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Cómo Ganar Autoridad Frente al Enemigo: El Poder de la Santidad



Introducción: Un Tiempo de Gracia y Misericordia

La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, al Creador del cielo y de la tierra, por este tiempo que Él nos concede. Es un tiempo de gracia, es un tiempo de misericordia. Cada vez que nos presentamos ante la Palabra de Dios, cada vez que nos exponemos ante el poder del Espíritu Santo, es un tiempo de gracia y de misericordia, porque no es de todos—es solamente de aquellos de quienes el Señor ha tenido misericordia.

No podemos ver estos tiempos de exposición ante la Palabra como una simple oportunidad para aprender o conocer más de la Biblia. Son tiempos de gracia, son tiempos de misericordia. ¿Por qué y para qué? Porque el Señor está próximo a venir, más de lo que nosotros mismos podemos pensar. Pero el pueblo de Dios no está preparado, la Iglesia no está preparada para recibir la venida de Cristo Jesús.

La Parábola de las Diez Vírgenes

Conocemos la parábola del Evangelio de Mateo capítulo 25, la parábola de las diez vírgenes. Esta parábola nos ilustra lo que sucede con el pueblo creyente, con el pueblo de Dios, con los hijos de Dios. Cinco estaban preparadas y las otras cinco no. Tenían el conocimiento, tenían la comisión, lo tenían todo—lámparas, linternas—pero no estaban preparadas para los imprevistos del momento cuando el esposo vino. Solamente cinco estuvieron preparadas.

Esta parábola nos está mostrando que exactamente lo mismo sucederá a la venida de Cristo Jesús. Muchos tenemos el conocimiento—Cristo viene, es el mensaje que se predica, es el mensaje que se proclama. «Cristo viene y viene pronto, ven por tu Iglesia, Señor», decimos en muchas ocasiones. Pero la gran realidad de la Iglesia es que no está preparada para recibir al Señor.

Por lo tanto, le doy gracias al Señor por estos tiempos, porque no es para recibir conocimiento, no es para saber más, no es para conocer más—es precisamente para prepararnos, para estar listos para recibir al Señor. Y ese es el propósito.

La Salvación Presente y la Necesidad de Liberación

Estamos estudiando el tema de la salvación y hemos establecido que la salvación no solamente es escatológica. La salvación tiene un aspecto presente mientras nosotros todavía estamos viviendo sobre la faz de la tierra. Dentro del aspecto presente de la salvación, hemos estudiado que la sanidad es también salvación. Y el segundo tema que estudiamos es que la liberación es también salvación.

Todos Necesitamos Liberación

Muchas personas—y estoy hablando de hombres y de mujeres de Dios—no tienen el conocimiento de lo que es la liberación. En una gran mayoría, me atrevo a decir que más de un 80% del pueblo de Dios creen que la liberación es solamente para el que hizo pacto con Satanás. Me refiero al que invocó al demonio e hizo pacto con él, un pacto de riqueza, un pacto de protección, como sea el caso.

Pero tengo que decirles: todos, sin excepción, todos tenemos necesidad de liberación. ¿Por qué? Porque la Palabra lo dice claramente: «El día que de él comiereis, de seguro morirás». Y el apóstol Pablo, por el Espíritu de Dios, dice claramente: «Estábamos muertos en delitos y pecados».

El Punto de Tranque

Este es el punto de tranque de muchos hombres y mujeres de Dios, que dicen: «Pero es que yo ya acepté a Cristo Jesús, es decir, yo pasé de muerte a vida, yo ya estoy fuera del alcance del enemigo». Quiero que te expongas ante esta Palabra.

¿Aceptaste a Cristo Jesús? De hecho, muchos no se arrepintieron de su vida pasada. Y la Palabra del Señor dice que para poder entrar al reino de Dios es por medio de arrepentimiento. Muchos no se han arrepentido de su vida pasada—es decir, la dejaron, la abandonaron, ya no la practican—pero eso no quiere decir que la has dejado completamente.

Si no nos hemos arrepentido de la vida pasada con todos sus hechos, con toda su perversidad, con toda su maldad y con todo su pecado, todavía está vigente hasta el día de hoy. Y esa vida vigente, pasada, de pecado, de perversidad, de maldad, está siendo arrastrada y alcanzando a todos aquellos que aceptaron a Cristo Jesús.

Las Cosas No Cambian de la Noche a la Mañana

Número dos: las cosas no cambian de la noche a la mañana tan sólo porque aceptaste a Cristo Jesús, si no ha habido arrepentimiento. Todas las cosas que se practicaron siguen, siguen detrás de la persona que aceptó a Cristo Jesús. Allí está la necesidad de liberación.

