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Cómo Ganar Autoridad Espiritual: El Poder de la Obediencia


Introducción

La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, por el tiempo que Él nos permite en Su gracia y misericordia para exponernos ante Su palabra y el poder de Su Santo Espíritu.

Hemos estado estudiando cómo ganar autoridad frente a las fuerzas de las tinieblas y las fuerzas demoníacas. En Efesios 6:12, encontramos una palabra guía para quienes entendemos acerca de la guerra espiritual y la liberación:

«No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.»

Pablo no solo nos revela las guerras que enfrentamos diariamente, sino que también nos muestra que el reino de las tinieblas está muy bien organizado. Establece plataformas de gobierno espiritual. Si el hombre o la mujer de Dios no conocemos esta organización, al enfrentarnos a estas fuerzas experimentaremos una derrota marcada.

No se trata solamente de decir «yo te reprendo» o «me cubro con la sangre de Cristo Jesús». Es necesario entender que la guerra se hace con sabiduría, como establece el libro de Proverbios. Por tanto, es importante comprender la necesidad de ganar autoridad. Aunque la autoridad viene de Dios, es responsabilidad del hombre y la mujer crecer en ella.

La Iglesia Edificada sobre la Revelación

En Mateo 16, cuando Jesús pregunta a Sus discípulos: «¿Quién dicen las gentes que es el Hijo del Hombre?», conocemos sus respuestas: algunos decían que era Elías, otros que Juan, otros que alguno de los profetas resucitados. Pero cuando Jesús les pregunta directamente: «¿Y vosotros quién decís que soy?», Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.»

Jesús declara entonces: «Sobre esta roca edificaré mi iglesia.» ¿Cuál es la roca? La declaración de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.»

Nadie que no reconozca a Cristo Jesús, nadie que no camine conforme a la voluntad de Dios, nadie que no esté sujeto al señorío de Cristo puede construir autoridad. La autoridad es solamente para quienes hemos nacido de nuevo y caminamos conforme a la gracia, la misericordia y la revelación que el Señor ha entregado.

Jesús continúa: «Las puertas del infierno no prevalecerán» contra el caminar de la iglesia, es decir, de todos aquellos que están caminando conforme a la voluntad del Señor. Por tanto, cada uno de nosotros debe entender que la autoridad tiene que construirse. No obtenemos paquetes de autoridad; es necesario trabajar para edificarla.

Las Tres Atribuciones para Ganar Autoridad

Esta es la tercera enseñanza sobre las atribuciones necesarias para ganar autoridad espiritual:

Primera atribución: Santidad

La santidad debe entenderse como la ausencia de contaminación. Como dice el apóstol: «Ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.»

Segunda atribución: Revelación

Caminar en revelación es sumamente importante y necesario para todo hombre y mujer de Dios. Jesús estableció: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» Sin revelación, es como tirar golpes al aire sin resultados ni frutos. Dios nos llama para establecer efecto sobre nuestra vida.

En Hechos 16 se narra cuando Pablo fue llevado a la cárcel en Filipos por haber expulsado un espíritu de adivinación de una muchacha. En dos ocasiones durante ese relato se dice: «Estos que trastornan el mundo han llegado hasta acá.» Cuando hacemos cuentas de quiénes eran, descubrimos que eran solo tres personas: Pablo, Silas y Timoteo.

¿A qué mundo se refiere? Al mundo espiritual. Esto nos enseña la importancia de caminar en revelación. Si no caminamos en la revelación que Dios ha entregado por Su Santo Espíritu, no podremos derribar las fuerzas del enemigo ni las estrategias establecidas contra el pueblo de Dios.

Tercera atribución: Obediencia

En la enseñanza de hoy cerraremos este capítulo sobre cómo ganar autoridad frente a las fuerzas demoníacas estudiando el poder de la obediencia.

Fundamento Bíblico: La Autoridad de la Obediencia

En 2 Corintios 10:3-6 encontramos la base para entender la obediencia:

«Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, destruyendo consejos y toda altivez que se levanta en contra del conocimiento de Dios y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo. Y estando prestos para castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia fuere cumplida.»

