La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, al Creador del cielo y de la tierra, por este tiempo que Él nos permite para exponernos ante Su Palabra y ante el poder de Su Santo Espíritu. Este es un tiempo de apertura, de gracia, de misericordia, pero sobre todas las cosas, es un tiempo de revelación.
Introducción: Lo que Dios Demanda
En esta quinta enseñanza estudiaremos Deuteronomio 10:12, donde la instrucción del Espíritu Santo por boca de Moisés establece lo que el hombre y la mujer debemos conocer acerca de lo que Dios demanda:
«Él te ha hecho saber lo que pide de ti: que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos Sus caminos, que lo ames y que le sirvas con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.»
Hoy nos enfocaremos en la segunda instrucción: que andes en todos Sus caminos.
Es fundamental entender que estas cuatro instrucciones están interrelacionadas entre sí. No son cuatro pasos o cuatro opciones de las cuales el hombre puede escoger la que mejor le parece. Moisés, por el Espíritu de Dios, está estableciendo un orden correlativo para poder agradar y hacer lo que Dios quiere que hagamos delante de Su presencia.
El Temor de Dios: Fundamento Indispensable
Lo primero que debemos establecer es que nadie puede andar en los caminos de Dios si antes no ha aprendido a temer a Dios. Esto es crucial y no es opcional ni alternativo. No depende de si queremos o si nos place hacerlo; es lo que Dios ha establecido para quienes desean actuar conforme a Su voluntad.
La Obra de la Cruz No Anula la Palabra
Hay muchas personas que dicen: «Eso está en el Antiguo Testamento. Ya estamos en el Nuevo Testamento y Jesús lo hizo todo por nosotros. No tenemos que hacer absolutamente nada.» Debo decirles, como lo he dicho en otras ocasiones, que la obra de Jesús en la cruz es provisión de vida. Solo quien se acerca a esa provisión de vida disfruta del beneficio. El hecho de que Jesús lo hiciera todo en la cruz no significa que automática o instantáneamente el hombre no deba hacer absolutamente nada. Este es uno de los grandes errores que hemos cometido dentro del evangelio, porque no hemos entendido en qué consiste la obra redentora en la cruz del Calvario.
La Palabra de Dios no se anula aunque esté en el Antiguo Testamento. Al contrario, la obra de la cruz la valida. ¿Cómo es posible que digamos «Jesús lo hizo todo en la cruz y ya no tengo que hacer absolutamente nada»? ¿Y qué tal del temor de Dios? ¿Y qué tal de amarlo? ¿Y qué tal de servirlo con todo tu corazón y con todas tus fuerzas? ¿Dónde quedan estas instrucciones?
Cristo Jesús lo hizo todo, pero solamente el hombre y la mujer que se acercan a esa provisión de vida y caminan conforme a ella son quienes pueden disfrutar de lo que Jesús alcanzó en la cruz del Calvario.
Más Allá del Respeto
El temor de Dios va más allá de una simple reverencia o respeto, que es la forma como hoy lamentablemente se define. Hay personas que lo definen como «un respeto reverencial, una reverencia al Señor.» Pero va mucho más allá que un respeto. Precisamente por esa definición bastante vaga es que hay muchos hombres y muchas mujeres que no han podido caminar conforme a la voluntad del Señor.
Temor de Dios significa entender que Dios está presente en todo momento. Significa entender que Dios da y quita la vida, que Dios está por encima de nosotros y que Su presencia establece conmoción en los lugares donde estamos habitando.
En el libro de Hechos de los Apóstoles encontramos que los discípulos vienen de ser azotados por el Concilio, cuentan a los demás hermanos lo que ha sucedido, y oran. La Palabra dice que después de haber orado, el lugar tembló. No porque hubo un terremoto coincidente, sino porque la presencia del Señor estableció esa conmoción.
En Hechos 16 y 17, hablando de la presencia del apóstol Pablo, de Bernabé, de Timoteo y de Silas, dice: «Estos que trastornan el mundo han llegado hasta acá.» Esto es precisamente el resultado del temor de Dios.
