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Liberación del ‘Viejo Hombre’ y sus Efectos Físicos: Efesios 4:22


El viejo hombre y su relación con las enfermedades

Damos gracias a Dios, nuestro Padre, por su gracia y misericordia, que nos permiten estar ante su Santo Espíritu para ser guiados, instruidos y corregidos. Hoy profundizamos en el tema del viejo hombre, un concepto esencial para la vida de fe, ya que su actividad afecta directamente nuestra relación con Dios y nuestra salud espiritual y física.

La Palabra de Dios nos advierte que no debemos ignorar las estrategias del enemigo. En el Antiguo Testamento, se nos dice: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento” (Oseas 4:6). Esta falta de conocimiento no solo se refiere a desconocer a Dios o su Evangelio, sino también a ignorar las tácticas del enemigo, quien utiliza al viejo hombre que habita en nosotros para frustrar nuestro crecimiento espiritual. El viejo hombre es esa naturaleza pecaminosa que todos llevamos dentro, inclinada al pecado, la maldad y la perversidad, y que actúa como un enemigo interno que puede traicionar, decepcionar y detener nuestra vida de fe.

El apóstol Pablo, en Efesios 4:22, nos exhorta: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. La palabra “viciado”, en el griego original, significa “corromperse” o “autodestruirse”. Por lo tanto, este versículo nos revela que el viejo hombre no solo tiende al pecado, sino que se autodestruye y, al hacerlo, destruye a la persona que lo alberga. Esta autodestrucción no es un proceso inofensivo; afecta directamente nuestra vida, incluyendo nuestra salud física, especialmente a través de enfermedades degenerativas, congénitas o genéticas.

Muchos creyentes han aceptado las enfermedades como una parte inevitable del envejecimiento, asumiendo que es normal que aparezcan con la edad. Sin embargo, la Palabra de Dios desafía esta creencia mundana. La Biblia declara que Jesús el Cristo “llevó nuestras enfermedades” (Isaías 53:4) y “cargó con nuestros dolores” (Isaías 53:4), mostrando que no estamos destinados a vivir bajo el yugo de la enfermedad. En Juan 10:10, Jesús el Cristo afirma: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Esta vida abundante no se refiere solo a la eternidad, sino a una existencia plena en la tierra, libre de la destrucción que el viejo hombre provoca.

El apóstol Pablo, en Romanos 7:24, clama: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Aquí, Pablo no habla de un castigo externo, como algunos han interpretado, sino del viejo hombre que actúa dentro de él, deteriorándolo. En Romanos 7:20-23, explica que el pecado mora en él, creando una lucha interna que lo lleva a hacer lo que no desea. La solución está en Romanos 7:25: “Gracias doy a Dios por Jesús el Cristo Señor nuestro”. Solo a través de Jesús el Cristo podemos crucificar al viejo hombre y liberarnos de su influencia destructiva.

La relación entre el viejo hombre y las enfermedades es clara: su actividad genera un deterioro que se manifiesta en males físicos, especialmente en enfermedades degenerativas, congénitas o genéticas. Estas no surgen por sí solas, sino como resultado de la actividad del viejo hombre. Por eso, Pablo nos urge a crucificarlo, como dice en Romanos 8:13: “Si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”. La carne es el lugar donde el viejo hombre opera, y vivir según ella nos lleva a la muerte, mientras que vivir por el Espíritu nos da vida.

En 1 Corintios 15:54, Pablo escribe: “Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra: Sorbida es la muerte en victoria”. Este pasaje reconoce que el viejo hombre corrompe nuestro cuerpo, pero la victoria en Jesús el Cristo nos libra de esa corrupción. Asimismo, en Filipenses 1:23, Pablo expresa su deseo de ser desatado de este cuerpo para estar con Cristo, mostrando que el viejo hombre es una carga que afecta nuestra vida terrenal.

Para contrarrestar la actividad del viejo hombre, no basta con tratamientos médicos, pues la raíz es espiritual. En 2 Corintios 7:1, se nos exhorta: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Crucificar al viejo hombre requiere un esfuerzo consciente, como dice Efesios 5:11-13: “No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas, porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en oculto. Pero todas las cosas, cuando son reprendidas, son manifestadas por la luz”. Ignorar o tolerar al viejo hombre solo lo fortalece; debemos confrontarlo y crucificarlo.

La vida de fe no se limita a actividades religiosas, sino a vivir la doctrina del Evangelio del Reino de los Cielos. Jesús el Cristo nos llama a ser testimonios vivos de su Palabra, no solo a hablar de Él. En Juan 10:10, el enemigo es descrito como el ladrón que viene a hurtar, matar y destruir, y el viejo hombre es su siervo dentro de nosotros. Por eso, debemos decidir crucificarlo para vivir la vida abundante que Jesús el Cristo promete.

En Isaías 40:31, se nos asegura: “Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, alzarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”. Esta es la realidad del Evangelio: una vida libre de la destrucción del viejo hombre. En la parábola de los talentos (Mateo 25), se nos recuerda que un día rendiremos cuentas ante Dios, no solo por lo que creímos, sino por cómo administramos nuestra vida y nuestro cuerpo. No podemos presentarnos ante Él deteriorados por la actividad del viejo hombre.

Por tanto, el Espíritu de Dios nos llama a tomar una postura: crucificar al viejo hombre para detener su influencia destructiva. No podemos seguir tolerando las enfermedades como algo normal, pues hacerlo es aceptar la obra del enemigo en nuestras vidas. En el nombre de Jesús el Cristo, declaramos que todo argumento que justifica la enfermedad como parte de la edad cae por tierra. Que el pueblo de Dios se levante en autoridad, crucifique al viejo hombre y viva la vida abundante que Él promete. Amén.

La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Amén.

La dirección para conectarte a la transmisión es la siguiente: https://youtube.com/live/TCtMGdtEeKg


Bendiciones,

Pastores Pedro & Yolanda Montoya


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