La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, al Creador del cielo y de la tierra, por la oportunidad que nos permite en Su gracia y en Su misericordia para exponernos ante Su palabra, recibir instrucción y corrección, y exponernos ante el poder de Su Santo Espíritu.
Introducción: Los Juicios de Dios como Doctrina
Lo primero que debemos establecer es que los juicios de Dios son un tema doctrinal del evangelio del Reino de los cielos. Erróneamente, hay quienes creen que la forma en que Dios trata al pueblo de Israel en los relatos del Antiguo Testamento es exclusiva para ellos, y que no necesariamente aplica a nuestras vidas. Este es un concepto equivocado.
Los juicios de Dios no son un tema que atañe exclusivamente al pueblo de Israel, sino que representan precisamente la forma como Dios trata a los hombres y mujeres en términos generales.
Palabras de Jesús sobre el Juicio
En el evangelio de Juan, capítulo 9, versículo 39, Jesús declara:
«Yo para juicio he venido a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.»
Estas palabras son cruciales para nuestra comprensión. No podemos creer que esta es una forma exclusiva de Dios para tratar con Israel. Es la forma que Dios ha establecido dentro del evangelio del Reino de los cielos para relacionarse directamente con hombres y mujeres en términos generales.
Esto ha sido así desde que el hombre fue establecido sobre la faz de la tierra. Lo vemos claramente desde el libro de Génesis hasta el libro de Apocalipsis. Es importante entender esta verdad, porque ignorarla evita que podamos crecer en gracia y sabiduría delante de la presencia del Señor.
El Testimonio del Apóstol Pablo
En Romanos capítulo 2, versículos 2 y 3, el apóstol Pablo escribe:
«Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?»
Pablo, por el Espíritu de Dios, establece claramente que los juicios de Dios son el trato que Dios ha establecido con hombres y mujeres de todas las edades, regiones y tiempos. Esto aplica tanto a quienes creen como a quienes no creen en Él, porque Dios no hace acepción de personas.
El Propósito de los Juicios: El Arrepentimiento
En términos generales, los juicios de Dios tienen como propósito establecer o llevar al hombre al arrepentimiento delante de Dios. Este es el objetivo primordial.
En la primera epístola de Pedro, capítulo 4, versículo 17, leemos:
«Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?»
Esta verdad también la encontramos en el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Ezequiel. Es tiempo de que el juicio comience primero en la casa de Dios.
El Evangelio desde la Fundación del Mundo
Cuando hablamos del evangelio del Reino de los cielos, no nos referimos únicamente a algo que comenzó hace 2000 años. El evangelio existe desde la fundación del mundo, desde que el hombre fue formado, creado y puesto en el huerto del Edén. El apóstol Pablo, por el Espíritu de Dios, afirma que Dios evangelizó a Abraham.
Por tanto, cuando definimos que los juicios de Dios son un tema doctrinal del evangelio del Reino de los cielos, no debemos pensar que comenzó hace 2000 años cuando se empezó a predicar el mensaje del evangelio tal como lo conocemos. El evangelio, según establecen las Sagradas Escrituras, existe desde que el hombre fue colocado en el huerto del Edén.
La Importancia de Entender los Juicios
No podemos obviar este tema ni decir que no nos aplica, que no es para nosotros, que era para el tiempo antiguo o para el pueblo de Israel. Si lo hacemos, estaríamos cercenando el evangelio del Reino de los cielos y no permitiendo que la obra del Espíritu Santo llegue a cada una de nuestras vidas.
Debemos entender los juicios de Dios porque todos, sin excepción, pasamos por ellos en más de una ocasión. Primera de Pedro 4:17 lo dice claramente: es necesario que el juicio comience primero por la casa de Dios.
El Juicio Comienza por la Casa de Dios
Cada vez que Dios envía un juicio sobre una región, un país, una generación, una familia o una persona, no llega directamente a quien está dirigido, sino que comienza primero por la casa de Dios. Esta es la justicia de Dios. Recordemos que Dios no hace acepción de personas, por lo tanto, hace que todos podamos pasar por los juicios de Dios. A quienes les aplica tendrá un efecto inmediato, y aquellos a quienes no les aplica pasarán sin complicación.