Lo hemos ilustrado en casos como, por ejemplo, cuando el pueblo de Israel salió de Egipto. Dejaron de ser esclavos, cambiaron su ropa, cambiaron su forma de vestir, cambiaron su calzado, cambiaron todas sus costumbres, su forma de conducir—se lo cambiaron todo. Pero llegó un momento cuando salió a la luz lo que todavía estaba en el corazón. «Nos acordamos», dijeron ellos, «nos acordamos de lo que comíamos en Egipto». Y eso no es otra cosa más que la evidencia de que la vida vigente del pasado todavía está persiguiendo a la persona, que tiene momentos de reactivación.

Es una reactivación real y es una reactivación legítima. Y en muchas ocasiones hay quienes dicen: «El enemigo me tentó». No, no fue tentado. El apóstol Santiago, en el capítulo 1, versículo 14, dice: «No diga que es tentado de Dios ni es tentado del mal, sino que cada uno, de acuerdo a su concupiscencia, es decir, de acuerdo a lo que hay dentro todavía, es lo que lo seduce y lo que lo conduce a reactivar parte de aquella vida pasada».

La Falta de Crecimiento Espiritual

El propósito es mostrarle que mientras una persona está en Cristo Jesús, está formando parte de una congregación, está formando parte de una iglesia, pero no ha pasado por proceso de liberación, todavía aquella vida está activa, está vigente y está alcanzando la vida de la persona, sus ejecutorias, sus obras, todo lo que aprende.

Ahora podría usted entender por qué razón hay hombres y hay mujeres que han formado parte de una congregación, que han formado parte de una iglesia y tienen años, pero sin embargo no ha habido crecimiento, no ha habido desarrollo. No ha habido crecimiento en la fe, pese a que en algunos casos tienen 10, 15 y en muchos casos hasta más años de estar dentro de la iglesia.

En otros casos hay quienes dicen: «Pero yo nací dentro de la iglesia». Sí, pero eso no es una garantía, porque la Palabra del Señor establece las condiciones para poder entrar al reino de los cielos. Hay personas que nacieron efectivamente dentro de una iglesia, pero si no se han arrepentido, si no han pasado por el proceso del arrepentimiento, no han entrado al reino de los cielos, aun cuando muchas veces están formando parte de actividades o de ministerios internos dentro de la iglesia.

El Pan de los Hijos

Es importante que nosotros entendamos porque cuando Jesús dijo claramente: «No es bueno darle el pan de los hijos a los perrillos», está hablando precisamente de la liberación. ¿Para quién es el pan de los hijos? ¿Para quién es la liberación? No es para el mundo, no es para aquel que está sumergido en actos de perversión o de pecado—es para los que hemos salido, es para los que hemos aceptado, pero que todavía están siendo envueltos por una vida que está vigente todavía en ellos.

Ganando Autoridad Frente a las Fuerzas de las Tinieblas

En esta enseñanza vamos a comenzar una serie que tiene que ver con respecto a la autoridad. ¿Cómo ganamos autoridad ante las fuerzas de las tinieblas? Por supuesto, habiendo pasado por liberación. Si la persona no pasa por liberación, si la persona no entra en un proceso de liberación, no puede ganar autoridad. Y esto es lo primero que quiero establecer.

No puedes ganar autoridad frente al demonio si no has roto, si no has cortado, si no has deshecho el lastre de pecado, el lastre de la vida pasada que todavía está vigente. No se puede. Es necesario que nosotros cortemos el cordón umbilical que nos une para que entonces podamos ahora sí ganar autoridad frente al demonio.

Esta enseñanza la vamos a presentar en tres enseñanzas consecutivas. Hoy comenzamos precisamente con una de ellas: cómo ganar autoridad frente al demonio, frente a Satanás, frente a las fuerzas de las tinieblas. O también podría ser: ¿Qué hay después de la liberación? ¿Qué sigue después de la liberación? ¿Qué es lo que nos compete hacer?

Primera Clave: La Santidad

El Brazo de la Santidad de Dios

Número uno: por medio de la santidad. Quiero llevarlo a la Palabra. En Isaías, en el libro del profeta Isaías capítulo 52, en el versículo 10 dice:

«Jehová desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todas las naciones, y todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

Vean la relación que el profeta por el Espíritu de Dios establece en cuanto a la liberación. La liberación, que también es salvación, se establece por medio de la santidad. No hay otra forma. Nosotros, hombres y mujeres de Dios, no podemos innovar el mensaje del Evangelio. No podemos, no debemos. ¿Por qué? Porque nos estaríamos levantando en contra de Dios.