Estos versículos nos hablan claramente del poder que tiene la obediencia para llevar cautivo todo conocimiento levantado contra Dios. Pero observe el versículo 6: existe una condición. Estamos prestos para castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia fuere cumplida.

Muchas veces no hemos desarrollado suficiente autoridad sobre las fuerzas de las tinieblas. Podríamos haber caminado ya en santidad y en revelación, pero si todavía no estamos caminando en obediencia, no podemos castigar la desobediencia. Si no tenemos esa naturaleza de obediencia, no podremos ejercer autoridad espiritual.

¿Qué Es Realmente la Obediencia?

La obediencia no es seguir instrucciones

Muchos confunden la obediencia con simplemente seguir instrucciones: «Me dijeron que hiciera esto, lo hice. ¿Qué más tengo que hacer? Lo hago. No tengo problemas en seguir instrucciones.»

Pero eso no es obediencia verdadera. La obediencia no tiene que ver con acciones consecutivas a una instrucción entregada. Una persona puede seguir instrucciones y no necesariamente ser obediente.

El ejemplo del hijo mayor

En Lucas 15:28-30, encontramos al hermano mayor del hijo pródigo. Note lo que dice:

«Entonces se enojó y no quería entrar. Salió, por tanto, su padre y le rogaba que entrase. Pero él, respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos, pero cuando vino este tu hijo que ha consumido tu hacienda con rameras has matado para él el becerro grueso.»

El muchacho dice: «Yo nunca he traspasado tu mandamiento», es decir, «He sido obediente.» Pero observe los niveles que se desarrollan en una persona que no es verdaderamente obediente:

  1. Se enojó (versículo 28)
  2. Se reveló — el padre le dice «entra», pero él no quiso entrar, mostrando rebelión y rebeldía
  3. Hay reproche — «Tanto tiempo que he estado contigo, te he servido, no he traspasado tu mandamiento, pero tú no me has tratado como a él»

¿Era obediente? No. Aunque estaba con el padre todo el tiempo y hacía lo que se le decía, no era obediente.

La obediencia es una sustancia

La obediencia, tal como se define en las Sagradas Escrituras, no tiene que ver con acciones en reacción a instrucciones. La obediencia es una sustancia, es decir, la naturaleza misma de la persona es obediente.

Una persona puede estar atendiendo instrucciones pero no ser obediente. ¿Por qué? Porque la obediencia no consiste en acciones en respuesta a instrucciones. La obediencia es una sustancia: la naturaleza misma de la persona.

Va a llegar un momento en que saldrá a la luz realmente lo que hay. Este es un claro ejemplo en sentido negativo.

El ejemplo de Job

En contraste, tenemos el caso de Job, que es un ejemplo claro de lo que es ser una persona obediente. ¿En qué consiste? «Dios dio, Dios quitó, sea el nombre de Jehová bendito.»

¿Por qué? Porque la obediencia es la sustancia misma de la persona. Hay una esencia en la persona que es obediencia. Esto se gana o desarrolla precisamente en los procesos en los cuales Dios hace entrar a los hombres y las mujeres.

Los Frutos de la Obediencia

La obediencia tiene frutos. Hay evidencias de que una persona está caminando en obediencia. De acuerdo a Lucas 15, cuando no haya:

  • Reproche
  • Enojo por las cosas que acontecen
  • Enojo porque otros reciben y yo no recibo
  • Reacción o reactividad hacia algo que estamos viendo dentro de la obra de Dios

Entonces podríamos decir que hemos entrado al proceso de la transformación de la obediencia. Mientras tanto, cuando haya reactividad, resistencia o renuencia, no hemos entrado todavía y por lo tanto no habremos desarrollado autoridad.

El peligro de la desobediencia en la guerra espiritual

He visto casos en los que personas han tratado de reprender y han ganado aquello que estaban reprendiendo. He visto casos en los que las personas entran en procesos de guerra espiritual y liberación, reprendiendo enfermedades, situaciones y ataques, y resultan recibiendo aquello que están reprendiendo.

¿Por qué? Aquí tenemos la respuesta: están caminando en desobediencia. No ha habido una transformación. La obediencia no consiste en seguir instrucciones (aunque eso será un fruto). Tiene que haber una naturaleza, una transformación, una sustancia.