Entregar el Libre Albedrío
El temor de Dios tiene que ver con que yo no vivo para mí mismo. Gálatas 2:20 lo dice claramente: «Lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios; ya no vivo yo, Cristo vive en mí.»
El temor de Dios tiene que ver con que yo no me dirijo a mí mismo. Aunque muchas veces se proclama, aun en medios eclesiásticos, que tenemos libre albedrío, debo decir: el hombre que camina bajo el temor de Dios no puede decir «yo tengo libre albedrío y yo decido lo que voy a hacer, lo que voy a decir, cómo me voy a vestir.»
El hombre que camina en el temor de Dios, la mujer que camina en el temor de Dios, ha entregado el libre albedrío. No puede reclamar sus propias decisiones, sus propios pensamientos o sus propios sentimientos.
Hay muchos hombres y muchas mujeres que respetan a Dios y dicen: «Yo sé que Dios todo lo puede, que todo es posible para Él.» Pero resultan haciendo lo que cada uno quiere hacer. Eso no es temor de Dios. Temor de Dios es: yo he desaparecido, ya no vivo yo, Cristo vive en mí. Mi carne ha sido crucificada juntamente con Cristo.
Los Caminos de Dios No Son Procesos Predeterminados
El segundo punto crucial es entender que los caminos de Dios no son procesos específicos predeterminados por el hombre. No se trata de decir: «Dígame cuál es el camino de Dios para andar en él. Dígame qué tengo que hacer para saber que estoy en los caminos de Dios.»
Los caminos de Dios no se pueden definir diciendo: «Esta es una forma de actuar, esta forma de conducirse, esta forma de vestirse o esta forma de hablar es parte de los caminos de Dios. Si te vistes de esta manera, si hablas de esta manera, si caminas por este proceso, estás en los caminos de Dios.»
Los caminos de Dios son actos o acciones que gozan del beneplácito de Dios. Para poderlo hacer, el hombre tiene que entender que es necesario caminar en el temor de Dios. Si no se camina en el temor de Dios, realmente no tenemos la seguridad de que estamos caminando en los caminos de Dios.
Ejemplos Bíblicos
Quiero presentar dos casos que ilustran este principio.
José, el Marido de María
En Mateo 1:18-19 leemos:
«El nacimiento de Jesús el Cristo fue así: que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo. Y José su marido, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.»
Quiero llamar la atención a esta definición: «José, como era justo, no quiso infamarla y la quiso dejar secretamente.» Si revisamos el Antiguo Testamento, la ley dictaba que las vírgenes desposadas que se encontraban habiendo concebido tenían que ser apedreadas, y quien primero lanzaba la piedra era precisamente el desposado.
Sin embargo, el versículo 19 dice que su marido José era justo. Con esta expresión, lo que está diciendo es que estaba caminando en los caminos de Dios, pero su acción discrepaba de lo que la ley establecía al respecto.
Esto nos muestra que los caminos de Dios son acciones que gozan del beneplácito de Dios. El hombre y la mujer, prácticamente sin haber dicho «este es el camino de Dios o esta forma de conducirse es el camino de Dios», se encuentran caminando en los caminos de Dios.
El Profeta Elías
El segundo caso se encuentra en 1 Reyes 17:5-6:
«Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová, pues se fue y se asentó junto al arroyo de Querit, que está antes del Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde, y bebía del arroyo.»
Cuando revisamos este caso, lo miramos como algo milagroso, sobrenatural. ¿Cómo es posible que los cuervos le estuvieran trayendo por la mañana y por la tarde carne y pan durante bastante tiempo, hasta que el arroyo se secó?
Cuando vamos a la ley, descubrimos que los cuervos eran animales inmundos. Le traían carne y pan. ¿Qué clase de carne era? No era carne comprada, era carne desgarrada de animales que habían muerto por la sequía de tres años y medio. Era carne de animales que habían caído muertos por causa de la ausencia de agua. ¿Y qué clase de pan era? Era pan robado.
