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Conociendo al Dios que Servimos



Por el Pastor Pedro Montoya

La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, al Creador del cielo y de la tierra por este tiempo que nos permite en Su gracia y misericordia para establecer el consejo de Su Palabra.

Introducción: ¿Conocemos realmente a Dios?

Tenemos el cometido de parte del Espíritu de Dios de establecer enseñanza acerca de quién es el Dios al cual cada uno de nosotros servimos. ¿Quién es el Dios cuyo nombre invocamos? El Espíritu de Dios da testimonio de que no todos conocemos del Señor. Muchos tenemos referencias, pero no real conocimiento de quién es el Señor, de quién es Dios al cual estamos sirviendo.

La encomienda que el Espíritu de Dios nos ha entregado es que cada uno de nosotros aprendamos a conocer, a entender quién es Dios al cual estamos sirviendo.

El diagnóstico divino: un pueblo de labios

En el libro del profeta Isaías, capítulo 29, versículo 13, encontramos una palabra que hemos leído en más de una ocasión:

«Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra; pero su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombres.»

Esta misma palabra la encontramos en los evangelios, proclamada nuevamente por la boca de nuestro Señor y Salvador Jesús, el Cristo. No solamente está escrita en el Antiguo Testamento, sino que fue confirmada por el mismo Señor Jesús.

La pregunta que surge es: ¿Cómo es posible que el pueblo de Dios —un pueblo que conoce, que invoca, que estudia las Sagradas Escrituras, un pueblo enseñado desde muy pequeños— pueda llegar a esta condición? ¿Cómo puede un pueblo conocedor de la Palabra caer en esta situación?

Si lee nuevamente el versículo 13, se da cuenta de que hay una condición de deterioro espiritual. No es un pueblo que está viviendo en pecado abierto o en la vanidad de su sentido como un pueblo gentil. Es un pueblo que conoce, que entiende, que es conocedor. Pero ¿cómo se llega a acercarse con su boca y a honrar con sus labios, pero tener su corazón lejos de Dios?

Dos caminos hacia el alejamiento

Hay dos formas en las que un pueblo o una persona pueden llegar a esta condición:

Primera forma: el alejamiento premeditado

La primera es de forma premeditada, es decir, que la persona haya determinado alejarse de Dios, vivir de apariencia ante los demás. Invocar, confesar, proclamar, inclusive hasta testificar, pero habiendo decidido vivir alejado de Dios.

Segunda forma: la ignorancia instruida

Hay otra forma en la que quiero concentrarme: una segunda forma es porque desconoce, porque ignora, porque no fue instruido, porque no fue enseñado al respecto. «Yo no sabía que eso se tenía que hacer así. Yo no entendía, nunca me enseñaron, nunca me dijeron que esto tenía que ser de esta forma.»

La última parte del versículo lo confirma: «Y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombres.»

¿Qué quiere decir? Que estaban viviendo un evangelio teórico, estaban siguiendo enseñanzas teóricas pero no vivenciales. Estaban instruidos, sí; tenían mucho conocimiento, sí; pero no había vivencia alguna, sencillamente solo teoría.

Cuando una persona está caminando en un conocimiento vago, en un conocimiento vano, en un conocimiento superficial, puede llegar a caer en esta situación: un pueblo que confiesa, que adora, que honra, pero de labios solamente, con su corazón lejos, caminando lejos de Dios.

El problema del conocimiento sin vivencia

En Isaías capítulo 5, versículo 13, encontramos un texto que muchos hemos escuchado en más de alguna ocasión:

«Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo porque no tuvo conocimiento y su gloria pereció de hambre y su multitud se secó de sed.»

¿Por qué fue llevado cautivo? ¿Por qué terminó en una condición deplorable? A pesar de haber caminado en los caminos del Señor, terminó en una condición deplorable porque le faltó conocimiento.

Pero ¿cuál conocimiento? Si claramente dice la parte final del versículo 13 de Isaías 29 que «su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombres».