El apóstol dice en otro texto que nosotros somos olor de vida para los que están muertos. Esto significa que hay una sustancia espiritual que ha sido transformada en la persona.

Cómo Se Construye la Obediencia

Teniendo claro qué es la obediencia, veamos cómo se gana o construye.

Primera forma: Manteniéndose en la Palabra de Dios

En Romanos 5:19 leemos:

«Porque como por la desobediencia de un hombre, los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos en justos.»

Este texto hace referencia a Génesis 3, la caída del hombre y la mujer. Veamos el relato:

En el versículo 1, la serpiente se acerca y dice: «¿Con que Dios os ha dicho no comáis de todo árbol del huerto?»

La mujer responde: «Del fruto de los árboles del huerto no comemos, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.»

¿En qué consistió la desobediencia?

No se mantuvieron en la palabra de Dios. Ella misma lo está diciendo: «Dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.»

Hay quienes creen que la mujer inventó esa última parte («ni le tocaréis»), pero la mujer fue muy precisa. Eso fue lo que dijo Dios. Fue bien específica porque recordaba no solamente no comerlo, sino que Dios había sido tan específico que les dijo: «Ni siquiera lo toquen.»

¿Por qué? Porque no coqueteen, no jueguen con el pecado, no se acerquen al pecado. No es solamente no comerlo, es no acercarte, no exponerte. La mujer dijo lo que había sido instrucción directa de Dios. Pero ¿qué sucedió? Se apartó de esa palabra.

El principio fundamental

La obediencia se construye cuando el hombre o la mujer de Dios se mantiene en la palabra.

La palabra no es solamente para tres días, ni para una semana, ni para un año. La palabra es para toda la existencia que Dios nos otorgue sobre la faz de la tierra.

Muchos cometemos un gravísimo error espiritual: estamos saltando de palabra en palabra, yendo tras esta palabra, yendo por otra palabra. Muchos están buscando palabra: «Dígame una palabra. Una palabra de promesa, una palabra de bendición, dame otra palabra, dame otra palabra.»

El hombre de Dios que construye obediencia, la mujer de Dios que construye obediencia, se mantiene en la palabra. No anda saltando de palabra en palabra. Si a una palabra no hemos sido fieles, ¿cómo vamos a andar saltando de palabra en palabra?

El conocimiento no salva

Dios no satisface la curiosidad del hombre ni de la mujer. ¿Cuántas veces nos hemos acercado diciendo: «Yo quiero aprender más del Señor, yo quiero conocer más de Él. Me matriculé en este curso, me inscribí en esta facultad»?

Si tú no tienes la disposición, la decisión y la conciencia de qué es lo que vas a hacer con esa palabra, no sigas matriculándote en cursos, seminarios y facultades. La vida de fe no consiste en conocimiento.

Podríamos tener un doctorado en teología, un PhD, con diploma y todo, y aun así ir al infierno. ¿Cuántos en el infierno tienen diplomas de doctorados y grados doctorales? La vida de fe no consiste en conocimiento; la vida de fe consiste en cuán agradado está Dios de nuestra vida.

¿Qué le dijo Dios a Satanás en Job 1? «¿No has visto a mi siervo Job, que no hay un hombre más perfecto que él?» Eso es lo que busca Dios: cuán agradado está de mi vida, no por lo que yo sé, no por los diplomas que obtuve, no por los grados teológicos, sino por lo que estoy haciendo con Su palabra.

La perseverancia en la palabra

La vida de fe consiste en caminar en la palabra, mantenernos en la palabra. Por tanto, la primera forma de ganar obediencia es: mantengámonos en la palabra. No estemos saltando de palabra en palabra ni de versión en versión preguntando: «¿Qué es lo que significa en realidad? ¿Qué nos dijo el Señor con esa palabra?»

El Señor le había dicho a Adán y a Eva, y ella estaba bien consciente: «No comáis ni siquiera le toquéis.» La desobediencia se construyó cuando ella se apartó y eventualmente Adán se apartó de la palabra.

