobre la segunda venida de Jesús, las toman precisamente así: quieren saber en qué momento están para prepararse y ajustarse justamente en el último momento. Eso no funciona en la vida de fe. No funciona en la vida de un hombre de Dios ni en la de una mujer de Dios. No se trata de caminar ambiguamente de un lado a otro mientras todavía hay tiempo para prepararse, sino de conocer, entender y prepararnos.
Un mapa espiritual: Segunda de Tesalonicenses 2
Nuestro texto base es la segunda epístola del apóstol Pablo a los Tesalonicenses, en el capítulo 2. Leamos los primeros tres versículos:
“Empero os rogamos, hermanos, en cuanto a la venida de nuestro Señor Jesús el Cristo, y nuestro recogimiento a Él, que no os mováis fácilmente de vuestro sentir, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el Día del Señor esté cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2:1-3)
Aquí el apóstol, por el Espíritu de Dios, está estableciendo un mapa espiritual, un mapa del cual nadie debería perderse. Obsérvese el orden: en estos tres versículos se presentan tres eventos. El primero es la apostasía. El segundo, a continuación de la apostasía, es la manifestación del hombre de pecado, el hijo de perdición, a quien el apóstol Juan llama el anticristo. Se trata de la misma persona. Pablo no usa la palabra anticristo; es Juan quien la usa. Pero el hecho de que no leamos esa palabra en el texto de Pablo no significa que se hable de otra persona: aquel a quien Pablo define como el hombre de pecado y el hijo de perdición es el mismo a quien Juan define como el anticristo. El tercer evento, en ese orden, es la venida de Cristo Jesús.
Es importante que entendamos esto con claridad: ese orden de eventos no se va a alterar. Primer evento, la apostasía; segundo evento, el anticristo; tercer evento, la venida de Cristo Jesús.
Antes de la venida de Cristo Jesús se manifiesta el anticristo
Con esto ya estamos entendiendo algo muy importante, que hoy representa un tema de desviación en muchos cristianos: la persecución, la tribulación. Si el anticristo se manifiesta antes de la venida de Cristo Jesús, y si la tribulación viene por medio del anticristo, entonces la iglesia va a pasar por la tribulación.
Conviene detenerse en esto, porque hay muchísima gente que cree lo contrario. Me atrevería a decir que es más del ochenta y cinco por ciento, y hablo de hombres y mujeres de Dios. Muchos creen que la iglesia no va a pasar por la tribulación. Pero, de acuerdo con el orden que acabamos de ver, si el anticristo es el promotor de la persecución y aparece antes de la manifestación de Cristo Jesús, la iglesia va a pasar por la tribulación. Más adelante abordaremos el tema del arrebatamiento, pero quiero que esto quede bien claro.
Una tribulación en dos partes: Israel y la iglesia
Sin perder de vista Segunda de Tesalonicenses, que es nuestro texto base, vayamos al libro de Apocalipsis, porque el propósito es ver cómo los eventos van encajando dentro de un mismo proceso, que es un proceso espiritual. Leamos primero Apocalipsis 12:17:
“Entonces el dragón fue airado contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús el Cristo” (Apocalipsis 12:17)
Hay aquí dos protagonistas en escena: una mujer, que prácticamente tiene dos simientes, y el dragón, que hace guerra contra los demás de la simiente de ella. ¿Quiénes son estos? Es la iglesia del Señor, y lo dice claramente el versículo: tienen el testimonio de Jesús el Cristo. Tengamos presente que los judíos no tienen el testimonio de Jesús, pues no creyeron en Cristo Jesús; por tanto, no podemos decir que estos sean judíos. Quienes tienen el testimonio de Cristo Jesús son la iglesia.
Ahora bien, si leemos desde el versículo 13 en adelante, nos daremos cuenta de que el dragón había hecho antes una primera persecución, y esa primera persecución es contra Israel. De modo que este pasaje nos da testimonio de una tribulación dividida en dos partes: primero contra los judíos y, en segundo lugar, casi a continuación de la primera, contra la iglesia. Pasemos ahora al capítulo 13, versículo 7:
“Y le fue dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fue dada potencia sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y gente” (Apocalipsis 13:7)
Aquí se sigue confirmando que hay una persecución, una tribulación, contra la iglesia. ¿Por qué? Porque ¿quiénes son los santos? Los santos son los que han confesado a Cristo Jesús. No se refiere a los ángeles, ni a los que ya murieron, como en la doctrina católica, sino a los que están vivos y han confesado a Cristo Jesús. Véase cómo comienzan las epístolas del apóstol Pablo: Pablo, apóstol de Jesús el Cristo, gracia y paz a todos los santos que están en Colosas, a todos los santos que están en Galacia, a todos los santos que están en cada lugar. Los santos son quienes han confesado el nombre de Jesús. Queda claro, entonces, en los capítulos 12 y 13, que hay una tribulación, y todo esto es para definir que la iglesia va a pasar por ella.