Esto es fundamental: cada uno de nosotros, hombres y mujeres de Dios que estamos buscando caminar en la gracia y en la misericordia del Señor, debemos entender que la vida de fe no consiste en conocimiento. La vida de fe no es sumar conocimiento, aún —óigalo bien— aún así sea de Dios. No consiste en tener conocimiento; consiste en la vivencia con el Espíritu de Dios.

La comunión íntima con Dios

En el Salmo 25, versículo 14, el Señor, por boca del salmista David, expresa: «La comunión íntima de Jehová es con los que le temen y a ellos les hará conocer su pacto.»

La comunión íntima, la revelación, la vivencia que el hombre y la mujer puedan desarrollar con el Señor solamente se da a través de la intimidad con el Señor, no a través del conocimiento.

En estos últimos tiempos que estamos viviendo sobre la faz de la tierra, se está destacando sobremanera, por encima de todo, el conocimiento. Esto no camina conforme a lo que las Sagradas Escrituras establecen, porque no es el conocimiento, es la vivencia que cada uno de nosotros podamos desarrollar.

En Jeremías capítulo 17, versículos 9 y 10, encontramos:

«Engañoso es el corazón; más que todas las cosas, y perverso. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.»

No es el conocimiento lo que nos va a llevar a la comunión íntima con el Señor. No es el conocimiento teórico, no es el conocimiento académico. Es la comunión íntima, es la revelación de Dios establecida sin estorbos, sin obstáculos, sin excusas. Es hacer lo que el Señor quiere que cada uno de nosotros hagamos.

Tres demandas para evitar el alejamiento

En este capítulo 29 de Isaías, vamos a estudiar tres demandas que el Señor nos presenta, precisamente para guardarnos de caer en la condición del versículo 13.

Primera demanda: entender los tiempos de visitación de Dios

El versículo 6 dice: «De Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad y llama de fuego consumidor.»

Es importante que cada uno de nosotros entendamos los tiempos de visitación de Dios. Aquí es donde comienza a diferenciarse entre una vida próspera en el espíritu y una vida en decadencia en el espíritu.

Hoy en día, la gran mayoría tenemos conceptos deficientes de lo que es la visitación de Dios. Muchos de nosotros hemos creído que la visitación de Dios se mide por la algarabía. Muchos hemos creído que la visitación de Dios se manifiesta por las señales, por los milagros, por las cosas sobrenaturales en beneficio nuestro que acontezcan a nuestro alrededor.

Si la situación me favorece, entonces decimos que es visitación de Dios. Pero ¿qué sucede cuando la situación no nos favorece? Muchos lo vemos como un ataque de Satanás.

Leamos nuevamente el versículo 6: «De Jehová de los ejércitos serás visitada, óigalo bien, con truenos, con terremotos, con gran ruido, con torbellino, y tempestad, y llama de fuego consumidor.» Esto es visitación de Dios.

El ejemplo del monte Sinaí

¿Qué fue lo que sucedió cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y se estableció al pie del monte Horeb Sinaí? Dios le dijo a Moisés: «Dile al pueblo que se prepare, al cabo de tres días yo me presentaré delante de ellos.»

Efectivamente, al tercer día el Señor descendió en llama de fuego, con sonido estruendoso, con truenos, con nubes alrededor de la cima del monte, y un ruido fuerte que la Palabra dice cada vez iba más en aumento.

¿Cuál fue la reacción del pueblo? La reacción del pueblo fue alejarse. ¿Por qué? Porque vieron en aquella manifestación algo que les asustaba, algo que los alejaba. Esto también es visitación de parte de Dios.

Redefiniendo la visitación divina

Visitación de parte de Dios no es solamente los tiempos de prosperidad económica. No es solamente los tiempos cuando las cosas salen como nosotros las habíamos pensado y planificado. Los tiempos de visitación de Dios no solamente son aquellos en los cuales encuentro agrado, satisfacción y regocijo.

¿Recuerda usted cuando el Señor Jesús se transfiguró ante la presencia de Pedro, Juan y Jacobo? La expresión de Pedro fue: «Señor, quedémonos aquí, hagamos tres enramadas.» Muchos tenemos como única definición de visitación precisamente esos eventos.