Los Juicios No Son Solo Castigos
Una de las razones por las que muchos hacen a un lado los juicios de Dios es porque los ven únicamente como castigos. Es cierto que la palabra del Señor dice que Dios, al que ama, castiga. Esta verdad aplica tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento.
Sin embargo, los juicios no son solamente castigos por algo malo que se hizo, dijo, pensó o en lo que se incurrió. Los juicios de Dios tienen un propósito correctivo. El objetivo es llevar a las personas al arrepentimiento.
Lamentablemente, hay muchas personas que si no es por los procesos de los juicios de Dios, no pueden acercarse a la presencia del Señor.
El Ejemplo de Caín
En el libro de Génesis, capítulo 4, vemos que Dios trató de corregir a Caín, pero Caín no se dejó corregir. Caín prefirió salir de delante de la presencia del Señor y ubicarse en una tierra extraña antes que someterse a los juicios de Dios.
Los Juicios Se Incrementan Si No Son Atendidos
Algo crucial que debemos entender es que si la persona no atiende los juicios de Dios, estos no desaparecen. Se complican, se incrementan, se multiplican y son cada vez más fuertes.
El Testimonio de Levítico 26
En Levítico capítulo 26, Dios establece claramente este principio. El versículo 15 dice:
«Y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.»
El versículo 18 continúa:
«Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados.»
El versículo 21 añade:
«Si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.»
El versículo 23 es especialmente revelador:
«Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduviereis conmigo en oposición, yo también procederé en oposición con vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados.»
Aquí está claramente expresado el propósito de los juicios de Dios: la corrección. Si con todas estas cosas no procedemos al arrepentimiento, sino que insistimos en seguir haciendo lo que va en contra de la voluntad de Dios, el juicio se incrementa siete veces más.
El versículo 27 continúa:
«Y si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición, yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados.»
El pasaje termina en el versículo 36:
«Y a los que quedaren de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como se huye de la espada, y caerán sin que nadie los persiga.»
Un Formato Universal, No Solo Historia
Este pasaje no está describiendo únicamente la conducta del pueblo de Israel. Este es el problema que muchos tenemos cuando entramos a las páginas del Antiguo Testamento: creemos que estamos leyendo relatos históricos sobre la conducta de un pueblo.
Lo que el Señor está estableciendo aquí es el formato de cómo Dios actúa ante cualquier hombre, ante cualquier mujer que, siendo visitado por Él y llevado a corrección, no atiende la voz de Dios.
Dios No Quiere la Muerte del Impío
En el libro del profeta Ezequiel, capítulo 33, versículo 11, leemos:
«Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.»
Esta misma palabra está escrita también en Ezequiel capítulo 18. Alguien podría decir: «Pero eso es del Antiguo Testamento». Sin embargo, este es el mensaje de la palabra de Dios tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
En la segunda epístola de Pedro, capítulo 3, versículo 9, dice:
«El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.»
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se establece cuál es la intención y el propósito de Dios: Dios no quiere que nadie se pierda. La palabra «nadie» incluye a la totalidad de los hombres y las mujeres. Incluye a todos.
¿Por Qué Algunos Se Pierden?
Algunos se pierden porque no se sujetan a la corrección de Dios. Cuando algunas personas pasan por procesos de juicio, lamentablemente, como en el caso de Caín, en lugar de humillarse y venir delante de la presencia del Señor, se resienten con Dios, se enojan con Él y se alejan todavía más de lo que estaban al principio.
El Peligro del Desconocimiento
El tema de los juicios de Dios es doctrinal en el evangelio del Reino de los cielos. Tenemos que conocerlo porque muchas veces podríamos haber pasado por un juicio de Dios sin saberlo, e incurrir lamentablemente en una actitud equivocada: «Esto viene del diablo, el diablo me está atacando, el diablo me está oprimiendo, el diablo ha venido para destruirme».
Y así terminamos reprendiendo cuando en realidad deberíamos decir: «Señor, Tú me estás visitando, Tú me estás hablando, pero yo he actuado con rebeldía, he actuado con rebelión delante de Tu presencia».