La Palabra No Puede Ser Alterada

La Palabra de Dios se establece y no permite, no tolera que el hombre, que la mujer quieran alterar la Palabra de Dios. Hoy en día hay apostasía dentro de la Iglesia y la apostasía significa precisamente alteración de la Palabra de Dios. Muchos decimos: «No hay necesidad de ser tan estricto. No hay necesidad de ser tan radicales, tan sólo cree—Dios lo que mira es tu corazón».

Búsquenlo en la Palabra. Búsquenlo en la Palabra y usted se va a dar cuenta que eso es filosofía, filosofía religiosa, pero no el mensaje de la Palabra del Señor.

«Déjame ir a enterrar a mi padre», le dijo uno de sus discípulos, y Jesús le respondió de forma contundente, de forma radical: «Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme». Y en otra ocasión el Señor expuso la enseñanza: «Si alguno pusiere la mano en el arado y mira atrás, no es digno de ser mi discípulo».

El mensaje del Evangelio no permite alteración. Alterar o querer alterar la Palabra de Dios se conoce en las Sagradas Escrituras como apostasía. Y de eso la iglesia actual, la iglesia contemporánea—me duele decirlo—pero la iglesia contemporánea está plagada. ¿Por qué? Porque no están siguiendo la enseñanza, la doctrina del Evangelio del reino de los cielos, sino que están siguiendo filosofía. Es una filosofía religiosa.

La Relación Directa entre Santidad y Liberación

Vuelvo a Isaías capítulo 52, versículo 10. Vea la relación que el Señor, por su Santo Espíritu, establece entre la liberación y la santidad:

«Jehová desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todas las naciones, y todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

La relación es una relación directa. Para poder disfrutar de la liberación que Dios nos ha entregado, para poder ganar autoridad ante las fuerzas demoníacas, ante Satanás, no se puede hacer sin santidad. Esto es lo que nosotros tenemos que entender. Y esto es lo que nosotros tenemos que saber establecer—no es solamente conocerlo, sino establecerlo en nuestras vidas y caminar, por supuesto, de acuerdo a esta Palabra.

Porque de qué nos serviría decir, inclusive aprendernos de memoria este versículo, si no lo llevamos a la práctica, si no lo ejercitamos, si no lo ejecutamos. De qué realmente nos serviría—no nos serviría de nada. Al contrario, se constituiría en un juicio sobre nosotros. ¿Por qué? Porque dice la Palabra que «todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado».

Por lo tanto, conocer la Palabra sin llevarla a cabo es equivalente a entrar en juicio delante de la presencia del Señor. Y déjeme decirle, ya que estamos en este punto: hay muchos hombres y hay muchas mujeres que están ahora mismo pasando por procesos de juicio y no lo saben. Muchos de ellos están viendo aquello como proveniente de Satanás y están reprendiendo. ¿Cómo es posible que no conozcan qué es lo que están pasando? Precisamente porque han alterado la Palabra de Dios y están siguiendo sus propias conclusiones, sus conclusiones religiosas.

El Mensaje del Nuevo Testamento

Esto en cuanto al Antiguo Testamento. Quiero llevarlo al Nuevo Testamento. Voy al libro de Hebreos, capítulo 12. En el versículo 14, vea que este es el mensaje de la Biblia entera, porque algunos dicen: «Ya no estamos bajo el Antiguo Testamento, estamos bajo el Nuevo Testamento». Errando, como Jesús dijo: «Erráis ignorando las Escrituras», porque la Palabra de Dios no ha caducado, es la Palabra de Dios. Dios no ha cambiado.

Pero vea lo que dice Hebreos capítulo 12 en el versículo 14:

«Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor».

Sin santidad nadie verá al Señor, y la salvación viene de Jehová. Por lo tanto, entonces, si sin santidad nadie verá a Jehová, sin santidad nadie mantendrá la liberación que Dios le ha entregado.

Y esto es bien importante que cada uno, hombres y mujeres que nos confesamos como hijos de Dios, que hemos dicho «yo acepté a Cristo Jesús», tengamos presente y sobre todas las cosas que caminamos conforme a lo que la Palabra del Señor establece: cómo ganar, cómo mantenernos en la liberación que Dios nos ha entregado—por medio de la santidad.