Esto es muy importante, porque hay muchos cristianos —y cuando digo «gente» no hablo de gente del mundo, pues somos pastores enviados a la gente de Dios, no al mundo— que están viviendo con la creencia de que no van a pasar por la tribulación y, por eso, no se están preparando. Esto es lo más grave y lo más triste: que no han visto una intervención de Dios en medio de la tribulación. Para entender mejor el tema, vayamos a Mateo 24, desde el versículo 15 hasta el 21:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en las azoteas no descienda para tomar algo de su casa. El que esté en el campo no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo, porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:15-21)
Aquí se nos habla de la gran tribulación, y la gran tribulación es para el pueblo de Israel. Al comenzar con Segunda de Tesalonicenses dije que la tribulación iba a comenzar por Israel: no va a ser pareja, sino que comienza por Israel. A esa tribulación dirigida a Israel se le llama gran tribulación; es el inicio del tiempo de la tribulación. Sigamos en el mismo capítulo 24, con énfasis en la primera parte del versículo 29:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mateo 24:29)
Entendamos lo que estamos leyendo. La gran tribulación está dirigida a Israel y, justamente cuando haya comenzado la gran tribulación para Israel, vendrá tribulación sobre el mundo entero —no sobre unos cuantos países, sino sobre el mundo entero— para la iglesia, para el pueblo de Dios. Ninguno estará exento, ni Israel ni la iglesia. A ambos está dirigida una tribulación, y eso es lo que leímos en Apocalipsis: en el capítulo 12 se comienza a definir la tribulación hacia Israel y en el capítulo 13 se nos habla de la tribulación hacia la iglesia.
¿Cuál es la diferencia? Que comienza por Israel, y eso concuerda con lo escrito en Primera de Pedro 4:17, donde se dice que es necesario que el juicio comience primero en la casa de Dios. Pero para Israel será mayor y más fuerte, precisamente por haber negado y crucificado a Jesús. Recuérdese lo que se dijo en aquel momento: que su sangre cayera sobre ellos y sobre sus hijos. Este es, pues, el proceso de la tribulación: comienza con Israel y se le llama gran tribulación porque va a ser mayor.
Nótese además el versículo 19: «Mas ¡ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!» ¿A qué se refiere? Es algo que vimos en Deuteronomio 28: el asedio sobre Israel, particularmente sobre Jerusalén, será tan grave que habrá hombres y mujeres que se comerán a sus hijos. Y esto no es nuevo, porque ya ocurrió en la antigüedad. En Segunda de Reyes 6:29 se registra el relato de una mujer que dice:
“Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos; y el día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comamos; mas ella ha escondido a su hijo” (2 Reyes 6:29)
Es el caso de un reclamo que se presentó porque, a causa del hambre y del asedio, se habían comido a los niños. Por eso en Mateo 24:19 aparece esta mención: para destacar lo que se conoce como la gran tribulación. Tengamos claro, entonces, que la gran tribulación es para el pueblo de Israel. Para la iglesia, para el pueblo de Dios, habrá una tribulación que no llegará a los niveles de la de Israel o la de Jerusalén; pero eso no quiere decir que no vaya a ser fuerte ni delicada.
Resumamos lo que tenemos hasta aquí. Hay tres eventos: la apostasía, en cuyo tiempo estamos viviendo; la manifestación del anticristo, el hombre de pecado, el hijo de perdición; y la venida de Jesús. ¿Quién trae la persecución? ¿Quién trae la tribulación? El anticristo.