¿Era el profeta ingenuo acerca de esto? No, el profeta lo sabía, lo conocía. Pero no por el hecho de que eran cuervos y animales inmundos dijo: «No recibo esa carne ni ese pan.» Lo tomaba y lo ingería por la mañana y por la tarde.
Estos casos nos hablan de hombres —José, marido de María, y el profeta Elías— cuyas acciones inclusive estaban yendo en contra de lo que la ley establecía, pero gozaban del beneplácito del Señor.
La Verdadera Naturaleza de los Caminos de Dios
Andar en los caminos del Señor no es seguir ordenanzas, no es seguir mandamientos, no es andar por procesos. El hombre y la mujer se encuentran caminando los caminos del Señor cuando han aprendido a temer a Dios. Por eso es importante que nosotros, hombres y mujeres que queremos caminar los caminos del Señor, sepamos que antes de caminar los caminos del Señor tenemos que aprender a temer a Dios.
Dos Fundamentos Espirituales de los Caminos de Dios
Primer Fundamento: Conocer y Entender a Dios
Vayamos a Jeremías 9:24:
«Pero alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas quiero, dice Jehová.»
Los caminos de Dios están fundamentados en dos principios espirituales. El primero de ellos es entender y conocer a Dios.
Podría haber más de alguna persona que diga: «¿Pero se puede entender a Dios?» Si no se pudiera entender a Dios, este versículo no estaría dentro de las Sagradas Escrituras. «Alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme que yo soy Jehová.»
¿Qué significa entender y conocer a Dios? Significa poder discernir: esto es de Dios, esto no viene de Dios, aun cuando tenga que ver con situaciones que involucren la predicación o la proclamación del evangelio.
El Ejemplo de Pablo en Asia
Muchas veces predefinimos y predeterminamos: «Para la gloria de Dios, si voy a ir a predicar, eso es un camino de Dios.» No, si el Señor no te ha mandado, no necesariamente es camino de Dios.
«¿Cómo? ¿No tenemos acaso la gran comisión?» Sí, es una provisión, pero si el Señor no te ha mandado, si el Señor no te ha instruido cuándo y a quiénes eres enviado, si lo hacemos por nuestra propia cuenta, no necesariamente es camino de Dios.
Esto es chocante para el evangelio tradicional en el cual hemos vivido, porque hemos entendido que hay acciones que tenemos que hacer porque están contenidas en las Sagradas Escrituras. Pero debemos entender que si el Señor no nos ha dado la instrucción precisa, aun cuando lo hagamos, no estamos caminando los caminos del Señor.
En Hechos 16:4-9 encontramos un caso revelador:
«Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén. Así que las iglesias eran confirmadas en fe y eran aumentadas en número cada día. Y pasando a Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.»
¿Cómo es posible? ¿Dónde queda entonces la gran comisión? ¿Cómo es posible que el Espíritu Santo les prohibiera hablar la palabra en Asia? No es un continente en este caso, es una región, una provincia. Les fue prohibido y ellos no sabían por qué. Pablo no sabía por qué, y estaba acompañado de Bernabé, que era profeta.
El versículo 8 continúa: «Y pasando a Misia, descendieron a Troas.» Siguieron caminando, y cuando llegaron a Troas, en el versículo 9 se le muestra a Pablo una visión del joven macedonio: «Pasa a nosotros y ayúdanos.»
Los caminos de Dios no son procesos predeterminados. Esta es la parte que debemos tener en pleno conocimiento.
La Advertencia de Mateo 7
Los caminos de Dios están fundamentados en el conocimiento y en el entendimiento de Dios. Si no entendemos que Dios lo está demandando y lo hacemos por nuestra cuenta, no encontramos el beneplácito del Señor.
Mateo 7:21-23 dice:
«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre.»
Ahí está el beneplácito de Dios. Y muchos le dirán en aquel día: «Señor, pero si en tu nombre echamos fuera demonios, pero si en tu nombre hablamos nuevas lenguas, pero si en tu nombre hicimos milagros.» Y la respuesta de Jesús es: «Apartaos de mí, nunca os conocí.»