Si el hombre y la mujer no procedemos al arrepentimiento, no hay cambios en nuestras vidas. La palabra dice claramente en Levítico 26 que Dios incrementa en siete tantos la dureza del juicio, dándole oportunidad al hombre y a la mujer para que haya arrepentimiento.
Cuando la Ignorancia Lleva a la Desgracia
Esta es la razón por la que hay muchas personas, muchos hombres y mujeres que han caído en procesos de desgracia: han actuado con rebeldía, con rebelión, con resentimiento, y en lugar de humillarse, se han resistido a la voz de Dios.
Es importante conocer acerca de los juicios de Dios porque el desconocimiento nos está llevando a actos de rebeldía, a actos de rebelión, a actos en contra de Dios, creyendo lamentablemente que es Satanás quien nos está oprimiendo.
El Evangelio Incompleto de Nuestra Época
Debo decirlo: lamentablemente, en el tiempo contemporáneo se presenta un evangelio solo de bendición, un evangelio solo de prosperidad, un evangelio solo de buenas cosas, de buenas dádivas, de todo lo que es agradable y bueno. Hemos creído que eso es únicamente el evangelio.
El evangelio presenta el tema de los juicios de Dios precisamente para establecer la visitación de Dios, para que el hombre proceda a cambio, para que la mujer proceda a cambio.
El Bautismo con Espíritu Santo y Fuego
Cuando Juan el Bautista presentó a Jesús el día que llegó a él para ser bautizado en agua, Juan dijo algo importante. Muchos en la actualidad lo hemos identificado más bien como parte del bautismo con el Espíritu Santo.
Juan el Bautista dijo:
«Viene tras de mí uno que es más poderoso que yo, Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
Muchos identificamos el fuego precisamente como parte del bautismo con el Espíritu Santo. En el capítulo 2 de Hechos de los Apóstoles leemos que cuando los discípulos estaban reunidos en el aposento alto, se posaron sobre ellos lenguas como de fuego. Entonces hemos creído parcialmente que el fuego se refiere al bautismo con el Espíritu Santo.
Dos Bautismos Diferentes
Cuando Juan el Bautista dijo que seríamos bautizados con Espíritu Santo y con fuego, se estaba refiriendo a dos tipos de bautismo completamente diferentes:
- Bautismo con el Espíritu Santo: Como se presenta en Hechos de los Apóstoles capítulo 2. Jesús lo definió como «la promesa».
- Bautismo con fuego: Tiene que ver precisamente con el tema de los juicios de Dios.
En el Antiguo Testamento hay dos formas de purificar, dos formas de probar: una por agua y otra por fuego. Cuando Juan el Bautista decía «Él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego», estaba hablando del tema de los juicios de Dios, donde la persona es sometida a fuego con el propósito de purificar, de corregir, de que proceda al arrepentimiento.
El apóstol Pedro claramente dice:
«No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido.»
Ellos entendieron que los juicios de Dios son parte de la doctrina del evangelio del Reino de los cielos. Lamentablemente, en muchos de nuestros círculos creyentes esto se mira como: «No, eso ya no es para nosotros. El Señor lo que tiene para ti son bendiciones, lo único que tiene son promesas para ti». Y así nos perdemos de una parte muy importante del evangelio del Reino de los cielos.
Los Juicios para el Hombre y la Mujer de Fe
Habiendo entendido esto, quiero explicar ahora por qué vienen los juicios de Dios específicamente para el hombre de fe, para la mujer de fe. Hay razones particulares y específicas.
Ya dije que en términos generales, los juicios no son solamente para el pueblo creyente, sino para todos los hombres y mujeres. El propósito de Dios en términos generales es llevar al arrepentimiento a la persona. Dios trae juicios sobre naciones, familias y personas, ya sea individual o colectivo, con el propósito de que se arrepientan.
Razón Específica: Elementos Almáticos
Veamos ahora más específicamente: ¿Por qué Dios introduce en juicios a un hombre de Dios, a una mujer de Dios? Cualquiera podría decir: «Porque de seguro pecaron». No necesariamente.