En el libro del profeta Joel, capítulo 1, versículo 15, leemos: «¡Ay del día! Porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso.» Esto también es visitación.

La visitación en medio de la adversidad

¿Por qué no podemos desarrollar la comunión íntima con el Señor? ¿Por qué hemos caído en una condición espiritual tan deteriorable como honrar a Dios con los labios pero tener el corazón lejos? Porque no hemos conocido los tiempos de visitación de Dios.

Los conceptos que tenemos de visitación es que todo me vaya bien, que en todo yo sea prosperado, que en todo sea yo bendecido. Prácticamente estamos diciendo que yo sea el centro, que yo destaque, que yo me realice, que yo obtenga todo lo que estoy pidiendo.

Pero cuando las cosas no salen como queremos, cuando las situaciones se nos vuelven tan fuertes y deteriorantes que decimos «ya no puedo más», eso también es visitación de parte de Dios.

El caso de Job

Veamos el caso de Job. 42 capítulos donde Job pierde su hacienda, pierde sus hijos, pierde sus empleados, pierde sus propiedades, lo pierde completamente todo. La Palabra dice que Job era sumamente conocido en todo el pueblo. Esto significa que también perdió sus amigos. De todos ellos, solamente tres quedaron al final, y lamentablemente mucho de lo que le dijeron a Job era en deterioro de su condición misma.

Eso también es visitación de parte de Dios. Pero esa es la parte que la gran mayoría de nosotros no queremos. Esa es la parte que muchas veces cuando llega a nuestras vidas reprendemos, porque creemos que viene de parte de Satanás.

El propósito de la visitación adversa

Los tiempos de visitación de Dios son precisamente —óiga bien— para despertarnos de una condición de adormecimiento. Ahora entiende por qué Dios visita con truenos, con terremotos, con ruido, con torbellino y tempestad y llama de fuego. Porque busca despertarnos, porque busca remover aquella condición de ocio en la que hemos caído, porque busca hacernos entender quién es Dios al cual nosotros servimos.

En el capítulo 5 del libro de Hechos de los Apóstoles, se narra un escenario en el cual los apóstoles Pedro y Juan habían sido apresados por el Concilio, los habían intimidado y maltratado. Cuando regresan con los suyos para contarles todo lo que les había acontecido, llegaron gozosos.

El texto dice que ellos oraron al Señor y hubo un terremoto precisamente cuando estaban orando. Visitación de Dios. Pero ¿quiénes y cuántos de nosotros queremos, ante un momento de manifestación de Dios, pasar por un terremoto? Puedo decirle: ninguno.

¿Por qué? Porque tenemos conceptos deficientes de lo que es visitación de parte de Dios. Hemos creído que una visitación es solamente la algarabía, la alabanza, los cánticos, la música, una manifestación sobrenatural. Es un concepto deficiente que nos inculcaron o que aprendimos.

Pero visitación de Dios es también las cosas que no van muy a favor de nosotros. ¿Sabe por qué? Porque hay algo que tenemos que entender en cuanto a la manifestación de Dios: Dios hace como quiere. No es según nuestra apreciación o según nuestro deleite. Dios hace como quiere.

La confrontación de Jesús

En el evangelio de Juan se narra el momento cuando Jesús confrontó a todos sus seguidores —miles de ellos, no discípulos sino seguidores— con una palabra fuerte y confrontante: «Ustedes me están siguiendo por el alimento que les estoy dando diariamente.»

Una palabra fuerte. ¿Quién la quiere recibir? Ninguno. No conocieron el día de la visitación. Porque queremos una palmadita en el hombro, porque queremos una palabra motivadora, porque queremos una expresión de beneplácito.

Dios hace como quiere, y Él lo hace precisamente porque sabe qué es lo que hay en cada uno de nuestros corazones. Jeremías 17:9-10 lo confirma: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová que escudriño el corazón y que pruebo los riñones.»

