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El Temor de Dios: Fundamento de la Vida Espiritual


Bendito sea el Dios y Padre nuestro que nos da la oportunidad de presentarnos delante de su presencia, de exponernos ante su Palabra y ante el poder de su Santo Espíritu para ser instruidos, guiados y, sobre todas las cosas, corregidos. La vida de fe no consiste solamente en lo que estemos dispuestos a hacer, sino sobre todo en la disposición que cada uno tengamos de ser corregidos para hacer lo que Dios quiere que hagamos.

Esta enseñanza nos expone ante Palabra doctrinal: aquella que nos guía, nos corrige y nos reubica en la posición o en el camino que Dios quiere que tomemos. Hemos leído que hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero su fin es camino de muerte. No se trata simplemente de hacer, sino de tener conocimiento de lo que Dios quiere que hagamos.

El Protocolo Divino

En Deuteronomio 10:12 encontramos un versículo fundamental que contiene todo un protocolo de lo que Dios demanda del hombre y de la mujer: «Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti? Sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos y que lo ames, y que sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.»

Un solo versículo, pero que contiene todo un proceso. No basta con decir que esto pertenece al Antiguo Testamento, porque la Palabra de Dios no caduca ni tiene fecha de expiración. Esta Palabra está tan vigente en nuestros días como lo estuvo cuando Moisés la entregó al pueblo de Israel.

Dios tiene demandas del hombre de fe y de la mujer de fe. No nos dejó al libre albedrío ni a la desventura. La vida espiritual en el Señor es aquella que sigue una instrucción y establece una demanda de parte de Dios.

Las Cuatro Demandas en Orden Progresivo

Este versículo nos presenta un proceso claro:

  1. Que temas a Jehová tu Dios
  2. Que andes en todos sus caminos
  3. Que lo ames
  4. Que sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma

El orden es crucial. No podemos servir a Dios si antes no hemos aprendido a temer a Dios. El hombre de Dios, la mujer de Dios, no puede amar a Dios —por mucha intención o buen deseo que tenga— si antes no ha aprendido a temer a Dios. Tampoco puede andar en los caminos que Dios ha trazado si antes no ha aprendido a temer a Dios.

Hay un principio, y Proverbios lo define claramente: el principio de la sabiduría es el temor de Dios. Todo comienza con el temor de Dios.

¿Qué es el Temor de Dios?

Aunque la palabra nos sugiere temer, tener miedo o estar atemorizados, no es exactamente lo que la Palabra del Señor nos enseña acerca del temor de Dios.

Una Conciencia Personal que se Desarrolla

El temor de Dios es una conciencia personal, individual y particular que el hombre y la mujer desarrollan frente a Dios mismo.

Dios no te implanta temor. Si Dios implantara temor, ¿qué necesidad habría de que el Espíritu de Dios, por boca de Moisés, le demandara al pueblo que temiera a Dios? La redacción misma del versículo lo confirma: «¿Qué pide Dios de ti? Que temas a Jehová tu Dios.» Es una demanda, no una imposición automática.

Por lo tanto, el temor es una conciencia que el hombre y la mujer desarrollan, entendiendo que estamos delante de la presencia del Señor todo el tiempo.

El Problema de Agradar al Ojo

Uno de los grandes problemas que la mayoría hemos enfrentado en la vida de fe es que buscamos agradar a las personas. El apóstol Pablo, por el Espíritu de Dios, dice: «No honrando al ojo», es decir, no comportándonos solo cuando hay alguien que nos está viendo, sino como agradando a Dios.

Cada uno de nosotros debe entender que estamos delante de la presencia de Dios todo el tiempo. Cuando llegamos a Génesis 3, encontramos el relato —absurdo hasta cierto punto— de Adán y Eva escondiéndose de la presencia del Señor: «Tuve miedo y me escondí.»

¿Podremos escondernos de la presencia de Dios? La respuesta es no. El salmista David, por el Espíritu de Dios, establece: «¿A dónde huiré de tu presencia? Si fuera a las alturas, si fuere a los cielos, allí estás tú; si fuera a la profundidad de la mar, allí estás tú.»

No podemos escondernos ni huir de la presencia de Dios. Entonces, ¿por qué no tenemos reparo en hacer aquellas cosas que sabemos le son una ofensa a Dios? Porque no hemos desarrollado temor de Dios.