El arrebatamiento ocurre en la venida del Señor, no antes
Alguien podría decir: «Hermano, usted está obviando que la iglesia va a ser arrebatada; por eso afirma que pasará por la tribulación; usted está ignorando el arrebatamiento». Veamos, entonces, qué dice la Palabra. Volvamos a Segunda de Tesalonicenses 2:1: «en cuanto a la venida de nuestro Señor Jesús el Cristo, y nuestro recogimiento a Él». El levantamiento de la iglesia ocurre en el momento en que Cristo viene por segunda vez. La iglesia no es arrebatada antes de la venida de Jesús. Esa es una doctrina falsa y apóstata que se ha establecido y que, lamentablemente, todavía tienen muchas personas con conocimiento. Lo repito: hay muchas personas con conocimiento que todavía caminan bajo esa doctrina, y hay muchos cantos que hablan de que la iglesia será arrebatada antes. Pero no está establecido así en la Palabra.
Veamos un segundo texto. Volvamos a Mateo 24 y leamos del versículo 29 al 31, atendiendo al orden:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:29-31)
¿Se da cuenta? El levantamiento de la iglesia es en la venida de Jesús, no antes. Ahí lo dice claramente. Pasemos a un tercer texto, Primera de Tesalonicenses 4:13-17:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron; porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:13-17)
Todos los textos —y leeremos más a medida que desarrollemos el tema— muestran que la iglesia es levantada, sí, pero no antes de la venida de Jesús: es levantada en la venida de Jesús. Por eso hay muchas personas que admiten que habrá tribulación, pero sostienen que la iglesia será levantada antes, en un prearrebatamiento. Entonces cabe preguntar: ¿de qué sirve que haya una tribulación si la iglesia no va a pasar por ella? Lo que aquí estamos viendo es que la iglesia sí va a pasar por una tribulación, y que la iglesia no se está preparando ahora.
Más de alguno podría decir: «Bueno, pero para eso pueden faltar unos setenta años, y seguramente para entonces yo ya no estaré». Tengo que decirle, hermano, que estamos mucho más cerca de la venida de Jesús de lo que nosotros mismos podemos pensar.
La preservación de Dios y el peligro de la negligencia
Dice la Palabra en Segunda de Timoteo 4:18:
“Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A Él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4:18)
Eso es lo que va a ocurrir en la tribulación: el Señor nos va a preservar. Pero —y esto es muy importante— siempre y cuando nos preparemos. Existe la promesa y existe la disposición de Dios; sin embargo, si un hombre de Dios o una mujer de Dios no se prepara, esa Palabra no cubre al negligente. Lo repito: esa Palabra, y todas las promesas que encontramos en la Sagrada Escritura, no cubren al negligente.
Lo vemos en Mateo 25, en la parábola de los talentos. A uno se le entregaron cinco, a otro dos, a otro uno. El de uno era igual al de dos y al de cinco, pero fue su negligencia lo que lo sacó del panorama. Sí hay provisión de Dios, porque lo que va a suceder es lo que vimos en el caso de Felipe: cuando le predicó al eunuco y lo bautizó, dice la Palabra que el Espíritu arrebató a Felipe. No es que Felipe se fue; es que el Espíritu lo tomó y lo hizo aparecer en otro lugar, varios kilómetros más al norte de donde estaba. Esa es la obra que se repetirá en esta segunda venida de Jesús. Pero no cubre al negligente: no cubre al que no se quiere preparar, no cubre al que no quiere desarraigarse de toda inmundicia, no cubre a todo aquel que, entendiendo que debe soltar toda iniquidad, persiste en ella.
¿En qué momento estamos? El principio de dolores
¿En qué punto nos encontramos? Vayamos a Marcos 13:8:
“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos. Principio de dolores son estos” (Marcos 13:8)
Esta es la parte que quiero enfatizar y, sobre todo, que quiero que se entienda, porque muchas veces leemos pero no entendemos ni queremos entender. ¿Qué es «principio de dolores»? Planteo la pregunta de otra manera: ¿en qué momento tiene dolores la mujer encinta? Justamente antes de dar a luz, en el momento del parto. ¿Qué nos dice, entonces, este versículo? Que todo esto —y ustedes coinciden conmigo en que ya estamos viviendo estos tiempos: nación contra nación, reino contra reino, terremotos, hambres, alborotos— es principio de dolores. Y si son principios de dolores, ¿quién es el que va a nacer? Justamente el anticristo. Eso es lo próximo que va a surgir.
El anticristo ya está, pero todavía no se ha manifestado. Es decir, ya está, y de seguro hay gente que interactúa con él. Claro, no tiene un título que diga «Yo soy el anticristo», ni nadie lo va a ver como tal. Se lo podrá ver como un político, como un economista, incluso como un filósofo, o como alguien que está descollando como empresario. No vayamos a creer que vendrá con un título grotesco. Ya está; lo que ocurre es que en su gestión todavía no se ha manifestado.