¿Qué Es Santidad?

Un Concepto Equivocado

Muchos de nosotros tenemos un concepto bien equivocado de lo que es santidad, porque de nuevo, repito, muchos estamos caminando por conceptos religiosos, no por la Palabra de Dios. Hemos aceptado todo lo que hemos escuchado o todo lo que hemos recibido como válido, creyendo que está en la Palabra de Dios. Cuando usted estudia la Palabra de Dios, se da cuenta que mucho de lo que hemos escuchado de un púlpito, mucho de lo que hemos recibido, no está dentro de la Palabra de Dios.

Y decía, muchos tenemos un concepto equivocado de lo que es santidad. Santidad no tiene que ver con ropa, la santidad no tiene que ver con atuendos, la santidad no tiene que ver con rituales, inclusive no tiene que ver nada con eso. Mucho de ese conocimiento que hoy prevalece dentro de muchos círculos cristianos surgió en la Edad Media y todavía se mantiene precisamente porque no hay profundidad en la Palabra de Dios. No entramos a la Palabra de Dios para profundizar y para conocer.

Sencillamente, en muchos de los casos, hombres y mujeres resultamos repitiendo lo que escuchamos de otras personas, resultamos copiando lo que escuchamos de otras personas, y ahí está el fallo que se está multiplicando. Y yo diría mejor: reciclando, reciclando toda la perversidad en la cual se ha vivido hasta el día de hoy.

Sin santidad nadie verá a Dios.

La Definición Bíblica de Santidad

¿Qué es santidad? Se lo voy a presentar como la Palabra del Señor lo presenta, porque tenemos que caminar conforme a la Palabra, no conforme a diccionarios religiosos que muchos de ellos, o concordancias, no están fundamentados en la Palabra, sino en declaraciones de salones teológicos que distan mucho de lo que la Palabra del Señor establece.

Quiero llevarlo a Efesios capítulo 6, un texto bien conocido por todos nosotros, el versículo 12. Si tiene la oportunidad de hacerlo—que confío que sí, porque si estamos exponiéndonos ante la Palabra, tenemos que tener la Palabra frente a nosotros—busque el versículo 12. Todos lo conocemos:

«Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales de maldad en los aires».

No tenemos lucha contra sangre y carne, todos lo sabemos. Pero pese a que lo sabemos, muchas veces descartamos el ejercicio de la liberación. Aquí lo dice claramente: no tenemos lucha contra sangre y carne. Nuestra lucha es contra Satanás y contra toda la jerarquía que Satanás ha desarrollado en el mundo entero y que lo ha apostado en el mundo entero, la jerarquía que él ha establecido.

Todos, todos tenemos lucha. Y no es solamente los que practican la perversidad, no—todos sin excepción. ¿Quiénes son todos? Todos aquellos que hemos aceptado a Cristo Jesús, todos aquellos que nos hemos confesado como hijos de Dios.

¿Por qué? Bueno, si usted va al libro de Génesis en el capítulo 3, el Señor mismo le dijo: «Tú simiente, tú simiente», le dijo a Eva, «tú simiente le aplastará la cabeza»—le aplastará la cabeza a la simiente de la serpiente. Y luego a continuación le dice: «Y la simiente de la serpiente morderá tu calcañal, o sea tu talón».

Allí está. Y no se trata solamente de que la simiente de la mujer es Cristo. Bueno, si todos somos hijos de Dios, lo que le aplica a Él nos aplica también a nosotros. Por lo tanto, entonces, aunque digamos: «Bueno, pero es que la simiente de la mujer es Cristo», hermano, por extensión y por afiliación al cuerpo de Cristo, esto nos afecta a nosotros.

No tenemos lucha contra sangre y carne. ¿Quiénes son todos ellos? Nosotros. Nosotros, los que formamos parte del cuerpo de Cristo.

Santidad Es Ausencia de Contaminación

Ahora observe lo siguiente: estamos claros y entendidos de que estamos en guerra y es una guerra espiritual, y para entrar en la guerra espiritual se necesita autoridad. Muy bien, ¿cómo ganamos la autoridad?

En el mismo libro, Efesios, vaya al capítulo 5 ahora. Puede ser que sea en la misma página. Vaya al capítulo 5 y leamos en el versículo 27. Observe lo que dice:

«Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha».

Este versículo nos está explicando en qué consiste la santidad, qué es santidad, cómo la Palabra lo define. Santidad es ausencia de contaminación. Santidad es ausencia de contaminación.