¿Cómo construimos obediencia? Esto es lo que Dios me dijo. Me he mantenido todo este tiempo en esa palabra. Mantente en la palabra todo el tiempo de tu existencia, aunque haya sido solamente un versículo, aunque no hayas conocido todo lo demás. Si te estás manteniendo en esa palabra, estás construyendo obediencia.

En Mateo 24, Jesús enseña: «Aquel que perseverare hasta el fin, este será salvo.» El que se mantiene en la palabra que yo le he dado, este será salvo.

El ejemplo de la viuda de Sarepta

En 1 Reyes, cuando el profeta Elías es enviado por Dios, Él le dice: «Vete a la región de Tiro porque yo he ordenado allí a una mujer viuda que te sustente.»

Cuando el profeta llega, se encuentra que la mujer que Dios ha ordenado para sustentarlo era una viuda con un hijo, lo que significaba que no tenía provisión. Pero el texto dice: «Yo he ordenado a una mujer que te sustente.»

Cuando Elías llega y le pide agua y una torta, la mujer responde: «Yo no tengo nada. Lo único que tengo es la última ración que alcanza para mi hijo y para mí, y después esperar la muerte porque no tenemos nada.» Había tres años y medio de escasez.

¿Qué significa esto? Que la obediencia se construye cuando nos mantenemos en la palabra, no en nuestros deleites, no en nuestros gustos. Si el Señor lo dijo, tengo que caminar en esa palabra.

Las consecuencias de abandonar la palabra

Cuando Dios nos ha entregado una palabra y la abandonamos, tenemos un claro ejemplo de destrucción total. Hasta el día de hoy estamos sufriendo las consecuencias de un hombre llamado Adán y una mujer llamada Eva que se apartaron de la palabra.

«Por la desobediencia de un hombre, los muchos fueron constituidos pecadores. Por la obediencia de un hombre, los muchos serán constituidos en justos.»

El ministerio verdadero

Tú tienes un ministerio de parte de Dios. El ministerio no consiste en estar detrás de un púlpito. El ministerio consiste en mantenerte en la palabra que Dios te ha entregado. Cuando lo entiendas y te mantengas firme en esa palabra, vas a libertar regiones enteras aunque no estés detrás de un púlpito.

Esto es algo que tenemos que entender, porque casi siempre los parámetros que tenemos de lo que es un ministerio son bastante deformados y distorsionados por la filosofía religiosa que se ha proliferado abundantemente en nuestro día.

Primera forma de construir obediencia: Mantente en la palabra.

Segunda forma: A través del sufrimiento y la persecución

En Hebreos 5:8 leemos:

«Y aunque era hijo, por lo que padeció, aprendió la obediencia.»

La segunda forma de construir y ganar obediencia es el sufrimiento, el dolor, la persecución, el oprobio, la difamación. Todo lo que el enemigo envía para desvirtuarte y tirarte por tierra es la forma que Dios usa para construir obediencia en aquellos que son perseguidos, oprimidos, difamados, retenidos y odiados.

Es la forma que Dios establece para construir obediencia. Aunque era Hijo, hablando de Cristo Jesús, por lo que padeció aprendió obediencia.

La obediencia de Cristo hasta la muerte

En Filipenses 2:8 encontramos el nivel de obediencia alcanzado:

«Y hallado en la condición como hombre se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz.»

No fue una muerte instantánea donde no sufrió ni padeció. El apóstol hace esta aclaración porque la muerte por crucifixión era la más dolorosa.

Cuando usted lee el relato de la crucifixión, sabe que había dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda, y les rompieron las piernas. ¿Sabe por qué? Porque era el único punto de apoyo. La crucifixión tenía principalmente el propósito de asfixiar, de morir por asfixiamiento después de una agonía dolorosa.

El crucificado se alzaba sobre los pies para evitar el asfixiamiento. Por eso les rompían las piernas: para que no tuviera punto de apoyo y la muerte agónica fuera final y firme.

Cristo Jesús entregó el espíritu a las tres de la tarde. ¿Por qué? Porque en Juan 10 dice: «Nadie me la quita. Hablando de la vida, nadie me la quita, yo mismo la pongo. Este fue el mandamiento que Dios, mi Padre, me entregó.»

En Filipenses 2:8: «Hallado en la condición como hombre se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz.»

