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La Carne: El Asiento de la Maldad y de la Muerte


¡La paz del Señor sea con cada uno esta noche! Damos gracias al Dios Eterno, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, el Único Dios Verdadero, por Su Gracia y Misericordia que nos permiten acercarnos a Su Palabra y al poder de Su Santo Espíritu. Como dice la Escritura: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). Reconocemos que fuera de Dios no hay nada; el ser humano por sí mismo no puede hacer nada ni producir nada sin Su presencia. Por eso, agradecemos al Señor porque, a través de Su Palabra, nos da la oportunidad de crecer, madurar y perfeccionarnos en el conocimiento de Su Hijo, Jesús el Cristo.

Esta noche abordaremos un tema vital para la vida espiritual del hombre y la mujer de fe: la carne. La carne es una expresión bíblica que representa el asiento de la maldad y la muerte en la persona. Aunque suene fuerte, es crucial no suavizar estos términos para entender claramente a qué nos enfrentamos. Muchos piden aprender sobre guerra espiritual, pero la guerra espiritual no comienza enfrentando demonios o fuerzas de las tinieblas, sino dentro de nosotros mismos, al identificar la carne. Esta es la materia prima que Satanás usa para operar en la vida de los creyentes, incluso en aquellos que han entregado su vida a Jesús el Cristo.

No debemos pensar que Satanás solo actúa en los que viven en pecado o en el mundo. Si fuera así, ¿por qué el Espíritu Santo inspiró al apóstol Pablo a escribir sobre el viejo hombre, la carne, la mente carnal, el cuerpo de pecado y el hombre exterior? La Palabra, dirigida a la comunidad de fe, nos llama a conocer y confrontar estos elementos. En Romanos 3:23 leemos: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, y en Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte”. La carne es una herencia satánica que opera en el creyente, alimentando al viejo hombre, cuya función es destruir desde dentro, como dice Efesios 4:22.

No se trata solo de abandonar bares, prostíbulos, vicios o amistades mundanas. Aunque estos cambios son importantes, la carne actúa de manera sofisticada, y muchas veces no nos damos cuenta de su influencia. No podemos reprender lo que nosotros mismos subsidiamos. Como se ve en Josué 7, cuando Dios le dice a Josué: “Israel ha pecado… no podrán vencer a sus enemigos… mientras no saquen el anatema”, el problema estaba dentro de ellos. A menudo, los anatemas no están en nuestro entorno, sino en nosotros mismos, en la carne que debemos confrontar.

¿Qué es la Carne?

Dividiremos esta enseñanza en tres partes para entender claramente: qué es la carne, a qué se refiere bíblicamente y qué debemos hacer para vencerla.

1. La Carne: El Cordón Umbilical con el Reino de las Tinieblas

En Romanos 8:5-8 encontramos la primera definición: “Porque los que viven conforme a la carne, en las cosas de la carne se ocupan; pero los que conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu, vida y paz. Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede”. La carne es el cordón umbilical que nos une al reino de las tinieblas y la muerte.

La palabra “intención” en el griego original se refiere a la “mente de la carne”, que se enfoca en las necesidades terrenales: provisión, dinero, necesidades del cuerpo. En Gén Gálatas 5:17-19 se nos dice: “Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne… manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución…”. La carne es el asiento del pecado, pero el pecado no se limita a transgredir la ley. Romanos 14:23 afirma: “Todo lo que no es de fe es pecado”, y Santiago 4:17 añade: “Aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado”.

La parábola de los talentos (Mateo 25) muestra que el siervo que sabía lo que debía hacer, pero no lo hizo, incurrió en pecado por negligencia. Cuando sabemos lo que Dios quiere y no lo obedecemos, permitimos que la carne opere, multiplicando el pecado en nuestras vidas y entornos.

2. La Carne: Una Memoria Sensorial

En Romanos 7:17-25 leemos: “De manera que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que mora en mí… Gracias doy a Dios por Jesús el Cristo, Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado”. La carne es una memoria sensorial o genética que retiene las tendencias del pasado. Como la inercia en un autobús que frena de golpe, la carne nos impulsa a repetir expresiones, pensamientos o actitudes aprendidas en el mundo, incluso sin ser vulgares.