En la versión original dice: «Yo Jehová que escudriño y apruebo el corazón y los riñones para dar a cada uno su camino según el fruto de sus obras.»

Dios hace como quiere, precisamente para enderezar. No es del hombre ordenar sus pasos, sino de Jehová que pesa los caminos del hombre.

Primera demanda: entender y conocer los tiempos de visitación de Dios.

Segunda demanda: reconocer que se ha caído en juicio de Dios

El versículo 10 dice: «Porque Jehová extendió sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró vuestros ojos; cubrió vuestros profetas, y vuestros principales videntes.»

¿Cómo es posible que sea Dios quien extendió espíritu de sueño? Cuando habla de espíritu de sueño, está hablando de sueño espiritual. La persona cayó en un letargo espiritual, cayó en un decaimiento espiritual. Lee y no entiende, ora y no sabe qué orar. La condición de la persona ha venido de parte de Dios.

Lo dice claramente la Palabra: «Cerró vuestros ojos y cubrió vuestros profetas y vuestros principales videntes.» ¿Qué quiere decir? Que es como si los cielos se hubieran cerrado. No tengo manifestación de Dios, no tengo palabra de Dios, no tengo respuesta de Dios. Estoy orando, pero no veo resultados ni escucho a Dios.

Es un juicio de parte de Dios. Sí, la persona entró en juicio.

El rechazo contemporáneo de los juicios divinos

Esto es un conocimiento que hoy por hoy en el evangelio contemporáneo muchos lo rechazan. «No, imposible, eso no puede ser de parte de Dios. Es más, si estuviésemos leyendo este mismo versículo, esas mismas personas dirían: ‘No, eso fue para el Antiguo Testamento, eso fue para el pueblo de Israel, pero eso no es para nosotros.’»

¿Sabe por qué? Porque lamentablemente, dentro de las definiciones que muchos tenemos hoy en día, somos selectivos. «Esto no, porque viene del Antiguo Testamento. Esto no, porque es para el pueblo de Israel. Esto no, porque Dios es amor, porque Dios es misericordia.»

Muchos estamos caminando bajo conceptos selectivos, y eso nos está haciendo un gran daño al pueblo de Dios, porque no está creciendo.

La salida del juicio divino

¿Qué sucede si un hombre o una mujer entra en juicio de Dios? Reconocer, admitir: «Señor, yo no entendí Tus tiempos de visitación.» Porque precisamente por eso es que vienen los juicios de Dios: porque no entendiste la visitación de Dios.

Cuando Jesús, la última semana de Su ministerio terrenal, entró a Jerusalén, dice la Palabra en el evangelio de Lucas que Jesús se dirigió a Jerusalén y dijo: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y a aquellos que son enviados a ti. Cuántas veces quise reunirte como reúne la gallina a sus polluelos, pero no quisiste.» Y dijo algo más: «Por cuanto no conociste el día de tu visitación, vendrá sobre ti ruina y destrucción.»

Cuando un hombre o una mujer no conoce los tiempos de visitación, cae casi instantáneamente en juicio de Dios. Dios cierra. Lo dice claramente: «Porque Jehová extendió sobre vosotros espíritu de sueño; cerró vuestros ojos, cubrió vuestros profetas y vuestros principales videntes.»

La llave para salir del juicio

¿Qué es lo que Dios está esperando para que Él nuevamente abra? Que reconozcamos: «Señor, yo fui, yo y solamente yo. No es la iglesia a la cual pertenezco, no es culpa de ellos. Es que yo, Señor, yo no entendí y vengo delante de Ti.»

El salmista David lo dijo, porque él pasó por estas experiencias: «¿Quién entrará al lugar santo? El limpio de manos, el contrito y humillado de espíritu. Señor, Tú no menosprecias.»

Tenemos entonces la llave para salir de ese estado: contrito y humillado de espíritu.