¿Eran creyentes? Hay quienes dicen: «No, esos no eran creyentes y el Señor nunca los conoció.» Pero si vamos a Marcos 16, ellos están presentando las pruebas, las señales de uno que ha creído en Cristo Jesús: «Estas señales seguirán a los que creen en mi nombre.»
Lo que ellos están diciendo es justamente lo que Marcos 16 establece como las señales de haber creído en Jesús. Eran creyentes, y muy buenos, porque en Su nombre hicieron milagros, hablaron nuevas lenguas, fueron bautizados con el Espíritu Santo.
¿Cómo es posible entonces que Jesús les diga al final «apartaos de mí, obradores de maldad»? ¿Qué fue lo que faltó? No conocieron al Señor, no entendieron al Señor. Comenzaron a hacer cosas: «Hay que predicar, hay que evangelizar, hay que repartir tratados, hay que cantar, hay que hacer esto, hay que hacer lo otro.»
Los caminos de Dios no son procesos predeterminados. Los caminos del Señor están fundamentados en entender y conocer a Dios, en que el hombre de Dios pueda decir: «Esto no viene de parte de Dios. Detente, no sigas, esto no viene de parte de Dios. Te estás levantando en contra de Dios.»
El Caso de Jeremías
En Jeremías 15:19 encontramos una palabra personal, individual, directa para el profeta Jeremías:
«Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te repondré y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.»
Dios le está hablando al profeta Jeremías y le está diciendo: «Si te convirtieres, yo te repondré, delante de mí estarás y tu boca será como la mía.»
¿Qué había sucedido? Que Jeremías no estaba caminando los caminos del Señor. Si revisamos los versículos anteriores, Jeremías se está quejando, se está lamentando: «Esta gente, le hablo y no reacciona. Esta gente, le hablo y la toman en mi contra. Esta gente, les predico y no atienden. Señor, tu palabra, ¿por qué me hiciste?» Está reprochando.
Y Dios lo tuvo que confrontar, detener y decirle: «Si te convirtiere, yo te repondré. Tú no te conviertas a ellos, ellos que se conviertan a ti, pero tú no te conviertas a ellos.»
Los caminos del Señor son el beneplácito del Señor, donde yo me he desvanecido completamente, donde yo he desaparecido completamente. Ya no vivo yo, Cristo vive en mí, y lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.
Conocimiento de Dios Más que Holocaustos
En Oseas 6:6 leemos:
«Porque misericordia quise y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.»
¿Cómo podemos conciliar todo esto? Conocimiento de Dios más que holocaustos. El profeta, al decir esto de parte de Dios, está estableciendo lo que Dios determina.
¿Qué está demandando Dios de nosotros? Que caminemos Su camino. Muy bien, pero ¿cómo se caminan los caminos de Dios? En el conocimiento y en el entendimiento de Dios. ¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Esto le agrada a Dios o esto es desagradable al Señor? ¿Esto es lo que Él espera que yo haga o sencillamente es la imaginación de mi mente?
Por eso es importante que entendamos que los caminos del Señor no son procesos predeterminados o predefinidos. Los caminos del Señor son actos, acciones caracterizados por el beneplácito del Señor, aun cuando estos no vayan conforme a lo que predeterminadamente sabíamos que se tenía que hacer.
En Miqueas 6:8 dice:
«Oh hombre, él te ha declarado lo que sea bueno. ¿Y qué pide de ti Jehová? Solamente hacer juicio, amar misericordia y humillarte para andar con tu Dios.»
Todos estos textos nos están mostrando que los caminos del Señor están fundamentados en entender y conocer a Dios. No solamente se trata de actos, no solamente se trata de acciones, no solamente se trata de proyectos. Si esos actos, si esas acciones, si esos proyectos no van conforme a la obra de Dios, de nada entonces servirían y no estaríamos caminando los caminos del Señor.