Los juicios vienen porque el hombre de Dios, porque la mujer de Dios insiste en mantener elementos del alma que le impiden someterse al señorío de Cristo Jesús.
Hay hombres y mujeres que, aunque han reconocido a Jesús como su Señor, están caminando bajo elementos almáticos. Hay elementos en su alma que no han querido entregar, que no han querido ceder. Entonces Dios introduce a ese hombre, a esa mujer en juicio para que ello sea quitado, sea quemado, sea retirado.
Un hombre de Dios, una mujer de Dios no puede caminar con elementos almáticos.
El Testimonio de Gálatas 2:20
En Gálatas capítulo 2, versículo 20, el apóstol por el Espíritu de Dios dice:
«Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.»
Ese es un hombre espiritual, esa es una mujer espiritual: «Ya no vivo yo, Cristo vive en mí».
Pero ¿qué sucede en la realidad? Hay hombres que creen: «Sí, yo he creído en Cristo Jesús, Él es mi Salvador, mi sustentador, mi fortaleza», pero están caminando con elementos almáticos.
Dios les dice: «Entrega tal práctica, entrega tal amistad, entrega tal situación». Inclusive puede decir: «Entrega a la persona alrededor de quien tú estás girando, porque en lugar de escuchar la voz de Dios, estás escuchando la voz de esa persona».
Hay algo que Dios está demandando y la persona dice: «No la puedo entregar, no la quiero entregar». ¿Qué sucede entonces? Dios somete a aquella persona, aquel hombre, aquella mujer a procesos de juicio para quitarle ese elemento.
Ejemplos Bíblicos
La Viña del Señor (Isaías 5:1-7)
En el libro del profeta Isaías, capítulo 5, versículos 1 al 7, leemos:
«Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel.»
Está hablando de personas. Está presentando el cuadro de una viña, pero claramente está representando a personas. Esta es la forma como Dios ha trabajado con hombres, mujeres, familias, congregaciones y países.
Dios ha visitado, pero hay personas que no han podido ver lo que Dios ha hecho, no han podido ver la gracia de Dios.
El Testimonio de Pablo
El apóstol Pablo dice:
«Habiendo sido yo blasfemo y perseguidor de la iglesia…»
Él reconocía lo que había sido. Cuando Pablo habla de que había sido blasfemo, entendía como fariseo que era que la pena que venía sobre él era muerte, porque claramente en el Antiguo Testamento dice: «El blasfemo no vivirá».
Pablo entendía que su acción, su actitud, su comportamiento era digno de muerte, pero él dice:
«El Señor tuvo misericordia de mí, y me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio.»
Cuando No Se Ve la Gracia
¿Pero qué pasa con hombres que son visitados de Dios? ¿Qué pasa con mujeres que son visitadas por Dios? No pueden ver la gracia de Dios, sino que ven en la gracia un libertinaje.
Se acercan a cosas que no deberían haberse acercado, adoptan actitudes que nunca debieron haber adoptado, practican cosas que nunca debieron haber practicado, asumen pensamientos y actitudes que nunca debieron haber asumido.
¿Qué pasa entonces? No le han rendido completamente su vida al Señor.
Isaías 5:16
El versículo 16 del mismo capítulo dice:
«Pero Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia.»
Cuando un hombre de Dios, cuando una mujer de Dios no quiere despojarse de cuestiones del alma, no quiere despojarse de cosas que alimentan el alma, la carne, el pensamiento, la vida mundana, Dios los mete en juicio.
No es el enemigo que vino para atacar, no es el enemigo que vino para presionar. Eso no es un ataque del diablo, sino un juicio de Dios. Por desconocer esto, las personas no pueden decir: «Señor, ahora entiendo, Tú me estás corrigiendo, Tú me estás demandando que te entregue la práctica que estoy haciendo, que no debería; que te entregue mi pensamiento, mi sentimiento, mi postura, mi posición, mis intenciones».
No lo pueden ver. Como vimos en Levítico 26, lamentablemente hay hombres y mujeres que en lugar de renunciar, cambian la forma de actuar, cambian la forma de seguir practicando las cosas. Entonces Dios aumenta siete veces más la dureza del juicio.