Responsabilidad Personal

El temor de Dios es una responsabilidad que nadie puede asumir por nosotros. Es una responsabilidad personal, propia, un compromiso de cada uno de nosotros. No podemos delegarle esta responsabilidad a otra persona. No sirve decir «ore por mí para que yo pueda desarrollar temor de Dios». No sucede de esa manera.

Temor de Dios es Respeto y Reverencia

En Deuteronomio 10:16, Moisés da instrucciones al pueblo: «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz.»

Con esto concluimos que el temor de Dios es una conciencia que cada uno desarrollamos de entender que estamos delante de Dios todo el tiempo, y por respeto a Dios, nos evitamos acciones, pensamientos, sentimientos y actitudes que no le agradan.

Temor de Dios tiene que ver con respeto y reconocimiento: Dios está aquí, y por lo tanto, por respeto y reconocimiento, me evito de cosas que le son desagradables.

El Ejemplo del Campamento

En Deuteronomio, Moisés da una instrucción al pueblo: cada uno debía tener una estaca entre sus enseres. Esta estaca serviría cada vez que salieran al campo a hacer sus necesidades fisiológicas. La instrucción era clara: cavarían un hoyo, harían su necesidad fisiológica y luego lo cubrirían.

Moisés termina diciéndole: «Para que Jehová tu Dios, que anda en medio de ti, no vea inmundicia y se aparte de tu campamento.»

Vea hasta qué punto llega la conciencia de que estamos delante de la presencia del Señor.

Conciencia Religiosa vs. Conciencia del Temor de Dios

Muchos de nosotros desarrollamos solamente una conciencia religiosa: aquella en la que nos comportamos de cierta manera cuando estamos en un templo, en una congregación o en una reunión donde hay otras personas de la misma fe. Esa es una conciencia religiosa.

Una conciencia como el temor de Dios tiene que ver con dondequiera que nos encontremos. Esto es importante que lo entendamos.

No es Autosugestión

El temor de Dios no es una autosugestión, no se trata de convencernos a nosotros mismos repitiendo «estoy delante de la presencia de Dios, estoy delante de la presencia de Dios». Se trata de entender que Dios ocupa todas las cosas en todo, y por lo tanto estamos delante de la presencia del Señor.

Dios se Manifiesta

Posiblemente habrá más de alguno que diga: «Me cuesta entender que Dios está en todo lugar.» Veamos el libro del profeta Amós 3:4-6:

«¿Bramará el león en el monte sin hacer presa? ¿Dará el leoncillo su bramido desde su morada, si no prendiere? ¿Caerá el ave en el lazo en la tierra, sin haber un armador? ¿Se alzará el lazo de la tierra, si no ha prendido algo?»

Estas preguntas tienen el propósito de hacernos entender que Dios se manifiesta, Dios da testimonio de su presencia entre nosotros. El problema es que muchos hemos desarrollado conceptos filosóficos de lo que es la presencia de Dios.

El Caso de Gedeón

En gran medida nos amparamos en la demanda de Gedeón en el libro de los Jueces. Gedeón se presenta ante el ángel y pide señales con el vellón de algodón. ¿Qué estaba haciendo Gedeón con esta práctica? No estaba tratando de autosugestionarse ni de establecer una señal. Estaba negándose a creer en la presencia de Dios.

Por eso la forma como Dios trató con Gedeón fue tan particular: pudiendo haber alcanzado una victoria con 30,000 hombres, lo expuso a una forma tan ridícula con 300 hombres que no pelearon, que tan solo gritaron «¡Por Jehová y por Gedeón!» y rompieron unos envases de barro.

Gedeón se resistía a creer en la presencia de Dios. Si revisamos el momento cuando el ángel se le aparece, Gedeón está escondido y dice: «Oh Señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué estamos en esta situación?» No quería entender que no era producto de que Dios los había entregado a esa situación, sino que era producto de la maldad, del pecado y del desvío del pueblo que había dejado a su Señor.

Dios Está Presente en Todo

Volvemos al libro de Amós: «¿Bramará el león en el monte sin haber presa?» La respuesta es no, porque el león no brama por antojo. Brama porque anda en busca de una presa.

Las preguntas que hace el profeta tienen el propósito de mostrarnos que si hay algo que está sucediendo en nuestras vidas, es porque hay una razón espiritual de parte de Dios. Es decir, Dios está manifestando su presencia. Lo que sucede es que no lo hemos visto porque no queremos ver a Dios.