El primer fundamento, entonces, para poder andar conforme a los caminos del Señor es necesario que conozcamos a Dios, que entendamos a Dios. Que el hombre de Dios, que la mujer de Dios pueda decir: «Esto es de Dios» o «No, esto no es de Dios, esto no viene de parte de Dios. Lo que estás haciendo, lo que estás diciendo, lo que estás estableciendo, no viene de parte de Dios.»
Que pueda llegar el momento en que el hombre, en que la mujer pueda determinar: «Esto es de Dios, esto no es de Dios.» Porque los caminos del Señor se fundamentan en el entendimiento de quién es Dios, en el entendimiento de qué es lo que Dios está determinando para cada uno de nosotros en los lugares donde Él nos ha hecho habitar, conforme a la obra que Él está desarrollando en ese lugar en particular.
Segundo Fundamento: Mantener la Pureza del Llamado
Vayamos a Ezequiel 2:6-8:
«Y tú, hijo del hombre, no temas de ellos ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hayas entre zarzas y espinos, y tú moras con escorpiones. No tengas miedo de sus palabras ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar, porque son muy rebeldes. Pero tú, hijo del hombre, oye lo que yo te hablo: no seas tú rebelde como la casa rebelde. Abre tu boca y come lo que yo te doy.»
El segundo elemento para conocer los caminos del Señor, para andar en los caminos del Señor, es mantener la pureza del llamado.
Cuando el apóstol Pedro se encontró ante el Concilio de Jerusalén, intimidado, presionado y castigado por ellos, les dijo: «Juzgad vosotros si es justo obedecer antes a los hombres que a Dios.» La pureza del llamado.
Las Presiones que Comprometen el Llamado
¿Cuántos hombres y cuántas mujeres no hemos cedido ante la presión de grupo? ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres de Dios no hemos cedido ante la intimidación de los demás?
El hombre y la mujer que ceden a la presión, que son coaccionados económicamente, moralmente, anímicamente, racionalmente, no pueden caminar los caminos del Señor.
En Jeremías 15 lo leímos hace unos minutos: «Si te convirtieres yo te repondré, le dijo el Señor, y delante de mí estarás, y tu boca será como la mía.»
Si queremos caminar los caminos del Señor, tenemos que hacer lo que Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros.
Presiones Económicas
¿Cuántas veces hombres de Dios han entregado y comprometido su llamado por las presiones económicas? ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres han abandonado una revelación del Señor por atender un negocio, por atender un empleo, por atender un compromiso económico?
«Yo lo veo después. Yo lo reviso después, yo pido una copia después.» ¿Cuántos hemos actuado así?
Y pregunto: ¿hay temor de Dios cuando actuamos de esa manera? Usted sabe perfectamente: no hay temor de Dios porque no estamos valorando las cosas de Dios como Dios está demandando que las valoremos.
¿Sabe qué es lo que sucede? Que de la misma forma como nosotros nos conducimos con Dios —es decir, «sí, espérate un momentito, que tan pronto yo termine esto, yo te atiendo»— es la misma forma como Dios nos va a tratar a nosotros. Es la misma forma. Nosotros estamos estableciendo ley sobre cómo Dios se va a conducir.
Por lo tanto, si no aprendemos a valorar lo que Dios nos está entregando, no podemos pedir que Dios nos dé, que Dios nos prospere, que Dios nos abra los cielos en revelación para conocer las cosas de Dios. ¿Por qué? Porque no hemos desarrollado temor de Dios.
Presiones Familiares
¿Cuántos hombres, cuántas mujeres han comprometido su llamado precisamente por presiones familiares?
Tenemos un caso en el Nuevo Testamento: un discípulo se le acerca a Jesús y le dice: «Yo no tengo problemas con seguirte, yo te seguiré donde quiera que tú vayas, solamente permíteme enterrar a mi padre.»
Y Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú ven y sígueme.»
Lo que estaba estableciendo es: no cedas a las presiones familiares, no cedas a las presiones que la familia te presenta. ¿Por qué? Porque estamos entregando la pureza del llamamiento.
El Ejemplo del Apóstol Pablo
El apóstol Pablo dice: «Lo que para mí era ganancia, yo lo he reputado en pérdida. Lo que para mí significaba todo, yo lo tengo como estiércol para alcanzar el premio del supremo llamamiento.»