El aguijón en la carne de Pablo

En 2 Corintios 12:7 encontramos otro ejemplo:

«Y para que la grandeza de las revelaciones no me levante desmedidamente, me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee para que no me enaltezca sobremanera.»

El apóstol dice que tres veces le pedía al Señor que se lo quitara. Está hablando de un mensajero de Satanás. ¿Qué es un mensajero de Satanás? Un demonio. El apóstol está diciendo que tenía un demonio operando en su cuerpo.

En 1 Tesalonicenses 2, Pablo dice claramente: «Yo quise ir a vosotros una y otra vez, pero Satanás me embarazó.» La versión revisada usa una palabra más liviana: «me estorbó», pero el original habla de algo que operó desde dentro del apóstol.

Él está hablando de un mensajero de Satanás, una enfermedad. Pero en ese texto se entiende que esto venía de parte de Dios. Dios lo estableció. ¿Para qué? Para que pasara por los procesos. Pablo tenía que aprender a ser obediente.

La lección para nosotros

Las personas que somos muy autonómicas, independientes, que tenemos la tendencia a ser independientes, tenemos que aprender sujeción, tenemos que aprender obediencia.

¿Cómo se alcanza la obediencia? ¿Cómo se desarrolla en la persona? Pasar los procesos. No hay otra forma.

Esto viene de parte de Dios. Usted no lo puede reprender diciendo: «Yo reprendo la persecución, yo reprendo al diablo que me está agobiando.» No, porque viene de parte de Dios. Dios lo ha determinado así.

¿Para qué? Porque leímos en Hebreos 5:8: «Y aunque era hijo, por lo que padeció, aprendió la obediencia.»

No reniegue de los procesos

No reniegue de los procesos. No abortemos la obra de Dios queriendo salir, queriendo escapar, queriendo detener los procesos a los cuales Dios nos ha sometido. ¿Por qué? Porque al final lo que va a salir es un hombre obediente, con una naturaleza obediente. Lo que va a salir es una mujer obediente. La transformó de desobediente, de rebelde, de reaccionaria, en una mujer obediente.

Por eso el apóstol Pablo escribe: «Esta leve tribulación momentánea opera en vosotros un peso de gloria.»

Tenemos que entender lo importante que es pasar por los procesos que han venido a nuestra vida, aquellos que son parte de la obra de Dios. Por supuesto, muchas veces por insensatez provocamos situaciones que no necesariamente tendrían que haber estado. Pero cuando estamos caminando conforme a la voluntad de Dios, Dios nos introduce en esos procesos.

Segunda forma de construir obediencia: No reniegue de los procesos de sufrimiento y persecución que Dios permite.

Tercera forma: No conformándose, sino avanzando siempre

En 1 Pedro 1:14 leemos:

«Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia.»

La tercera forma es: no nos podemos detener. No podemos llegar a un punto de decir: «Ya lo alcancé, ya lo logré, ya me gradué, ya lo hice, ya soy perfecto.» No podemos llegar a ese punto. No os conforméis.

No desarrollemos la actitud de: «Ya lo tengo todo, me he leído tantas veces la Biblia, conozco Su palabra, tengo mucho conocimiento de Su palabra.» No podemos llegar a eso porque estaríamos renunciando a lo que Dios ha establecido.

El ejemplo de Nabucodonosor

Precisamente por eso Nabucodonosor, cuando usted lee el libro de Daniel, vivió siete años de su existencia como una bestia, como un animal. Dios le quitó el espíritu y lo hizo habitar en el monte juntamente con las bestias del campo. Era una bestia más.

Dios le habló a Nabucodonosor, le mostró un sueño de un árbol frondoso y alto. Cuando Daniel le interpretó el sueño le dijo: «Ese eres tú, que has llegado tan encumbrado de parte de Dios, porque había sido de parte de Dios, pero no le habías dado la gloria a Dios.»

Llegó una tarde, dice el texto, cuando él contemplaba todo su reino y su palacio que había construido, y dijo: «¿No es esta la Babilonia que yo he formado, he hecho para mi gloria?» Y allí fue traspasado hasta que entendiera que el Dios del cielo tiene autoridad sobre los hombres.