En un hombre de Dios, en una mujer de Dios que está caminando en santidad, no puede haber—óigalo bien—no puede haber contaminación.

La Ley Espiritual de la Autoridad

¿Por qué hay hombres? ¿Por qué hay mujeres que aún formando parte de una congregación, que aún formando parte inclusive hasta de un ministerio, no tienen autoridad frente al demonio? ¿Por qué? Precisamente porque tienen contaminación.

Hay una ley y es una ley espiritual que quiero presentársela ahora: No podemos nosotros reprender lo que nosotros mismos auspiciamos. No podemos reprender lo que nosotros mismos auspiciamos.

Si hay contaminación en nuestras vidas, si hay contaminación en nuestras vidas, ¿cómo vamos a reprender a Satanás si hay elementos de Satanás en nuestras vidas? ¿Cómo nosotros lo vamos a reprender? No hay autoridad. No hay autoridad.

Y este es el gran problema que existe en hombres y que existe en mujeres de Dios. ¿Por qué? ¿Y a qué me refiero? Porque lamentablemente han hecho conexión con el mundo, han hecho alianza con el mundo, han integrado al mundo a su pertenencia. Y por lo tanto, no pueden tener autoridad. Jamás tendrán autoridad.

No podemos nosotros reprender a Satanás si hay partes de Satanás en nuestras vidas. Y esto es algo que, aunque está en la Palabra de Dios, muchos nos resistimos a abandonar, a abandonar el mundo.

¿Qué es santidad entonces? Ausencia de contaminación.

La Contaminación Que Nos Impide Tener Autoridad

Quiero llevarlo a Segunda de Corintios, capítulo 7, versículo 1. Este es un texto también bien conocido y es improbable que haya quienes lo conozcan, inclusive hasta de memoria:

«Así que amados, pues que tenemos tales promesas, observe, limpiémonos de toda inmundicia».

En la versión de 1960 dice «de toda contaminación», en la versión de 1909, que es la que yo estoy usando, dice «limpiémonos de toda inmundicia». Y vea las fuentes que producen inmundicia: de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en el temor de Dios.

Vea que todos los pasajes que estamos utilizando están usando también la palabra santidad o santificación, que es santidad—ausencia de contaminación.

El Caso de Acán

No podemos… estoy recordando el caso del libro de Josué en el capítulo 7. Vea lo que el Señor le dijo cuando sucedió acerca del anatema de Acán. Dice en el capítulo 7, versículo 11:

«Israel ha pecado y aún han quebrantado mi pacto que yo les había mandado, pues aún han tomado del anatema».

Tome nota: «Han tomado del anatema y hasta han hurtado y también han mentido y aún lo han guardado entre sus enseres».

Dice el versículo 12: «Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos».

Y esto que estoy leyendo no aplicó solamente al pueblo de Israel. Este es el gran problema que muchos de nosotros tenemos: «Ah, pero es que eso fue para Israel. Eso fue para el pueblo de Israel y qué nos queda a nosotros». Esto también nos aplica a nosotros, hermanos, esto nos aplica a nosotros.

Sigo leyendo, versículo 12:

«Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán las espaldas, por cuanto han venido a ser anatema. Ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros».

¿Qué es santidad? Santidad es ausencia de contaminación.

Tú no puedes reprender al demonio si hay contaminación en ti. No puedes. La Palabra no te da apoyo en esto, no te da apoyo. La Palabra no nos autoriza.

Los Hijos de Esceva

En Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 19, de seguro que usted ha leído el caso de unos hijos de Esceva, principal de la sinagoga, dice la Palabra. Que escucharon a Pablo, atendieron a Pablo y pusieron en práctica las enseñanzas de Pablo, y encontraron a una persona que estaba poseída y reprendieron al demonio.

El demonio interactuó con ellos y les dijo: «A Jesús conozco, a Pablo también, pero vosotros ¿quiénes sois?». Y conoce el relato: fue en contra de ellos y los golpeó, los dañó, tanto así que salieron desnudos corriendo de la presencia del demonio.

No podemos, entre tanto haya contaminación en mi vida, entre tanto haya contaminación en mi casa, no puedo reprender al demonio. Entre tanto haya contaminación en tu vida, entre tanto haya contaminación en tu casa, entre tanto tú toleres contaminación entre los tuyos, tú no podrás reprender al demonio. Al contrario, le darás la espalda. Eso es lo que acabamos de leer: Josué capítulo 7, versículo 12—le darás la espalda.

Y esto es lo que en la realidad encontramos en muchos hogares de creyentes hoy en día.