Vayamos ahora a Apocalipsis 6:1-2:
“Y vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir, como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer” (Apocalipsis 6:1-2)
El sello número uno, el que acabamos de leer, representa al anticristo. Seguramente usted ha oído a gente decir que ya estamos viviendo en el sello número dos, o en el número tres. Hermano, los sellos todavía no se han develado. El primer sello es el anticristo; es cuando el anticristo se establece ya como líder sobre la región en la cual se ha de manifestar. Por eso Marcos 13:8 es tan importante: principio de dolores. El anticristo está por ser dado a luz, por ser develado, por ser manifestado, por aparecer.
Por eso decía que debemos descartar esa idea que algunos podríamos tener: «Seguramente cuando eso suceda yo ya no estaré». Tenemos que descartarla, porque las ideas abrazadas conducen a la persona al engaño y la hacen vivir en engaño. Doy gracias al Señor porque nos preparó enseñándonos acerca de la mentira y el engaño, para que podamos entender lo grave que es no desechar las ideas por las cuales hemos caminado. Y de nuevo, hermanos, hablo de hombres y mujeres de Dios; no hablo del mundo ni de gente que no ha confesado a Jesús. Hablo de pastores, de ministros, de hombres fieles dentro de una congregación, de hombres y mujeres que están diezmando, que están ofrendando, que están sirviendo al Señor. No vayamos a pensar: «Esa palabra no es para mí; es para otras personas». Si abrazamos una mentira, si abrazamos una idea y no la queremos desechar, esa mentira nos hará caminar en engaño y nos llevará a la destrucción.
El caballo blanco: paz, seguridad y falso avivamiento
¿Qué representa el caballo blanco? Representa paz y seguridad. Y entonces alguien dirá: «Pero a mí me dijeron que vendría persecución, y ha resultado ser todo lo contrario». Le voy a decir algo, hermano: hay muchas iglesias que están clamando por un avivamiento, y están pidiendo mal. ¿Sabe usted que en este tiempo de paz y seguridad las iglesias van a prosperar? En esta primera etapa del anticristo —porque tiene dos etapas— habrá mucho florecimiento dentro de las iglesias, pero no viene de parte de Dios. Es precisamente para que se sedimenten, para que crean a la mentira, para que crean a la operación de error. Y entonces, inmediatamente, viene la persecución, y no van a poder resolver. Este primer tiempo será, pues, un tiempo de confusión.
¿Cómo nos preparamos?
La pregunta natural es cómo se prepara uno. No lo digo religiosamente, como muchas veces se presenta: «Tienes que orar más veces cada día; tienes que ayunar». No estoy diciendo que no se deba hacer, pero la religión ha cifrado en esas cosas la preparación para la venida de Jesús. La preparación tiene que ver, hermanos, con descartar las ideas por las cuales hemos caminado durante años, por muchos años. Veamos algunos elementos concretos.
Limpiarnos de toda contaminación
Un hombre de Dios no puede caminar contaminado; una mujer de Dios no puede caminar contaminada. Y no hablo de pecados morales. Alguien dirá: «Yo me he mantenido santo; yo me he mantenido santa; no he incurrido en fornicación ni en nada de eso». Está bien. Pero una idea que uno abrace y que no viene de parte de Dios nos puede llevar al engaño y hacernos errar el camino. Recordemos lo que dice Segunda de Corintios:
“Salid, pues, de en medio de ellos, pueblo mío, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis hijos, dice el Señor” (2 Corintios 6:17-18)
¿De qué limpieza nos habla el Señor? Jesús dijo que si no se nace del agua y del Espíritu no se entra al reino de los cielos (Juan 3:5), y nacer del agua tiene que ver con limpieza, con purificación. Tenemos que purificarnos. Hay muchos sentimientos y muchos pensamientos que no caben en un hombre de Dios ni en una mujer de Dios, porque nos hacen caminar en mentira y en engaño, y nos hacen vernos como si todos nos persiguieran, como si todos nos buscaran para hacernos mal, precisamente por las ideas que hemos abrazado.