Pesados en Balanza (Daniel 5:25-30)
En el libro de Daniel, capítulo 5, versículos 25 al 30, encontramos un pasaje bastante conocido:
«Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.»
El versículo 30 añade:
«La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos.»
Quiero citar una vez más el versículo 27:
«TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.»
Esto aplica para todos. Dios de tiempo en tiempo pesa la vida del creyente, la vida del hombre de fe, la vida de la mujer de fe. Cuando somos hallados faltos —es decir, no tenemos el peso espiritual correspondiente a lo que somos o a lo que hemos aprendido— entonces Dios sujeta a la persona en juicio.
La Maldición de la Higuera (Marcos 11)
En Marcos capítulo 11 encontramos el relato de la maldición de la higuera. Jesús venía desde Betania, donde se hospedó la última semana porque allí vivían Lázaro, María y Marta. Todas las mañanas venía desde Betania hasta Jerusalén antes del desayuno, pasaba todo el día en Jerusalén en el templo, y por la tarde regresaba nuevamente a Betania.
Esa mañana Jesús viene para Jerusalén y se encuentra una higuera. Se acerca para ver si encontraba higos en ella. El texto dice que no encontró higos, sino hojas solamente. Pero el relato de Marcos nos dice algo que contrasta: «No era tiempo de higos».
La pregunta es: si no era tiempo de higos, ¿por qué Jesús maldijo la higuera? Pareciera haber cierta injusticia en la acción de Jesús.
El Significado de Betfagué
Lo que sucede es que después de Betania se encontraba una población llamada Betfagué, que era precisamente el lugar donde se encontraba la higuera. El significado de la palabra Betfagué es: «Beth» (lugar o casa) + «fagué» (higos) = Lugar de higos.
Entonces la higuera se encontraba en el lugar de higos. Ahora podemos entender por qué Jesús maldijo la higuera: estás en el lugar de higos, pero no tienes higos. Estás ocupando una posición, pero no estás haciendo honor al nombre del lugar donde estás.
Aplicación Espiritual
Hay hombres y mujeres que están en lugares de revelación, en lugares de visitación de Dios, pero muchos de ellos no están haciendo honor al nombre donde están ubicados.
¿Sabes qué es lo próximo que viene? Un juicio de parte de Dios. ¿Por qué? Porque habiendo recibido revelación, habiendo recibido visitación de parte de Dios, no te has movido conforme a ella, no estás actuando conforme a ella, no estás viviendo conforme a la revelación que Dios te ha entregado.
Estás viendo la revelación como un conocimiento: «Qué bien, qué bien que ahora yo sé esto, qué bien que ahora yo conozco esto». En realidad, si no lo trabajamos como revelación sino como conocimiento, lo próximo que vendrá es un juicio de parte de Dios.
¿Por qué? Porque no estamos caminando dándole honor a lo que Dios ha hecho con nosotros.
Prosperidad sin Honra
Dios nos ha visitado con prosperidad. ¿Estás dándole al Señor honra a través del fruto de tus bienes? ¿Recibes prosperidad, pero estás honrando al Señor y aportando para el Reino de los cielos?
Si la respuesta es no, ya sabes lo próximo que viene. ¿Por qué? Porque hay elementos en el alma que están gobernando todavía nuestras vidas. No estamos viviendo bajo el señorío de Cristo Jesús, no estamos caminando bajo la voluntad de Dios. El alma está gobernando en la vida del hombre, está gobernando en la vida de la mujer.
Esto no puede ser. Dios no tolera esto, Dios no permite esto. Por eso vienen los juicios de Dios. Y si el hombre no entiende, si la mujer no entiende, se resiste y es reacio a lo que Dios está demandando de él, Levítico 26 dice que se incrementa siete veces más.
Ahora entiendes por qué hay personas que lo han perdido todo. Lamentablemente lo han perdido todo porque no pudieron honrar al Señor con la prosperidad que Él les estaba dando, porque no pudieron honrar al Señor con la multiplicación que Él les estaba dando.