Nos acontece de la misma forma que a Gedeón: nos rehusamos, nos negamos a creer que Dios está con nosotros. Esta es la razón por la que muchos hombres y mujeres no podemos crecer ni desarrollarnos en la vida espiritual.

¿Por qué? Porque no queremos creer que Dios está con nosotros. Preguntamos: «¿Por qué si Dios está conmigo me sucedió lo que me sucedió: el accidente, la muerte, la pérdida, la violación, el asesinato?» La gente no quiere entender que Dios está con nosotros todo el tiempo.

También las Cosas Adversas son Visitación de Dios

Isaías 29:6 dice: «De Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con un gran ruido, con torbellino y tempestad, llama de fuego consumidor.»

También las cosas adversas son visitación de Dios. También aquello de pérdida, de fracaso, de accidente, aquello que es adverso, es visitación de parte de Dios.

¿Qué está pasando entonces? El gran problema es que no queremos reconocer que Dios está presente. Muchos lo remitimos a los sentimientos: «Es que yo no siento a Dios, es que yo no siento perdón, es que yo no siento arrepentimiento.»

¿Desde cuándo tenemos que sentir para admitir que Dios está presente? ¿Acaso la vida de fe es sentimiento? ¿Acaso no dice la Palabra de Dios que «lo que vivo en la carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios»?

Desde cuándo tenemos que sentir perdón para perdonar a alguien. Desde cuándo tengo que sentir que debo pedirle perdón a alguien. Es una decisión. Desde cuándo tengo que sentir que debo arrepentirme. Es una decisión.

El Temor de Dios: Una Decisión

El temor de Dios es la conciencia que el hombre y la mujer desarrollan de entender que están delante de la presencia del Señor todo el tiempo, y por respeto a Él, me evito de hacer cosas que sé por su Palabra y por el testimonio de su Santo Espíritu que son abominables a Él.

Tenemos que entender que Dios nos está demandando que entremos en un proceso de decisión. Es necesario tomar decisión.

El Ejemplo de Jacob

En Génesis 28:15-17 encontramos palabras que Dios le declaró a Jacob cuando huía de su hermano Esaú y se encontró en Bet-el:

«He aquí yo soy contigo, y te guardaré por donde quiera que fueres, y te volveré a esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo.»

Esta es la actitud de un hombre que ha tenido conciencia de que necesita desarrollar temor de Dios. Esta es la actitud de una mujer que ha desarrollado conciencia de que necesita desarrollar temor de Dios.

Temor de Dios es una responsabilidad de cada uno de nosotros. No es un sentimiento ni tiene que ver con filosofía. Es decisión. Jacob decidió: «Esta es casa de Dios, puerta del cielo, estoy delante de la presencia del Señor.» Él lo dice en el versículo 16: «Ciertamente Jehová está en este lugar y yo no lo sabía.»

A partir de allí, Jacob se movió llevando consigo ese lugar, lo transportó por todos los lugares donde se movía.

Dios se ha revelado, Dios se ha manifestado, pero nosotros no hemos querido desarrollar temor de Dios porque tenemos conceptos bastante filosóficos, filosofía religiosa donde se nos enseña que tenemos que sentirlo, que tenemos que experimentarlo. Pero no es así como lo presentan las Sagradas Escrituras. Es una decisión.

Por eso le dijo Moisés al pueblo: «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no seáis más rebeldes a la presencia del Señor.»

Temor de Dios, el principio de la sabiduría, es la decisión del hombre de entender que está delante de la presencia del Señor todo el tiempo.

Entender que Dios Está Obrando

En el evangelio de Marcos 8:17-21, Jesús dice a sus discípulos:

«¿Qué altercáis porque no tenéis pan? ¿No consideráis ni entendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? Teniendo ojos, ¿no veis? Y teniendo oídos, ¿no oís? ¿Y no os acordáis cuando partí los 5 panes entre 5,000, cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis?»

Ellos dijeron: «Doce.»

«¿Y cuando los 7 panes entre 4,000, cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis?»

Ellos dijeron: «Siete.»

«Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?»

¿Qué es lo que tengo que entender? Jesús hace esta pregunta en dos ocasiones. Tengo que entender que temor de Dios es el entendimiento de que Dios está obrando en mi vida y entre los míos todo el tiempo, aun cuando yo no lo vea.