El Origen de Muchas Enfermedades

Hay algunas personas que no les gusta escuchar que esa enfermedad por la cual estás pasando no ha venido de parte de Dios, que esa enfermedad—a la que tú has aceptado—se debe a que te has sujetado a elementos que no vienen de parte de Dios. No ha venido realmente de parte de Dios, sino que es el demonio que ha tomado ocasión en tu vida.

¿Por qué? Muchos decimos: «Pero yo no le hago mal a nadie, yo no he hablado mal de nadie, pero es que estoy yendo a la iglesia». Decimos nosotros: «Estoy yendo a la iglesia, me estoy congregando dos, tres veces en semana». Y lo hemos dicho en otras ocasiones: el asistir o el ser parte de una iglesia no es la garantía. La única garantía que nosotros tenemos es la Palabra de Dios.

Si nosotros no caminamos conforme a la Palabra de Dios, no tenemos garantía frente al demonio. Mientras un hombre de Dios mantenga contaminación, mientras una mujer de Dios mantenga contaminación en su vida, en su casa, entre sus prendas, entre sus enseres, en su propiedad, no podrá—le dará la espalda al enemigo.

Eso es lo que quiere decir: es que en lugar de tú hacerlo correr, de hacerlo huir, eres tú el que vas a salir huyendo. Y eso es lo que ha pasado en muchos hogares—la persona sale huyendo de la presencia del enemigo.

El Estatuto de la Santidad

Mire, hay una situación aquí en el libro de Deuteronomio bien importante que quiero mencionársela, en el capítulo 23. Vea que todo esto estaba establecido y está establecido como estatuto de parte del Señor, y estatuto lo que significa es algo que Dios quiere que así se haga. De lo contrario, no podrás resolver absolutamente nada.

Mire lo que dice en el capítulo 23, voy a leer el versículo 9 y versículo 10:

«Cuando salieres a campaña contra tus enemigos»—ponga mucha atención a esto—«guárdate de toda cosa mala. Cuando viere en ti alguno que no fuere limpio por accidente de noche, se saldrá al campo y no entrará en él».

Los textos que estamos revisando nos están diciendo que nadie, nadie, nadie puede tener, puede ganar, desarrollar autoridad si todavía está auspiciando la obra de Satanás o le está permitiendo o le está tolerando.

No eres tú, no es tu esposo, no es tu esposa, pero si en tu casa hay alguien que sí lo está haciendo y tú estás permitiendo y tú lo estás tolerando, es equivalente como si tú mismo lo estuvieras haciendo. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios así lo dice, así lo establece la Palabra del Señor—que aquel que no impide que se siga ejecutando algo es equivalente a que él mismo también lo estuviera haciendo.

Por lo tanto, entonces, para ganar autoridad frente al demonio, número uno: santidad. Y esta es la enseñanza que estamos presentando hoy: santidad. Sin santidad nadie verá al Señor, y por lo tanto, si no vemos al Señor, es porque el Señor se ha alejado, es porque el Señor se ha retirado, y por lo tanto no podemos nosotros tener los beneficios de la salvación si el Señor se ha retirado.

No podemos nosotros engañarnos, no podemos decir: «Bueno, el Señor se fue, pero estoy gozando, estoy disfrutando de los beneficios del Señor». Los beneficios del Señor le pertenecen al Señor y Él los da cuando Él está en medio de su pueblo.

Separación del Mundo

Ahora quiero ir a Segunda de Corintios nuevamente, pero en esta ocasión al capítulo 6, versículo 14. Hasta el versículo 16 también es un texto que muchos de nosotros conocemos, pero repito: no estamos viviendo conforme a él.

«No os juntéis en yugo con los infieles, porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel? ¿Y qué acuerdo el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo».

Mire cómo termina, versículo 17:

«Por lo cual salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré».

El Peligro de las Alianzas con el Mundo

Ahí hay una gran cantidad de pueblo de Dios que ha hecho alianzas con el mundo y ha introducido al mundo en su casa y ha llevado elementos del mundo y los ha plantado en su casa.

Sepa que en el tiempo antiguo, en el tiempo de Manasés, un rey que gobernó el reino de Israel, llegó a tal grado que introdujo una diosa pagana al templo de Jerusalén y la presentó—oiga bien—la presentó como la esposa de Dios. En los libros proféticos se presenta como el celo que hace cela. Introdujo esta diosa pagana, la puso al lado del altar de Dios y la presentó como la esposa de Dios.