No hacer pactos, uniones ni vínculos con el mundo
No podemos establecer uniones, vínculos ni pactos con nadie. Léase Segunda de Corintios 6 desde el versículo 12: «¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?» (2 Corintios 6:14). ¿Sabe usted lo que está pasando en Venezuela? ¿Por qué esa situación que no se puede romper? ¿Sabe qué fue? La iglesia hizo pacto con el gobernante justamente antes de que fuera removido. Salieron muchos videos en los que se veía a la iglesia orando y certificando a esa persona, al gobernante, y salió un decreto de parte de él; me parece que fue el último decreto. Los pactos que se hacen con el mundo, hermanos, son lo más grave que puede afectar a un hombre de Dios. Está escrito en la Palabra del Señor, pero muchos no lo queremos ver.
Buscar la relación con el Espíritu Santo
¿Cómo se logra esto? Es elemental. Jesús estableció que tomaría de lo suyo y enviaría al Consolador. Y sin embargo la gente busca relación con el mundo, la iglesia quiere relación con el mundo y no busca relación con el Espíritu Santo, con el Consolador; amaron más las cosas del mundo que las cosas de Dios. ¿Qué significa eso? Que si usted no tiene el Espíritu Santo de Dios, si no es guiado por Él, va a terminar guiado por el espíritu de error. Eso es inevitable. El Espíritu Santo nos guía a toda la verdad. Pero cuando tenemos la concupiscencia y los deseos de un lado, y el Espíritu Santo nos lleva por otro, y nosotros no queremos porque tenemos concupiscencia, la contaminación no nos deja ser guiados por el Espíritu Santo.
Cuando Jesús mueve una mano, se supone que todos la estemos moviendo a la vez, no importa el país ni el lugar donde estemos, porque somos iglesia y estamos en el cuerpo de Cristo. Cuando Jesús mueve una mano, la iglesia camina hacia donde el Señor Jesús dice. Pero ¿qué sucede cuando tenemos concupiscencia? Queremos seguir lo que nosotros queremos. Hay personas que quieren ser reconocidas: «Aquí nadie me ve; aquí no puedo exponerme como yo quiero exponerme». Esa es la concupiscencia, y si no se trabaja, no se podrá trabajar para Jesús ni hacer lo que Él quiere que hagamos. Hay otras personas que quieren tener dones particulares, y si Dios no les entrega ese don, siguen buscándolo. Pero el Espíritu Santo reparte según el llamado de cada persona. Pablo dice que se pida, y eso no significa que el Espíritu Santo esté obligado; si procuramos los dones y Él los da, qué bueno, porque estamos listos para lo que Dios quiere hacer. Pero ¿para qué queremos dones espirituales si ni estamos listos para aquello a lo que Dios nos está llamando, ni lo queremos hacer, porque tenemos nuestro propio modelo y vamos tras él? Hasta que no nos sometamos bajo la poderosa mano de Dios, nuestros ojos no serán abiertos para ver el reino de los cielos entre nosotros.
Cuando miré hacia atrás y vi a mi madre siendo rescatada por el Señor, entendí que Dios me permitía ver Su rescate sobre ella: el reino de los cielos está entre nosotros. No era algo que yo me estuviera imaginando ni creyendo por no querer pensar que mi madre se hubiera ido al infierno. Y si se trata de un familiar mío al que el Señor mande al infierno, así de sencillo, yo no voy a pelear con Dios. Por eso la Palabra dice que quien no ame a Dios sea anatema (1 Corintios 16:22). Yo no me quedo en que alguien se pierde; le digo: «Señor, dime qué voy a hacer aquí para saber cuál es mi posición». Porque si yo quiero ocupar la posición del Espíritu Santo, o una posición que no me corresponde, voy a dañar la obra de Dios. Si mi posición es quedarme callada en una esquina, es quedarme callada. Tenemos que aceptar la posición que Dios nos pone en cada momento. Hay personas que quieren ser mayores de lo que Dios les está entregando y empiezan a multiplicar algo que no deben multiplicar. Pero cuando Dios te va a usar, te usa, y punto. Sencillo.