El Caso de los Panes

El caso que acabamos de leer no es el primer caso. Ya habían sucedido casos similares, y Jesús les recuerda dos casos. Se volvió a repetir una situación: por la premura del viaje, se les olvidó llevar pan y alimento. En el camino, uno al otro se recriminaba: «Era tu responsabilidad, ¿por qué no trajiste pan? ¿Por qué no trajiste alimento? Ahora nos encontramos en un lugar desierto y no tenemos comida.»

Jesús se percata del evento que ellos pretenden mantener oculto y les dice: «¿Cómo no entendéis?»

¿Qué es lo que tengo que entender? Tengo que entender que Dios está obrando, aun cuando yo no lo vea:

  • Dios está obrando, aun cuando haya pérdida
  • Dios está obrando, aun cuando haya escasez
  • Dios está obrando, aun cuando haya necesidad
  • Dios está obrando, aun cuando yo le esté diciendo: «Señor, no tengo, no tengo»

Es importante que entendamos que el temor de Dios se desarrolla en el conocimiento de quién es el Dios al que servimos.

«¿Cómo no entendéis?» les dijo Jesús. «¿No recuerdan la primera vez cuántas canastas de sobras recogieron?» Y ellos le dijeron: «Doce.» «¿Y no recuerdan la segunda vez cuántas canastas recogieron?» Y ellos le dijeron: «Siete.»

¿Acaso Dios es Dios de dos intentos nada más? ¿Dios es Dios de dos experiencias nada más, y de allí en adelante se le acabó el poder? ¿Acaso no es Dios de lo sobrenatural? ¿Acaso no es Dios de la creación? ¿Acaso no fue Él quien dijo «Sea la luz» y fue la luz?

No hizo nada, sencillamente decir. Por eso en Juan 1: «En el principio era el Verbo», era la Palabra. La Palabra tan solo, no había una acción de Él fabricando algo o componiendo algo con sus manos. A quienes únicos formó con sus manos fue al hombre y a la mujer, pero todo lo demás, todo este universo tan vasto que nos impacta e impresiona cada día, lo hizo con su Palabra.

No con sus manos, con su Palabra tan solo. «Di la Palabra y mi mozo sanará», con su Palabra.

Dios está obrando aun cuando yo no lo vea. Dios está obrando aun cuando las circunstancias sean adversas. Dios está obrando aun cuando yo no entienda nada de lo que está sucediendo. Esto es temor de Dios.

El Hombre de Fe No Mide Resultados

El hombre de fe no es el que mide los resultados. La mujer de fe no es la que mide los resultados. Por eso testimonio no es aquel que se puede describir tangiblemente. Testimonio no es decir «me dio un carro, obtuve una casa, obtuve esta propiedad, obtuve este beneficio». No es lo cuantitativo.

Testimonio es lo que Dios está haciendo, aun cuando no vea absolutamente nada.

El Caso de Elías y la Viuda

Elías es enviado de parte de Dios. Cuando se secó el arroyo de Querit, Dios le dijo: «Vete a tierra de Tiro y de Sidón, porque yo he ordenado a una viuda que te sustente.»

Dios está obrando. Cuando Elías llega, se encuentra efectivamente una mujer viuda que tenía un hijo y no tenía absolutamente nada para sostenerlo. «Si te doy a ti, me quedo yo sin nada porque es lo único que tenemos: o tú o nosotros.»

Luego viene la instrucción acerca del aceite: un aceite que está siendo derramado en envases pero que siempre mantiene el mismo nivel. No es que de momento se multiplicó el aceite. Sigue derramando, pero en el envase original estaba la misma cantidad. Sigue llenando otros envases, pero en aquel sigue el mismo nivel.

¿De dónde está saliendo el aceite? Sigue el mismo nivel. Y dejó de fluir cuando se le acabaron los envases. Si hubiera tenido más envases, de seguro que el mismo aceite hubiera llenado cuantos más otros envases hubiera sido necesario.

¿Qué estamos diciendo? Dios está obrando aunque yo no vea, aunque no sea nada evidente.

El Milagro de la Multiplicación

En los dos eventos donde Jesús multiplicó los panes y los peces, en el primero levantaron 12 canastas de sobras (canastas mucho más grandes), y en el segundo evento 7 canastas. ¿Sabe por qué Jesús obró de esa manera? ¿Sabe por qué? Porque hasta cuando levantaron las sobras se dieron cuenta del milagro que Jesús había hecho.