Y cuando nosotros leemos o escuchamos, de seguro que decimos: «Guau, qué horrendo, qué horrible, qué difícil. ¿Cómo era posible que hiciera eso?». Sepa que lo mismo hacemos nosotros. Sepa que lo mismo estamos nosotros haciendo hoy en día. Hemos introducido al mundo y lo hemos introducido y le hemos dado el carácter, el valor de nuestra propiedad, de nuestros enseres.

Mientras haya contaminación, no podremos ganar autoridad. Mientras haya contaminación, lo que vamos a hacer es darle la espalda al enemigo.

La Iglesia Apóstata

Hoy en día—y yo tengo que decirlo—hoy en día, la iglesia contemporánea es una iglesia apóstata, es una iglesia contaminada. Me duele decirlo, pero tengo que decirlo. Y mucho pueblo de Dios, mucho pueblo de Dios es un pueblo contaminado, es un pueblo apóstata, es un pueblo que camina en la vanidad de su pensamiento, en la vanidad de su corazón.

Hace un par de días vi una imagen, estamos en los días finales del mes de diciembre, y usted sabe las celebraciones o fiestas paganas que se desarrollan para el 24-25 de diciembre, en la cual—dicho sea de paso—participa mucho pueblo de Dios, a pesar de que sabemos y lo confesamos que es una fiesta pagana. Participamos de una o de otra manera.

Sepa que hace un par de días vi una imagen donde la mitad de la imagen era un árbol de Navidad y la otra mitad era una cruz. Vea qué apostasía la que se ha desarrollado dentro de la Iglesia. Qué apostasía en la que está caminando hoy en día la Iglesia. Qué apostasía en la que está caminando los ministros de Dios. Es abominable lo que nosotros estamos viviendo.

La Responsabilidad del Pueblo de Dios

Revisemos nuestra sociedad y nos vamos a encontrar con que es una sociedad donde hay violencia, una sociedad donde hay crimen, donde hay robo, donde hay maltrato. Y uno se pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué? Porque el pueblo de Dios, el pueblo de Dios está caminando en apostasía.

Quiero llevarlo al libro de Lamentaciones, capítulo 2, vamos a leer en el versículo 14:

«Tus profetas vieron para ti vanidad y locura, y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos».

Vea lo que dice el versículo 16:

«Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca, silbaron y rechinaron los dientes y dijeron: Devoremos. Cierto, este es el día que esperábamos, lo hemos hallado y lo vimos».

Muchas de nuestras sociedades están bajo el gobierno de Satanás. Muchas de nuestras sociedades están bajo el gobierno de Satanás. Y la pregunta es: ¿Por qué? Y la respuesta es: porque hay un pueblo que perdió el sabor y no sirve más para nada, sino para ser echado fuera y hollado por los hombres. Porque hay un pueblo que se jacta de que es luz, pero que camina al son de las tinieblas que gobiernan este mundo.

¿Cómo vamos a tener autoridad de esa manera?

Las Preguntas Que Demandan Respuesta

¿Qué es santidad? Santidad es ausencia de contaminación. No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades. Un capítulo atrás, en el capítulo 5, en el versículo 27, el apóstol por el Espíritu de Dios dice:

«Para presentársela para sí una iglesia sin mancha y sin arruga, ni cosa semejante».

No podemos nosotros tener autoridad frente al demonio si todavía nosotros participamos de las cosas del demonio.

Voy de nuevo al versículo 14, Segunda de Corintios capítulo 6:

«No os juntéis en yugo con los infieles».

No os juntéis. Y el Espíritu de Dios no está diciendo: «Si a ustedes les place, no se junten». No, porque es un estatuto de Dios. No es «si tú quieres», no es «si tú decides». No, es un estatuto de Dios. El Señor está diciendo: «No os juntéis en yugo con los infieles».

Y a continuación hace una serie de preguntas. Y usted sabe que una pregunta necesita respuesta.

Primera Pregunta: Justicia e Injusticia

«¿Qué compañía tiene la justicia con la injusticia?»

Nos presentamos como personas justas, pero toleramos lo que los injustos hacen. Cuando nosotros nos presentamos como justos pero toleramos las injusticias de los demás, es equivalente a como si nosotros también las estuviéramos haciendo.

Segunda Pregunta: Luz y Tinieblas

«¿Qué comunión la luz con las tinieblas?»

La pregunta: ¿Qué comunión la luz con las tinieblas? La respuesta es: ninguna, ninguna.