Cuando Jesús preparó a sus discípulos, los preparó caminando con ellos. Entraba al templo a predicar y enseñar a los escribas y fariseos, porque eran su pueblo; pero salía de allí y seguía enseñando a sus discípulos acerca del reino de los cielos. No fue dentro del templo donde Dios le enseñó sobre el reino de los cielos, ni lo hizo con todo el mundo. Tenemos que entender cómo trabaja Dios: Él trabaja en la persona, no importa dónde esté ni cuál sea su escenario. Si Dios levanta una congregación para trabajarla en un lugar particular, en un templo, la trabaja ahí; eso está bien, y también lo hace. Pero si escogió a alguien para sacarlo de lo tradicional y esa persona se sigue resistiendo y queriendo levantar una obra tradicional que Dios ya no está levantando, se va a cansar, se va a frustrar, porque eso no es lo que Dios está haciendo en este momento. No fue lo que lo llamó; pero, como no sabe hacer otra cosa que seguir modelos viejos, dirá: «Dios me llamó a pastorear y no veo ni una oveja», y hará esto y aquello con mucha imaginación y sin instrucción de Dios. Hay que seguir literalmente la instrucción de Dios. Si no se sigue, llegará un momento en que la ola de la apostasía nos arrastrará. El fundamento es la dirección del Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no vamos a poder pasar esta tribulación, y no debemos imaginarnos que «Dios me dijo» o que «esto es lo que Dios quiere que yo haga» si el Espíritu Santo no está en ello.
Discernir los modelos que engañan: dominador contra dominador
Les voy a decir algo más: ya hay modelos que se están dando, que se están viendo, que están engañando a muchos, que parecen venir de Dios y no vienen de Dios. Están estableciendo paz, están estableciendo unidad, y parece que vienen contra Satanás, pero no es que vengan contra Satanás: viene dominador contra dominador. ¿Qué significa esto? Que hay un ente espiritual, una deidad espiritual potente, y quiere entrar otra más potente, y entonces comienzan a pelear entre sí. Y hay uno que parece que viene del cielo, vestido de blanco, y viene el otro vestido de negro, por poner un ejemplo, y entonces dicen que el de blanco viene de parte de Dios. No se dan cuenta de que es dominador contra dominador: ninguno viene de Dios; vienen a cumplir la profecía que está en la Palabra.
No se engañe, porque engañarán aun a los escogidos. Observe lo que está pasando y no se mueva de su sitio pensando que este líder está con Dios y aquel no. Bíblicamente, no es el tiempo de eso: es tiempo de apostasía y es tiempo de que se prepare la mesa al anticristo. Esto quiere decir que todos los líderes de las naciones están preparando la mesa al anticristo. No podemos decir que este líder viene de parte de Dios por lo que está haciendo; esto es dominador contra dominador, tomando territorio. Quien va a establecer la justicia es la iglesia. Los escogidos, los llamados, son los que van a establecer la presencia de Dios. Los líderes de las naciones no la establecerán; lo que van a establecer es la antesala para el anticristo.
Poner límite al uso del celular y de las redes sociales
Otro elemento que debemos tener en cuenta como preparación, y es muy importante aunque muchas veces no se le vea la sabiduría —y seguramente más de alguno objetará cuando lo diga—, es el uso excesivo del celular y de los aparatos electrónicos, pero sobre todo del celular. No me refiero a su uso en general, pues usted se ha dado cuenta de que lo utilizamos mucho para buscar información y para otras tareas; no estoy diciendo que arroje su celular. Me refiero a pasar horas y horas escudriñando páginas sociales, e incluso publicando en ellas. Aun eso exige mucho cuidado, hermano. ¿Sabe por qué? Porque cuando lleguemos en Apocalipsis al pasaje sobre el sello de la bestia, veremos que está basado, está fundamentado, en el celular, tal como lo está escuchando; está fundamentado en la operación del celular. De hecho, hace algunos años el Señor me llevó a entender cómo opera el sistema celular, y usted se sorprendería —puede investigarlo—: el sistema celular utiliza, para operar, precisamente 666 células.
La plataforma del anticristo ya está. Muchos están esperando que sea un chip que les vayan a injertar en la mano o en la frente, y esperan eso, pero la plataforma ya está. ¿No ha visto usted que por el celular se puede pagar? ¿No ha visto que no solamente se puede llamar, sino comprar boletos y descargar los pases de abordar del avión, que ya no necesitamos imprimir, porque usted tiene el pase en el celular y lo escanea? Usted tiene sus documentos de identificación y su licencia en el celular. Lo tiene todo en el celular. Este es el sistema operativo del anticristo. No caminemos, entonces, con una idea arcaica y religiosa en el sentido de que, si me quieren injertar un chip en la mano, les diré que no. No espere eso, hermano, porque el sistema operativo ya está funcionando y muchos de nosotros estamos caminando con él.