Andar los caminos de Dios no son procesos predefinidos, predeterminados: «Haz esto y estás en los caminos del Señor.» No es así.
Los caminos del Señor no son procesos predeterminados. Los caminos del Señor son actos, acciones que gozan del beneplácito del Señor, aun así como en el caso de José, aun así que estaba yéndose en contra de lo que la ley había establecido para esos casos. Dijo: «Como era justo, no quiso infamarla.» Porque él sabía lo que iba a acontecer con María. Estaba en los caminos del Señor.
El profeta Elías estaba en los caminos del Señor, aun cuando a los ojos de todos, lo que él estaba permitiendo fuera en contra de lo que la ley y la tradición habían establecido con respecto a esos casos.
Muchas veces Dios nos hace entrar en procesos absurdos para saber si realmente hemos aprendido a entender y conocer a Dios.
La Dignidad de la Vocación
En Efesios 4:1, el apóstol Pablo dice:
«Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación» —es decir, del llamado— «con que sois llamados.»
Para andar en los caminos del Señor es necesario que mantengamos una pureza del llamado. Porque al no mantener la pureza, al vernos intimidados, al vernos presionados, al vernos coaccionados en los distintos niveles donde se pueda ejercer la coacción por elementos externos, y abandonar lo que Dios nos ha comisionado, en realidad no estamos caminando los caminos del Señor.
Conclusión
Como hemos visto, el Espíritu Santo establece en Deuteronomio 10:12:
«¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, oh Israel? ¿Qué pide Jehová nuestro Dios de cada uno de nosotros?»
Y ahora tenemos la respuesta: que temamos a Jehová nuestro Dios, que andemos en Sus caminos.
Pero para andar en los caminos del Señor tenemos que fundamentarnos en el entendimiento y conocimiento de Dios. Nadie que no pueda entender y conocer a Dios puede andar en los caminos del Señor. Sencillamente no puede. ¿Por qué? Porque son los caminos del Señor. Por lo tanto, Él establece cómo y qué es lo que se debe hacer.
Si yo no entiendo a Dios, nunca voy a poder caminar los caminos del Señor.
No Busquemos Procesos Predeterminados
No veamos procesos predeterminados. Aquí es donde muchos hombres y muchas mujeres se pierden, porque buscan procesos predeterminados. Los buscan en la ropa, los buscan en la forma de hablar, los buscan en la forma personal de presentarse, los buscan en cosas externas.
Los caminos del Señor no tienen que ver con cosas externas. Tienen que ver con entender a Dios, con conocer a Dios, y poder determinar: «Esto es de Dios, esto no es de Dios.»
Como el apóstol Pablo lo dijo en 1 Corintios 10: «Todo me es lícito, pero no todo conviene. Todo me es lícito, pero yo no me dejaré sujetar por todas las cosas.»
Por lo tanto, debemos aprender a conocer, debemos aprender a entender a Dios. Primer fundamento sobre el cual se construyen los caminos del Señor.
Debemos decidir mantener la pureza del llamado, la pureza de la vocación. Segundo fundamento sobre el cual se construyen los caminos del Señor.
La Meta Final
Para que entonces, y solamente entonces, podamos ir a la parte: «Bien, buen siervo y fiel. En lo poco fuiste fiel, sobre lo mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor.»
¿Cuántos estamos esperando esa declaración para cada una de nuestras vidas? Pues entonces, ¿qué es lo que debemos hacer? Mantener la pureza del llamado.
En la próxima enseñanza estudiaremos acerca de los estorbos que impiden entrar en los caminos del Señor.
Te doy gracias, Señor, por este día y por este tiempo que Tú nos has entregado en Tu gracia y en Tu misericordia. Nuestras vidas están delante de Ti. Gracias por el entendimiento y gracias, oh Dios, por la instrucción y el poder de Tu Santo Espíritu para hacernos entender acerca de este tema. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.
La paz del Señor sea contigo. Amén.