Así como lo oye: hasta que levantaron las sobras se dieron cuenta del milagro que el Señor había hecho.

¿Por qué? Porque cuando los apóstoles comenzaron a repartir, veían la misma cantidad de peces, la misma cantidad de panes. Cada quien iba tomando y no se acababa. Cuando iban para el siguiente, la misma cantidad. Mientras se estaba repartiendo, nadie se dio cuenta del milagro porque cada quien estaba metiendo la mano y veía peces. En la canasta en la que estaban repartiendo, no desaparecían los peces.

Nunca fue: «Traigan otra canasta porque ya esta se vació.» Cada quien iba metiendo la mano y tomando peces y pan. Iban ante el otro, tomaban, y nadie se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, del milagro que estaba sucediendo entre ellos.

El milagro se entendió, el milagro fue evidente hasta que repartieron y recogieron todos los pedazos. Hasta entonces se dieron cuenta del milagro que Jesús operó entre ellos.

¿Por qué? Todos sabían que solamente tenían 5 panes en el primero de los casos. Todos sabían que solamente tenían 7 panes en el segundo caso. Ellos nunca vieron cantidades y cantidades de panes que empezaron a partirlo.

El milagro se entendió hasta que recogieron todos los pedazos.

Dios está obrando. No ha dejado de obrar. Los mayores milagros que Dios hace, la mayor obra sobrenatural que Dios hace, es cuando hay necesidad, cuando hay escasez, cuando hay deficiencia, cuando hay situaciones adversas. Es el mayor milagro.

¿Por qué? Porque temor de Dios no cuestiona, no indaga, no se resiente. Temor de Dios: Dios está obrando.

Aprender a No Medir por Resultados

Hay algo que nosotros, hombres y mujeres de fe, tenemos que aprender: es a no medir las cosas por resultados. Cada uno de nosotros tiene que aprender esto.

No porque hay deficiencia estamos en desgracia. Dios está obrando. No porque estoy multiplicando y haciendo más, Dios me está bendiciendo. No porque las cosas se ven en multiplicación puedo decir «Dios me está bendiciendo».

Hay algo dentro del temor de Dios que nosotros tenemos que aprender: a no medir, a no valorar, a no pesar a Dios por los resultados.

El Caso de Lázaro

Si miramos en el evangelio de Juan el caso de Lázaro, las dos hermanas se acercaron ante Jesús de la misma forma y le dijeron exactamente lo mismo: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.»

Eso no es una declaración de fe. Eso es un reclamo. En otras palabras, lo que tanto María como Marta estaban diciendo es: «Mi hermano murió porque tú no estabas aquí.» Y eso es grave.

Muchos de nosotros nos comportamos de igual manera: «Estoy en esta situación y es culpa tuya.»

Temor de Dios es entender que Dios está obrando, aun cuando yo no lo vea, aun cuando a mis sentidos esto parece ser el fin, aun cuando a mi criterio, aun cuando a mi parecer, llegué al final de todo.

David Acorralado

David estaba siendo perseguido por Saúl y, sin darse cuenta, entró a un espacio sin salida. Estaba acorralado. ¿Sabe qué fue lo que sucedió? Algo que David nunca había hecho: comenzó a escalar por aquel farallón, por aquella pared que cualquiera no podría escalar. Comenzó a subir, a subir.

Ahí es donde nace el salmo: «Haces mis pies como de ciervas y en mis alturas me haces andar.»

Dios está obrando. Eso es temor de Dios.

Cuando pareciera que llegamos al final de todo, cuando pareciera que ya no hay más salida, cuando pareciera que ya nuestros enemigos nos acorralaron, el Señor nos hace ver algo que si no hubiera sido por esa situación, nunca lo hubiéramos visto. Dios nos hace experimentar algo que si no hubiera sido por eso, nunca lo hubiéramos experimentado.

Dios está obrando. Esto es temor de Dios.

Tengo que negarme a medir las cosas por resultados. Tengo que negarme a medir la obra, a medir el ministerio, a medir lo que acontece a mi alrededor por resultados. Tengo que negarme.

Conclusión: Responsabilidad Personal

Volvemos a Deuteronomio 10:12. Es una palabra sencilla, no es complicada ni difícil de entender. Aun quien no tiene una experiencia bíblica ni teológica la puede entender:

«Ahora pues, Israel, ¿qué pide Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios? Que andes en todos sus caminos, que lo ames, y que lo sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma.»