Muchos creyentes, al venir a Jesús el Cristo, enfrentan el desafío de no saber usar la fe, porque en el mundo dependían de sus recursos, contactos o capacidades. La frase “Dios tiene la última palabra” refleja esta mentalidad mundana, como si Dios fuera un último recurso. En cambio, Gálatas 2:20 nos enseña: “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”. Dios no es la última palabra; Él es la única palabra, nuestro único recurso.

¿A qué se Refiere la Carne?

La carne no es intrínsecamente pecaminosa. Juan 1:14 declara: “Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”, y Hebreos 2:14 añade: “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo”. Jesús el Cristo asumió nuestra carne, pero sin pecado, como dice Hebreos 4:15: “No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. El pecado es espiritual y se manifiesta a través de la carne. Cuando venimos a Jesús el Cristo, somos limpiados, como promete Isaías 1:18: “Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”. Al crucificar al viejo hombre y sujetar la carne, el pecado deja de manifestarse, pues “el que es nacido de Dios no peca, porque la simiente de Dios está en él” (1 Juan 3:9).

¿Qué Debemos Hacer con la Carne?

La Palabra nos da cinco instrucciones claras para vencer la carne:

  • Hacer Morir las Obras de la Carne
    Colosenses 3:5 ordena: “Haced morir, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, malicia, mala concupiscencia y avaricia, que es idolatría”. Hacer morir implica postrarnos ante el Señor, presentando nuestra humanidad y diciendo: “Señor, aquí traigo lo que quiere manifestarse; lo postro ante Ti”. No se trata de reprimir, sino de rendirnos a Dios.
  • Crucificar la Carne
    Gálatas 5:24 dice: “Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus afectos y concupiscencias”. Crucificar significa cortar todo lo que lleva al pecado: amistades, trabajos o lugares que son ocasión de caída. Jesús el Cristo enseñó: “Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo… porque es mejor que entres a la vida sin un ojo” (Mateo 5:29-30). Identifica el punto de caída y córtalo.
  • No Ser Deudores de la Carne
    Romanos 8:12 afirma: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne”. Las deudas con el pasado—amistades, lugares o prácticas mundanas—deben saldarse, como hizo Zaqueo en Lucas 19, quien dijo: “Si en algo he defraudado a alguien, lo restituiré cuatro tantos”. Saldar estas deudas trae liberación y sanidad.
  • Vestirse de Jesús el Cristo
    Romanos 13:14 exhorta: “Vestíos del Señor Jesús el Cristo y no hagáis caso de la carne en sus deseos”. Vestirse de Cristo es imitarlo, viviendo conforme a Su ejemplo, como dice Efesios 4:13: “Hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. La Palabra no es para jactarnos, sino para ejecutarla.
  • Limpiarse de Toda Contaminación
    2 Corintios 7:1 nos urge: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Debemos cuidar lo que introducimos en nuestro cuerpo y entorno, evitando contaminaciones físicas y espirituales.
  • Vivir por Fe
    Gálatas 2:20 declara: “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”. La fe, que viene por el oír la Palabra (Romanos 10:17), es la clave para vencer la carne. Sin fe, seguimos los impulsos de la mente carnal, que es enemistad contra Dios. La vida en Jesús el Cristo es una vida de fe para todos, no solo para ministros.

Conclusión

La carne y el viejo hombre operan incluso en los creyentes, pero la Palabra nos equipa para vencerlos. No podemos reprender lo que subsidiamos; debemos hacer morir las obras de la carne, crucificarla, saldar deudas, vestirnos de Jesús el Cristo, limpiarnos de contaminaciones y vivir por fe. La próxima semana estudiaremos el “cuerpo de muerte” y luego la “ley del pecado y de la muerte”, para comprender cómo el reino de las tinieblas opera en el creyente y cómo alcanzar plena libertad para vivir para la honra y gloria del Señor. ¡La paz del Señor sea con ustedes y sus casas! Amén.

La dirección para conectarte a la transmisión es la siguiente: https://youtube.com/live/wGw0MJb1ePQ


Bendiciones,

Pastores Pedro & Yolanda Montoya


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