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El Nuevo Nacimiento: Las Figuras Profético-Escatológicas del Nuevo Nacimiento


La Paz del Señor.

Al único Dios verdadero, eterno, creador del cielo y de la tierra, sea la honra y la gloria por siempre. Damos gracias esta noche por el tiempo que, en su gracia y misericordia, el Señor nos concede para acercarnos a su Palabra. Qué amor tan inmenso nos muestra al otorgarnos momentos de revelación, gracia y misericordia, para que podamos alinear nuestras vidas al conocimiento de su Hijo y alcanzar la unidad de la fe, creciendo hasta la estatura del varón perfecto.

En esta enseñanza, exploraremos las figuras proféticas y escatológicas del nuevo nacimiento presentadas en las Sagradas Escrituras. El nuevo nacimiento, como hemos aprendido por la guía del Espíritu Santo, es el nuevo pacto establecido en la sangre de Cristo Jesús. Como pacto, Dios define sus términos y condiciones, y al ser humano solo le corresponde aceptarlos. Este nuevo nacimiento nos otorga una nueva identidad en Cristo: ya no nos definimos por lo que éramos, sino como nuevas criaturas. Como dice la Escritura: “Las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Además, el nuevo nacimiento implica una regeneración radical, un proceso que elimina todo derecho legal que el enemigo tenía sobre la vida de la persona y su descendencia. Es un acto de guerra espiritual y liberación. El apóstol Pablo, en “Colosenses 1:13”, declara: “Nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo”. Este traslado del reino de las tinieblas al reino de la luz solo es posible mediante el nuevo nacimiento. Ya no estamos bajo la jurisdicción de la muerte ni de las tinieblas; ahora pertenecemos al reino de Cristo, nuestro Señor y Salvador.

El nuevo nacimiento como figura profética y escatológica

El nuevo nacimiento no es un evento estático, sino una figura profética y escatológica que proyecta un mensaje continuo. A través de la vida de cada hombre y mujer que ha nacido de nuevo, se proclama que Dios hace nuevas todas las cosas, un proceso que culminará cuando Cristo regrese. Como se afirma en “Proverbios 4:18”: “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Este versículo refleja la naturaleza progresiva del creyente, que crece constantemente hasta la venida de Cristo.

Este mensaje profético no solo se dirige a las personas que nos rodean, sino también a los principados y potestades espirituales. En “Efesios 3:10” leemos: “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”. Estas fuerzas espirituales, descritas en “Efesios 6:12” como “principados, potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, reciben el testimonio de la obra de Dios a través de la vida de los creyentes.

El nuevo nacimiento también tiene un carácter escatológico, pues apunta a la segunda venida de Cristo. En “1 Juan 3:2” se declara: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. Cada creyente, al vivir el nuevo nacimiento, proclama con su vida la esperanza de la gloriosa aparición de Cristo.

Tres figuras proféticas y escatológicas del nuevo nacimiento

A continuación, examinaremos tres ejemplos bíblicos que ilustran las figuras proféticas y escatológicas del nuevo nacimiento:

  • El agua transformada en vino (Juan 2:1-10)
    En las bodas de Caná de Galilea, Jesús realizó su primer milagro al convertir el agua en vino. Este evento, descrito en “Juan 2:1-10”, tiene un profundo significado profético. En la cultura judía, una boda no era solo una celebración, sino el establecimiento de un nuevo hogar y una unión espiritual con Dios. La falta de vino representaba una desgracia para los novios, pero Jesús intervino, transformando seis tinajas de agua, destinadas a la purificación ritual, en un vino de calidad superior. El maestresala exclamó: “Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, el inferior; pero tú has reservado el buen vino hasta ahora” (Juan 2:10).

Este milagro simboliza cómo el nuevo nacimiento rescata al hombre y a la mujer de la desgracia, otorgándoles una nueva vida en Cristo. Además, el uso de tinajas rituales para contener el vino desafía las tradiciones religiosas, enseñándonos que para experimentar la obra de Dios debemos dejar atrás conceptos rígidos. En Cristo, siempre hay un ‘mejor vino’ reservado para el futuro, una promesa de que Dios guarda mayores bendiciones para lo que ha de venir, como la luz de la aurora que crece hasta el día perfecto.

  • Vino nuevo en odres nuevos (Mateo 9:17)
    En “Mateo 9:17” Jesús enseña: “Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera, los odres se rompen, el vino se derrama y los odres se pierden; pero echan vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan”. Esta figura, también presente en Marcos 2:22 y Lucas 5:38, representa la comunión futura entre Cristo y su pueblo, simbolizada por el vino nuevo. Este vino no puede contenerse en odres viejos, que representan mentalidades o estructuras anticuadas, pues se romperían.

El mensaje es claro: el nuevo nacimiento requiere una transformación completa. No se trata de buscar beneficios personales ni de alterar el propósito de Dios. Como dice Pablo en “Gálatas 2:20”: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. El creyente debe someterse al Señorío de Cristo, permitiendo que su vida refleje la obra de Dios, no intereses propios. En “Isaías 25:8” se promete: “Destruirá la muerte para siempre, y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros”, una esperanza que se cumplirá plenamente cuando caminemos bajo la voluntad de Cristo.

  • Las arras del Espíritu (Efesios 1:13-14)
    En “Efesios 1:13-14” leemos: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”. Las “arras” son un adelanto de algo mayor que se entregará en el futuro. En este caso, el Espíritu Santo, recibido mediante el bautismo con el Espíritu Santo (Hechos 2:1-4), es el anticipo de la herencia eterna que los creyentes recibirán cuando Cristo regrese.

Este bautismo, descrito en “Hechos 1:4” como “la promesa del Padre”, marca a los creyentes como herederos de la redención final. Aunque aún no hemos alcanzado la incorrupción, como dice “1 Corintios 15:54”: “Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: ‘Sorbida es la muerte en victoria’”. Las arras del Espíritu nos aseguran que lo que somos ahora es solo el comienzo de lo que seremos en Cristo.

Conclusión: El testimonio vivo del nuevo nacimiento

El nuevo nacimiento no es un fin en sí mismo, sino el inicio de un crecimiento continuo que proclama un mensaje profético y escatológico. Cada creyente es un testimonio vivo de la gracia y la misericordia de Dios, como se declara en “Salmos 19:1-2”: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra al otro día, y una noche a la otra declara sabiduría”. Aunque no siempre ocurran eventos extraordinarios, la vida del creyente anuncia la soberanía de Dios a los principados y potestades. En “1 Pedro 2:9” se nos recuerda nuestro propósito: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. El nuevo nacimiento nos transforma en portadores de esta esperanza bienaventurada, viviendo para la gloria de Cristo hasta su regreso. Por ello, demos gracias a Dios por la vida, pues cada día es una oportunidad para proclamar su obra redentora. Que la paz de Cristo esté con todos nosotros.

La dirección para conectarte a la transmisión es la siguiente: https://youtube.com/live/adtfxEkDZHQ


Bendiciones,

Pastores Pedro & Yolanda Montoya


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