«Señor, yo vengo delante de Ti. Yo no entendí los tiempos de visitación. Me hablaste por aquel accidente, pero yo no entendí. Me estabas hablando por aquella enfermedad en la que pasé, que por poco me muero, pero yo no entendí, Señor. Me hablaste por la pérdida de aquel familiar, pero yo no entendí. Es más, yo me resentí contigo.

«¿Por qué? Porque estabas actuando. Yo veía a otros que prosperaban, yo veía a otros que crecían. Pero mira lo que a mí me está aconteciendo. Y me resentí y me alejé. No entendí, Señor. Cuántas veces enviaste a aquella persona para decirme que yo estaba caminando por el camino incorrecto, pero no entendí que eso era visitación también.»

El amor disciplinario de Dios

Es importante que el hombre y la mujer de Dios entendamos que Dios castiga al que ama. Que Dios no dará por inocente a aquel que haya tomado Su nombre en vano. Está escrito en la Palabra.

No podemos vivir un evangelio acomodaticio. No podemos vivir un evangelio selectivo. «Solo promesas, solo promesas, dime más promesas, háblame de promesas.»

También las cosas adversas son visitación.

En el evangelio según San Mateo, capítulo 7, encontramos las palabras de Jesús: «Yo compararé a aquel que oye estas palabras y las hace como al que construyó casa sobre la roca.» Y observe algo bien importante: «Vinieron lluvia, soplaron vientos, dieron con ímpetu corrientes sobre la casa, pero no cayó.»

También las cosas adversas son visitación de parte de Dios. Esto es importante que cada uno de nosotros lo entendamos.

Preguntas para reflexionar

¿Cuántas veces Dios te ha visitado? Para responder a esa pregunta, no busquemos solamente el tiempo cuando todo te va bien en el trabajo, el tiempo cuando eras prosperado. Es necesario que cada uno de nosotros entendamos el evangelio del Reino de los cielos.

No conocieron que cayeron en juicio de parte de Dios. Porque muchas veces, las cosas adversas casi siempre las clasificamos como un ataque de Satanás, como una opresión de Satanás, y muchos terminamos reprendiendo cuando en realidad es Dios quien nos está hablando y nos está instruyendo de por qué razón estamos en la condición en que estamos.

Segunda demanda: reconocer que se ha caído en juicio de Dios.

Tercera demanda: dejar de esconder nuestras obras

El versículo 15 dice: «¡Ay de los que se esconden de Jehová! Encubriendo el consejo y sus obras son en tiniebla y dicen: ¿Quién nos ve y quién nos conoce?»

Se acostumbraron a caminar escondiendo sus obras. Se acostumbraron a caminar en silencios, en pactos de silencio.

¿Cuántas personas hemos fallado delante de la presencia del Señor? ¿Cuántas personas hemos pecado? ¿Cuántas nos hemos salido de la voluntad de Dios? Estoy hablando, por supuesto, de hombres y mujeres de Dios.

¿Cuántas personas nos hemos salido de lo que Dios quería? Dios nos dijo, pero nosotros nos fuimos por otro camino. ¿Cuántas personas hemos actuado como el profeta Jonás?

«Ese hombre soy yo, yo pequé. Yo pequé, Señor.» ¿Cuántas personas? Pero ¿qué es lo que hacemos? Lo escondemos, lo reprimimos. «Que nadie se dé cuenta. Mejor si nadie se da cuenta. Yo y Dios, yo y Dios.»

La advertencia a David

Dios le dijo algo a David que es importante que nosotros entendamos: «Por cuanto lo hiciste en oculto, tus enemigos lo harán a plena luz del día.»

Cuando nos acostumbramos a esconder las cosas:

  • No le estamos dando oportunidad a Dios que nos sane
  • No le estamos dando oportunidad a Dios que nos liberte
  • No le estamos dando oportunidad a Dios que trabaje con nuestras vidas
  • No le estamos dando lugar a Dios

Todo lo contrario, estamos alejándonos de Dios.

¿Entiende ahora por qué? «Este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra; pero su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombre.»