La advertencia

No podemos caminar en la arrogancia de creer que por nuestras fuerzas hemos alcanzado lo que hemos alcanzado. No podemos caminar en la vanidad de un conocimiento como para desplazar a Dios de nuestras vidas.

El ejemplo de Pablo

El apóstol Pablo dice en Filipenses: «Yo no pretendo haberlo alcanzado todavía.» Este es el hombre que en Romanos dice: «Desde Jerusalén hasta Ilírico, todo lo he llenado con el evangelio del reino de los cielos.»

Cuando usted ubica esos dos puntos se da cuenta de que es una vasta extensión de terreno que incluye la tierra prometida, Turquía, Grecia y parte de Macedonia. Todo eso él dice haberlo llenado con el evangelio, sin un vehículo, sin transporte propio, exponiendo su vida. Pero no se conformó.

Cuando está escribiendo su epístola a los Romanos, dice: «Yo espero que después de haberles visitado a ustedes, ustedes me conduzcan hasta España, porque quiero ir también hasta España.»

No se conforme. No nos conformemos diciendo: «Ya llegué, ya lo alcancé todo, ya me gradué, ya no hay más que hacer.»

El Señor nos amplía la visión para alcanzar regiones y formas que antes no habíamos visto, para extender la obra a la cual Él nos ha llamado.

Tercera forma de construir obediencia: Adoptar la visión del reino, seguir hacia adelante sin conformarnos.

Conclusión: La Obediencia como Naturaleza

La obediencia no es una conducta. La obediencia no es un comportamiento. La obediencia no es la respuesta afirmativa a instrucciones que nos dan. Esos son acciones.

La obediencia es una naturaleza, es una esencia, es una transformación, es una vida completa.

Señales de que hemos entrado en la obediencia

Sabemos que hemos entrado a los procesos de obediencia cuando:

  • No nos enojamos por las cosas que acontecen
  • No nos rebelamos porque no hemos obtenido las cosas que le habíamos pedido al Señor
  • No hay reactividad diciendo: «Esto ya no lo aguanto, quién puede aguantar esta situación, quién puede tolerar esto»

Como dice el apóstol: «Olvidando ciertamente lo que queda atrás, extendiéndome al premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús.»

Resumen: Tres Atribuciones para Ganar Autoridad

Hemos estudiado tres atribuciones para ganar autoridad espiritual:

1. Santidad

Entendida como ausencia de contaminación. Esto nos lleva a entender la necesidad de someternos a liberación.

«Prestos a castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea cumplida.»

¿Cómo pretendemos expulsar demonios? ¿Cómo pretendemos establecer autoridad frente a la fuerza de las tinieblas si no hemos pasado por una descontaminación de nuestros cuerpos?

Muchos hemos vivido en prácticas agoreras, de hechicería, brujería y espiritismo, y hemos dicho: «Es que yo ya no lo hago.» Pero una vida que no ha sido confesada es una vida que todavía mantiene vivas las fuerzas de las tinieblas que los llevaron a esas prácticas.

Todos necesitamos liberación. Si decimos «aquel lo necesita y yo no», en realidad nos estamos evitando participar de esta obra grande del Espíritu de Dios que está levantando en estos últimos tiempos para establecer Su reino sobre la faz de la tierra antes de la venida de Cristo Jesús.

2. Revelación

Caminar en el conocimiento que Dios entrega por Su Santo Espíritu para derribar estrategias enemigas.

3. Obediencia

Desarrollar la naturaleza de obediencia mediante:

  • Mantenerse en la palabra de Dios
  • Pasar por los procesos de sufrimiento que Dios permite
  • No conformarse, sino seguir adelante en la visión del reino

Que el Dios eterno, el Todopoderoso, abra nuestros ojos para que podamos ver en estas instrucciones un llamado, un llamado profético, un llamado apostólico, para trabajar en estos últimos tiempos, no detrás de un púlpito, posiblemente ni siquiera patrocinado por una iglesia, sino para que podamos trabajar estableciendo el reino de Dios en el barrio, en la comunidad, en el condominio, en el negocio, en la ciudad, en el país donde Él nos ha hecho habitar.

Que la paz del Señor esté con usted y con su casa. Amén.



pastor Pedro Montoya


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