Como se ve, la preparación para este tiempo no es como la hemos visto muchas veces, de manera religiosa, sino que se da en un ambiente tan normal y tan rutinario como el que ya estamos viviendo. Pero muchos hombres y muchas mujeres de Dios no le han puesto límite a su actividad ante el mundo.
No necesitar entretenimiento
Junto con las páginas sociales están, por supuesto, los elementos de entretenimiento, también presentes en el uso del celular. Si una persona necesita entretenerse, buscar entretenimiento para pasar sus días y sus horas, está caminando mal. Un hombre de Dios y una mujer de Dios no necesitamos entretenimiento, hermanos, y esto es muy importante que lo entendamos. No hablo de ver cosas vulgares, obscenas o perversas; pueden ser cosas sencillas y rutinarias. Pero si necesitamos cosas de entretenimiento, algo está caminando mal en nuestra vida de fe, y por lo tanto tenemos que revisar nuestras vidas. Este es un tiempo de preparación, hermanos. El hombre de Dios que no se prepare no podrá resistir; la mujer de Dios que no se prepare no podrá resistir, ni siquiera podrá entrar, y lo veremos, porque está establecido en la Palabra.
Temor de Dios y rechazo de la desidia
Mateo 24 lo dice: dos mujeres estarán moliendo en un molino, y la una será tomada y la otra dejada; dos estarán acostados en una misma cama, y el uno será tomado y el otro dejado (Mateo 24:40-41). Es necesario, pues, que cada uno de nosotros tome conciencia y, sobre todas las cosas, tenga temor de Dios, porque sin temor de Dios, aunque tengamos conciencia, no vamos a caminar.
Se mencionó una palabra: desidia. Tiene que ver con pereza; no es solamente negligencia, sino también inercia, la condición de una persona inerte, que no se mueve. Así lo dice la Palabra:
“Por cuanto no eres frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16)
Dentro de esa palabra está inmersa la idea de la pereza: el que no actúa por pereza.
Conclusión
Hemos visto, en este primer acercamiento al tema de la segunda venida de Jesús el Cristo, todos los elementos que se desarrollarán justamente antes de ella. Todavía no hemos entrado a la segunda venida como tal. Comenzamos con Segunda de Tesalonicenses 2: la apostasía; el hombre de pecado, el hijo de perdición, el anticristo; y luego la venida de Jesús. Ese orden no se altera. De él se desprende que la iglesia pasará por la tribulación, que será levantada en la venida del Señor y no antes, y que la promesa de preservación de Dios no cubre al negligente.
Por eso este es un tiempo de preparación, y una preparación que se juega en lo cotidiano: descartar las ideas abrazadas durante años, limpiarnos de toda contaminación, no hacer pactos con el mundo, ser guiados por el Espíritu Santo y no por nuestra concupiscencia, discernir los modelos que engañan, poner límite al celular y a las redes y renunciar a la necesidad de entretenimiento. Y todo ello en el temor de Dios, entendiendo que si Él nos llamó, nos convocó y nos estableció en este tiempo de apertura, debemos ser sabios para redimir nuestros días.
Elevemos, entonces, esta oración: Señor, te damos gracias por el tiempo que nos has entregado, porque esto es apertura desde el trono de tu gracia. No estamos aquí porque haya nacido en nosotros; estamos aquí porque Tú nos convocaste, oh Dios, no por la buena intención de cada uno de nosotros, sino porque nos llamaste, nos trajiste y nos has hecho sentar en este tiempo de revelación. Concédenos, Padre, caminar en temor de Dios; que seamos sabios para redimir nuestros días y establecer tu voluntad en cada una de nuestras vidas. En el nombre de Jesús, danos corazón, Señor, para entender tu Palabra y para caminar por ella. Amén.
Preguntas de repaso
- ¿Qué diferencia establece la enseñanza entre conocer y entender, y de qué manera puede un creyente tener mucho conocimiento y aun así perderse?
- A partir de Segunda de Tesalonicenses 2:1-3, ¿cuál es el orden de los tres eventos que preceden y acompañan la segunda venida, y qué implica ese orden para la iglesia con respecto a la tribulación y al arrebatamiento?
- De los elementos de preparación presentados —descartar ideas abrazadas, limpiarnos de la contaminación, no hacer pactos con el mundo, depender del Espíritu Santo, poner límite al celular y al entretenimiento, y vivir en temor de Dios—, ¿cuál necesita usted revisar con mayor urgencia en su vida, y qué pasos concretos dará?