Porque se acostumbraron a caminar escondiéndolo todo. Se acostumbraron a caminar olvidándolo todo, porque muchos tenemos la idea de que si lo olvido, si no me acuerdo de ello, pasó, ya pasó, eso está muerto.

Lo oculto tiene vida

Muchos caminamos de esa manera, y tengo que decirle: no. Porque las cosas ocultas tienen vida, tienen vida. Aunque están en oculto y aunque están en el olvido, no quiere decir que desaparecieron. Están con vida, y llegará un momento en que eso vendrá a nosotros por sorpresa para avergonzarnos en público.

Por eso es importante que entendamos que no podemos caminar escondiéndolo. «Nadie se dio cuenta. Ya le pedí perdón a Dios» —que por cierto, eso es parte de una doctrina religiosa, parte del catolicismo que fue establecido desde la edad media; no es lo que la Palabra del Señor establece.

Si venimos a Cristo Jesús, si no escondemos las cosas, si venimos y nos presentamos delante de Él y confesamos las cosas, Él es fiel y justo para libertarnos y para perdonarnos.

La exhortación de Pablo

En la epístola del apóstol Pablo a los Efesios, el apóstol, por el Espíritu de Dios, dice claramente que no debemos ser cómplices con las tinieblas, refiriéndose precisamente a esto: a no esconder, sino a sacar.

En Efesios capítulo 5, versículo 11 dice: «No comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas, sino antes bien reprendedlas, redargüidlas porque torpe cosa es aún hablar de lo que ellos hacen en oculto.»

Observe el versículo 13: «Pero todas las cosas cuando son redargüidas son manifestadas por la luz. Porque lo que manifiesta todo, la luz es.»

No nos acostumbremos a caminar encubriendo las cosas. Porque lo que estamos provocando, lo que estamos construyendo, es que al final de nuestra vida, al final de nuestros días, nos hayamos constituido en un hombre o en una mujer que se acerca con su boca y honra con sus labios, pero con un corazón completamente alejado de Dios.

Preguntas cruciales

¿Por qué si sé que tengo que hacer las cosas, no las hago? ¿Por qué si se me ha instruido de lo que tengo que hacer, resulto haciendo lo que no quiero hacer? ¿Por qué?

Preguntas que muchas veces están en los labios de hombres y de mujeres de Dios. ¿Por qué? Porque te acostumbraste a encubrir todo, a caminar por la apariencia, porque nos ha importado más lo que diga la gente que lo que dice Dios.

Eso no es vida de fe, eso no es vida en el Espíritu.

«Sí, pero es que eso lo hice antes de venir a Cristo Jesús.» Con esto lo que queremos decir es que aquello no importa. Actuamos como pacientes y actuamos como médicos a la misma vez. ¿Es eso lo que dijo Dios, o es eso lo que nosotros decimos?

Muchos de nosotros caminamos por lo que la gente dice. Nos importa lo que la gente dice, nos importa lo que otros piensan, pero no nos importa lo que Dios piensa acerca de nosotros.

Allí está. Hemos caído lamentablemente en que me acerco a Dios y le alabo y le adoro y canto cánticos y puedo citar inclusive hasta de memoria textos de la Biblia. Sí, pero en tu corazón te alejaste de Dios.

El propósito verdadero

El propósito no es lo que nosotros conocemos, lo que nosotros sabemos. El propósito es que Dios tenga agrado de nuestras vidas.

No vaya a suceder que un día nos presentemos como en Mateo capítulo 7, versículo 21: «Señor, Señor, pero si en Tu nombre hicimos muchos milagros, hablamos nuevas lenguas. Señor, expulsamos demonios.» Y la respuesta sea: «Apartaos de Mí, obradores de maldad, porque nunca os conocí.»

¿Por qué razón? Porque nos acostumbramos a acercarnos con la boca y a honrar con la boca, pero lejos en nuestro corazón de Dios.

Eso no es vida, eso no es vida de fe, eso es vida engañosa. «Engañoso es el corazón del hombre y perverso. ¿Quién lo conocerá? Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su fin es un camino de muerte.»