La Vida de Fe Verdadera
La vida de fe no es solamente estar o formar parte de una congregación. Esa no es la vida de fe. La vida de fe es caminar conforme el Señor nos está enseñando, conforme a la palabra del Señor. Lo otro podrá ser una vida religiosa, pero no necesariamente la vida de fe que el Señor está demandando.
La Plomada de Albañil (Amós 7:7-9)
En el libro de Amós, capítulo 7, versículos 7 al 9, leemos:
«Me enseñó así: He aquí, el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más.»
Este caso es muy grave. «No lo toleraré más» significa que ha habido reincidencia, reincidencia, reincidencia. Sabemos que no es lo que Dios demanda, sabemos que no es lo que Dios quiere, sabemos que no estamos actuando como Dios quiere, pero reincidimos.
«Nadie me ve, nadie me ve, por lo tanto yo lo puedo seguir haciendo.» Pero hay Uno que te ve. Hay Uno que nos ve.
Medidos con Plomada
«Yo puse ya plomada. Voy a medir la verticalidad de este muro» —estableciéndonos a nosotros—. «Voy a medir si estás actuando conforme a lo que te he enseñado. Te voy a medir si estás caminando conforme a lo que yo te dije de cómo debías caminar. No te toleraré una más.»
Estos casos son muy graves porque la persona cae en una situación gravísima. En algunos casos —debo decirlo, aunque a algunos no les parecerá— puede inclusive haber un proceso de muerte. Sí, así como lo oyes.
No nos gusta. ¿Por qué? Porque muchos de nosotros tenemos la idea de que Dios para nosotros es bendición, es prosperidad. «Dame más promesas, dame más beneficios, dame más prosperidad». Esa es la idea que muchos tenemos.
Pero debo decir que la palabra del Señor establece el fuego consumidor. «No te toleraré una más.» Hay personas que tienen que ser retiradas de la tierra, precisamente porque llegaron al colmo. Llegaron al límite de «no te toleraré una más».
Resumen: Primera Razón de los Juicios
Tenemos en estos ejemplos una razón del por qué vienen los juicios de Dios para un hombre de fe, para una mujer de fe, para un hombre de Dios, para una mujer de Dios: porque está caminando todavía con elementos almáticos.
Su alma está gobernando todavía. Está gobernando sus sentimientos. Actúa no por la convicción de la palabra, sino por lo que siente. Actúa por su pensamiento, actúa por su apreciación de las cosas, no por lo que la palabra del Señor establece.
Un hombre de fe, una mujer de fe no podemos caminar con el alma. Somos seres espirituales. Dios demanda que caminemos por el Espíritu de Dios. «Los que son guiados por el Espíritu de Dios», así está establecido en varios textos, particularmente del Nuevo Testamento.
Dios demanda que vivamos por el Espíritu:
«Si vivís por el Espíritu, andad también por el Espíritu.»
Pero muchos todavía viven según la carne. Todavía piensan: «Hay que recompensar el sacrificio de alguien» o «Hay que recompensar la pérdida por una desgracia. Ay, pobrecito de esta persona, pobrecita de esta persona».
Eso no aplica en el Reino de los cielos. No aplica en el Reino de los cielos. Pero hay personas que han optado por vivir bajo esa circunstancia.
Los juicios de Dios son para quitar esos elementos almáticos con los cuales hemos caminado.
Segunda Razón: No Establecer Justicia
Voy a otra explicación. ¿Por qué viene un juicio de Dios? Esta nos va a extrañar, porque muchas veces nosotros no establecemos justicia. Todo lo contrario: nos burlamos, nos mofamos y en algunos casos nos reímos de la desgracia de una persona.
El Testimonio de Abdías (Abdías 1:12-15)
En el libro del profeta Abdías, capítulo 1, versículos 12 al 15, leemos:
«Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen, ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia. Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo, y tu recompensa volverá sobre tu cabeza.»
Como Hiciste Se Hará Contigo
¿Por qué vienen los juicios de Dios en esta segunda forma o segunda razón? Por habernos burlado de la desgracia de alguien, por no haber ayudado en tiempo de la desgracia de alguien, por habernos mofado de la desgracia de alguien, por haber inclusive aumentado la desgracia de alguien.