¿Por qué entonces nosotros toleramos? ¿Por qué entonces nosotros caminamos conforme a y nos conducimos como se conduce el mundo? ¿Por qué entonces? Y sabe qué hacemos: actos de silencio para no ser confrontados.

En el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Jeremías, el pueblo le dice al profeta: «Nosotros hemos hecho pacto con la muerte».

Ese pacto con la muerte, yo le pregunté al Señor qué significa eso del pacto con la muerte, y el Señor me habló y me enseñó: pacto con la muerte lo que significa es voto de silencio.

Tercera Pregunta: El Templo y Los Ídolos

«¿Qué concierto, qué acuerdo el templo de Dios con los ídolos?»

Ninguno. ¿Por qué entonces estamos introduciendo cosas paganas a nuestras propiedades? ¿Por qué estamos introduciendo anatemas entonces y costumbres anatemas? Porque no solamente son objetos, sino que son costumbres anatemas que estamos introduciendo dentro de nuestros ambientes, dentro de nuestra práctica, dentro de nuestra conducta.

Él dice: «Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo».

Si Dios mira contaminación en medio de nosotros, el Señor se retira. Si Él mira contaminación en medio de nosotros, el Señor se retira. No hay autoridad en nuestra vida. Por lo tanto, entonces, es importante que nosotros entendamos la necesidad de vivir en santidad.

Dios Mira el Corazón

En Primera de Samuel 16:7 dice:

«Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho. Porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón».

Cuando las personas dicen: «No importa lo que suceda, porque Jehová lo que mira es el corazón», pero cuando la Palabra nos está diciendo esto, lo que Dios nos está diciendo, la contestación está en Romanos 12:3:

«Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno».

Dios nos está diciendo que nosotros no nos evaluemos nosotros mismos. No pensemos: «Como yo no hago esto, no hago aquello, Dios me perdonó esto, Dios me perdonó aquello, pues estoy bien». Eso no sería el fundamento por el cual nosotros nos vamos a evaluar, sino por el Santo Espíritu que está, que nos redarguye.

Y en momentos dado, David dijo: «Señor, saca a luz lo que yo tenga, mira a ver si hay pecado en mí. Y a lo que me es oculto, déjame verlo».

Pues nosotros tenemos que presentarlo de igual manera, como hizo David, y decir: «Señor, escudriña mi corazón y mira lo que hay y déjame verlo, tráelo a la luz». ¿Para qué? Para traerlo, para trabajarlo.

Conclusión: La Decisión Es Hoy

Es importante que nosotros entendamos: la única forma para ganar autoridad es santidad. Sin santidad nadie verá al Señor. Es el mensaje del Antiguo y es el mensaje del Nuevo Testamento. No es el mensaje religioso, es el mensaje de la Palabra del Señor.

Por lo tanto, entonces, hoy, al habernos expuesto ante esta Palabra, tenemos que tomar decisiones. Tenemos que tomar decisiones. No es una decisión para mañana—la decisión es para hoy.

Pusiste la mano sobre el arado, no mires para atrás. Por ver para atrás, la esposa de Lot quedó convertida en estatua de sal. No mires para atrás. No mires lo que dejaste. No mires lo que entregaste. No mires ni siquiera lo que te atrajo en el tiempo pasado. ¿Por qué? Porque el Señor te está llamando a novedad de vida.

No es aceptar a Cristo Jesús—es arrepentirnos de todo lo que nosotros hicimos, para que entonces podamos vivir en santidad. Sin santidad nadie verá al Señor.

La Promesa de Restauración

En Ezequiel 37:13 dice:

«Y sabréis que yo soy Jehová cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío, y pondré mi Espíritu en vosotros y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra, y sabréis que yo soy Jehová. Hablé y lo hice, dice Jehová».


Oración Final

Padre, esta noche te damos gracias, Señor, porque al exponernos ante tu Palabra—oh Señor—es la Palabra la Palabra que pone plomada, es la Palabra que establece límites, es la Palabra que establece, Señor, tu voluntad, y es la Palabra que establece juicio.

Ay de aquel, ay de aquella que habiendo oído la Palabra y diciendo «qué buen mensaje, qué buen sermón», pero no estar dispuesto o dispuesta a caminar por ella y a establecer corrección en su vida—juicio gana para sí.

Señor, en el nombre de Jesús entregamos tu Palabra y este tiempo, Dios eterno, para todos aquellos, Señor, a los cuales tú hayas enviado corrección. En el nombre de Jesús, amén.

La paz del Señor sea contigo.




pastor Pedro Montoya


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