Aceptar los juicios de Dios

El Señor nos está hablando, el Señor nos está corrigiendo. Por cuanto no conocimos el tiempo de la visitación de Dios, porque no entendimos que caímos en juicio de Dios.

Hay muchas personas que no aceptan esto de los juicios de Dios. «Imposible, es que Dios es amor. El Dios del Antiguo Testamento es prácticamente diferente al Dios del Nuevo Testamento. Dios ha venido para amarnos.» Y destacamos la segunda, la tercera, la cuarta oportunidad de Dios.

Pero no entendemos que muchas veces los procesos son juicios de Dios, y no salimos de los juicios de Dios porque nos aferramos: «No, esto no puede ser de parte de Dios. Esto no viene de parte de Dios.»

Tengo que decirte que en Primera de Pedro, capítulo 4, versículo 17, el Espíritu de Dios, por boca del apóstol Pedro, estableció y dijo: «Es necesario que el juicio de Dios comience en la casa de Dios.»

Los juicios son establecimientos de Dios de parte de Dios para establecer nuevamente los procesos de revelación.

Tercera demanda: dejar de caminar escondiéndolo todo, agradando a los hombres, buscando la aprobación de los hombres, interesándonos solamente por lo que los otros piensan, por lo que los otros dicen, pero no interesándonos por lo que Dios dice y por lo que Dios piensa.

Un nuevo comienzo

Estamos comenzando un nuevo ciclo anual, año 2026. Muchas personas han comenzado con mucho entusiasmo, como siempre se comienzan los años nuevos, con muchas resoluciones: «Este año yo voy a hacer esto, este año esto otro, este año tiene que ser diferente, va a ser diferente.» Y algunos lo proponen como si nosotros gobernáramos todas las cosas.

No es del hombre ordenar su camino, sino de Dios.

Con muchas resoluciones, y muchos de nosotros no hemos considerado tan siquiera qué es lo que Dios quiere. ¿Qué es lo que Dios quiere? Queremos muchas cosas, pero no hemos pensado qué es lo que Dios quiere de nuestras vidas.

Resulta ser que pasan los años y no estamos creciendo, sino que todo lo contrario: cada vez nos estamos alejando de Dios.

Vea cómo comienza el capítulo 29:

«Ay de Ariel, ciudad donde habitó David, añadid un año a otro. Mátense víctimas. Pero yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste, y será a Mí como Ariel.»

¿Qué es lo que piensa Dios? ¿Te has preguntado qué es lo que quiere Dios de este año? ¿Qué es lo que demanda Dios de ti este año? ¿Te has preguntado, o no nos interesa?

Conclusión

La vida del hombre, la vida de la mujer no consiste en lo que nosotros hagamos, ni lo que nosotros granjeemos —para usar un texto de la Palabra bíblica— ni lo que nosotros acumulemos. Consiste en que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida. En eso consiste la vida, la vida en Dios.

Por lo tanto, al comenzar este nuevo ciclo de enseñanza, de capacitación, cuidemos de que el versículo 13 no se aplique a nuestras vidas. Cuidemos que yo me acerque con mi boca y que honre a Dios con mis labios, pero que mi corazón esté lejos de Dios.

Cuidemos que este versículo no se cumpla en nuestras vidas, porque sería triste y lamentable tiempo perdido, del cual Dios en Su momento nos confrontaría, y sería grande la derrota.


Oración final:

Dios eterno, Padre nuestro que estás en los cielos, invoco mi Señor Tu nombre, Tu gracia y Tu misericordia sobre Tu pueblo, sobre el cual es invocado Tu nombre, oh Dios. Para que este nuevo tiempo, nuevo ciclo, Señor, cada uno de nosotros vengamos: quiero ser enseñado, quiero ser instruido, quiero ser corregido, quiero caminar en la gracia, en la misericordia, quiero caminar en la voluntad de Dios. Que así sea.




La próxima semana estableceremos enseñanza acerca de los juicios de Dios, porque es importante que nosotros entendamos este tema.

La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Amén.

pastor Pedro Montoya


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