¿Qué es el temor de Dios?

El temor de Dios es la conciencia que nosotros, hombres y mujeres de Dios, desarrollamos. Es tu responsabilidad, es mi responsabilidad. No es la responsabilidad de tu esposo, no es la responsabilidad de tu esposa. Es tu responsabilidad, es mi responsabilidad.

No puedo pedir, no debo pedir oración para que yo desarrolle temor de Dios, para que el Señor me dé temor de Dios. No. Eso es filosofía y filosofía religiosa. «Ore por mí para que el Señor me dé la fortaleza de desarrollar…» No, no opera así.

Yo tengo que desarrollar temor de Dios.

¿Cuándo lo desarrollo? Cuando desarrollo conciencia de que estoy delante de la presencia de Dios todo el tiempo.

«¿A dónde me esconderé?»

Si cada uno de nosotros desarrollamos esa conciencia de que estamos delante de la presencia de Dios, muchas de las cosas perversas que hacemos en lo oculto, dejaríamos de hacerlas. Y no es que «el diablo, el enemigo, Satanás me engañó y me forzó». ¿Sabe por qué? Porque no hay tal caso. Aunque somos ministros de liberación, de guerra espiritual y de liberación, no hay tal caso. Es que tú no quisiste. Es que tú te expusiste. Es que tú, por no tener temor de Dios, no pusiste un alto.

José, ante la esposa de Potifar, salió corriendo porque tenía temor de Dios.

¿Cuántos de nosotros nos exponemos ante situaciones y no les ponemos reparo, ni límite, ni alto, porque no tenemos temor de Dios?

Preguntas Cruciales

¿Por qué no hemos crecido en la vida espiritual? ¿Por qué no hemos crecido en la fe? ¿Por qué no hemos podido desarrollar un ministerio, a sabiendas de que Dios nos habló hace tantos años de que teníamos ministerio?

Porque no hemos desarrollado temor de Dios. Porque no hemos desarrollado conciencia de que estamos delante de la presencia del Señor todo el tiempo.

Porque lo hemos querido hacer con nuestras propias fuerzas, con nuestros propios recursos, con nuestras propias habilidades, con nuestro propio conocimiento. Y después, cuando todas las cosas fallaron, cuando todas las cosas fracasaron: «Señor, ayúdame.» Ayúdame para que pueda seguir, sin haber antes preguntado: «¿Es esto, Señor, lo que tú quieres? ¿Es esto, Señor, lo que tú estás demandando?»

El temor de Dios es una demanda de Dios.

Una Advertencia Seria

El día de hoy tu vida puede crecer espiritualmente, pero tengo que decirte también lo siguiente: el día de hoy puedes caer sin oportunidad a levantarte.

«Pero pastor, ¿cómo es posible que esté diciendo eso?»

Porque es mi responsabilidad decírtelo. El apóstol Pablo dice en Hechos 21: «Yo sé que después de mi partida, de entre ustedes mismos se levantarán lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.»

¿Por qué se lo estoy diciendo? No porque me esté burlando, no porque no entienda que usted es legítimo o legítima de parte del Señor. No. ¿Sabe por qué? Porque no queremos exponernos y caminar según Dios. Esta historia se ha repetido. No es nueva.

Por eso tengo que decirte lo siguiente: El día de hoy puede ser el punto de inflexión de tu vida en la vida espiritual, pero el día de hoy puede ser tu caída sin oportunidad a levantarte.

No es Dios quien lo determina. Eres tú. Soy yo.

La Decisión es Tuya

Temor de Dios es conciencia de que estoy delante de la presencia de Dios. No me autosugestiono. Yo estoy delante de la presencia de Dios, y como tal, yo sé poder poner límites, poner altos. No me expongo porque estoy delante de la presencia de Dios.

Nadie me ve, nadie está conmigo, pero yo sé que estoy delante de la presencia de Dios.

Y Dios está obrando en mi vida, en mi entorno, aun cuando yo no lo vea, aun cuando pareciera a mis ojos que es todo lo contrario, que estoy llegando al punto final de mi existencia, de mi vida, e inclusive de mi ministerio.

TEMOR DE DIOS.

«Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, que lo ames, y que sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?»

Nos hemos expuesto ante la Palabra. ¿Qué haremos con ella?




La paz del Señor se haga contigo.

pastor Pedro Montoya


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