¿Te has dado cuenta cuántas veces habremos dicho: «Bueno, qué le pase»? ¿Es eso autorizado de parte de Dios? No es autorizado de parte de Dios. Quienes han incurrido en ese tipo de situaciones han caído en juicio o caerán en juicio de Dios. ¿Por qué? Porque eso no es justicia.
La Naturaleza de Dios
En el libro del profeta Jeremías está establecido:
«Alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.»
No vas a encontrar que Dios quiere que nos burlemos, que incrementemos la desgracia, y peor aún, que digamos: «Qué bueno que le está sucediendo esto».
El versículo 15 lo dice claramente:
«Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo, y tu recompensa volverá sobre tu cabeza.»
Esto es muy grave, muy serio.
Aprovecharse de la Desgracia Ajena
¿Cuántas veces han venido a nosotros personas que han caído en desgracia o en situaciones difíciles y nos hemos aprovechado de la condición de esa persona? ¿Cuántas?
Si somos conscientes y verdaderos, vamos a darnos cuenta que en más de alguna ocasión nos hemos aprovechado de la desgracia de otra persona.
¿Es esa la enseñanza del evangelio del Reino de los cielos? Debo decir que no. Eso no es enseñanza del evangelio del Reino de los cielos.
¿Cuántas personas han dicho: «Guau, qué bendición, qué bendición» a causa o a raíz del dolor de tu hermano? ¿Podrá hacer eso bendición de Dios? ¿Que recibamos nosotros beneficio por lo que está pasando tu hermano?
No. Lamentablemente muchos todavía vivimos en un paganismo, todavía vivimos bajo los conceptos paganos que camina el hombre que no conoce a Dios.
La Vida Eterna es Conocer a Dios
Por eso es muy importante que entendamos lo que dice el Nuevo Testamento. En el capítulo 17 del evangelio de Juan:
«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.»
El apóstol habló por el Espíritu de Dios en Gálatas capítulo 2:
«Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.»
El propósito de la vida de fe es que Cristo viva en nosotros. Este es el propósito de la vida de fe en Cristo Jesús.
Cuando el Alma Gobierna
Cuando todavía el alma está gobernando nuestras vidas, cuando todavía los pensamientos —y muchos de ellos pensamientos mundanos, pensamientos filosóficos, pensamientos de astucia de este mundo— están gobernando nuestras vidas, téngalo por seguro: vamos a pasar por procesos de juicio de Dios.
¿Por qué? Porque ninguno nos podremos presentar delante de Dios con esas actitudes, con esos pensamientos, con esas acciones, con ese criterio, con esos argumentos. No nos podremos presentar.
Dios dice en el Antiguo Testamento:
«No dará por inocente al que tomare su nombre en vano.»
Conclusión: La Bendición en los Juicios de Dios
Es importante que entendamos acerca de este tema: los juicios de Dios. Los juicios de Dios no solamente son el castigo porque te portaste mal, porque hiciste lo que no debías de hacer.
Los juicios de Dios tienen el propósito de llevar al hombre, a la mujer, al arrepentimiento. Son procesos confrontativos para que el hombre abandone su vida almática, abandone su actitud, su pensamiento, abandone las costumbres que han gobernado hasta ese momento.
Por eso es importante que conozcamos los juicios de Dios.
La Actitud Correcta ante los Juicios
Un hombre, una mujer que camina bajo la voluntad de Dios verá una bendición en los juicios de Dios:
«Dios me está purificando y yo me sujeto, yo me someto, pero sobre todas las cosas: Señor, yo te entrego. Yo te entrego mi alma. Todavía mi alma está gobernando. He tenido todavía actitudes, pasiones que no están conforme al mover de Tu Santo Espíritu. Yo los entrego, Señor, yo los entrego, yo los entrego. Ya no vivo yo, Cristo vive en mí.»
Este es el propósito, el propósito de la vida de fe en Cristo Jesús.
Te bendigo. La paz del Señor sea contigo. Amén.