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Como Enfrentar las Causas de la Enfermedad. II Parte


Introducción

Damos gracias al único Dios verdadero, al Creador del cielo y de la tierra, a quien sea la honra y la gloria por todos los siglos. El Señor nos concede gracia y misericordia para reunirnos y establecer la enseñanza de su Palabra. Como expresó el salmista David: «Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos».

Cada vez que tenemos tiempo para dedicarlo a estar ante la presencia del Señor y exponernos a su Palabra y al poder de su Santo Espíritu, recibimos instrucción, enseñanza y corrección. Todo ello es tiempo preparado por el Señor, quien nos convoca y nos reúne.

Fundamentos: La Enfermedad y sus Causas

En enseñanzas anteriores hemos establecido que la enfermedad no procede de Dios ni es su voluntad. Sin embargo, la enfermedad es producto de la desobediencia, del pecado y del desvío del ser humano de la voluntad de Dios.

No podemos trabajar la enfermedad sin antes resolver las causas que la produjeron. Cuando Jesús se encontró ante el paralítico y le declaró «tus pecados te son perdonados», nos enseñó que es necesario trabajar primero con las causas de las enfermedades para que, por medio de la Palabra del Señor y del Santo Espíritu de Dios, esas enfermedades desaparezcan de nuestros cuerpos.

Es fundamental que cada uno de nosotros entienda cuáles son las causas de las enfermedades. En esta enseñanza presentaremos cuatro formas mediante las cuales podemos enfrentar esas causas según la Palabra de Dios.


Primera Forma: Apartarse de las Fuentes de Contaminación

El Principio Fundamental

El libro de Proverbios, capítulo 28, versículo 13, nos presenta esta primera forma: «El que encubre sus pecados no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia».

Debemos alejarnos de todas las fuentes que producen contaminación. No podemos mantener vínculos con elementos que sabemos, de antemano, son producto de contaminación.

La Advertencia Paulina

El apóstol Pablo, en su segunda epístola a los Corintios, capítulo 6, versículo 14, nos dice claramente: «No os juntéis con yugo desigual». Esta es una instrucción directa a alejarnos de toda fuente de contaminación.

En la segunda epístola a los Tesalonicenses, capítulo 3, versículos 6 y 14, Pablo enfatiza aún más: «Os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesús, el Cristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden» y posteriormente: «si alguno no obedeciere nuestra palabra por carta, notad al tal y no os juntéis con él».

La Parábola del Sembrador

Jesús presentó en Mateo, capítulo 13, la parábola del sembrador que ilustra perfectamente lo que sucede cuando no nos alejamos de las fuentes de contaminación:

  • La semilla junto al camino: Representa a quien camina muy cercano al mundo, manteniendo vínculos con él. El mundo —no solo como maldad, sino como amistades e influencias que afectan la vida— hace que vengan las aves del cielo y tomen la semilla, sacando a la persona del reino de los cielos.
  • La semilla junto a espinos y pedregales: Los afanes de este siglo, el temor a la persecución y la oposición ahogan la semilla del evangelio.

Fuentes de Contaminación Específicas

Es necesario identificar qué fuentes en tu vida están produciendo contaminación:

  • Música que incita a comportamientos pecaminosos
  • Videos y contenido que promueve perversidad
  • Televisión y entretenimiento que normalizan el pecado
  • Elementos folclóricos o autóctonos que contradicen la Palabra
  • Amistades que, aunque no tengan vicios evidentes, contaminan con su influencia
  • Cualquier cosa que promueva homosexualismo, lesbianismo o cualquier forma de inmoralidad sexual

Una Ley Espiritual Crítica

Un poco de levadura leuda toda la masa (1 Corintios 5:6). Mientras mantengas vínculos con fuentes de contaminación, esas fuentes seguirán alimentando la causa de la enfermedad.

Cuando un hombre o una mujer de Dios decide caminar bajo el señorío de Cristo Jesús, es necesario reestructurar completamente el ambiente, el medio circundante e incluso las amistades.

La Realidad Incómoda

Confesar la gracia del Señor y buscar sanidad, pero manteniendo las fuentes de contaminación en tu casa, es multiplicar la perversidad y la maldad. La Palabra establece: «El que sabe hacer lo bueno pero no lo hace, le es contado por pecado» (Santiago 4:17).

Aunque suene difícil, muchas enfermedades son producidas por elementos que hemos introducido en nuestro hogar, que no son resultado de nuestra condición personal, sino que provienen de fuentes externas que hemos permitido entrar.

El Fundamento Bíblico

Aunque la victoria está completa en Cristo Jesús, quien venció a Satanás, nos corresponde a cada uno de nosotros establecer esa victoria en nuestras propias vidas. No es suficiente confesarlo o creerlo; debemos movernos conforme a lo que la Palabra del Señor establece.

No podemos reprender aquello que auspiciamos. ¿Cómo podemos oponerme a un espíritu de magia si fomentamos la magia? ¿Cómo podemos oponerme a un espíritu demoníaco si toleramos sus influencias en nuestros espacios? ¿Cómo podemos reprender a Satanás si le permitimos establecerse en nuestro entorno?


Segunda Forma: Contraponer la Herencia Ancestral

El Problema de la Herencia Genética Espiritual

En Éxodo, capítulo 20, Dios estableció una ley espiritual de consecuencias generacionales: Dios «visita la maldad de los padres sobre la tercera y hasta la cuarta generación» (Éxodo 20:5).

Los pecados, actos y hechos de nuestros antepasados tienen efectos que alcanzan hasta tres y cuatro generaciones después. Estos efectos pueden alcanzar incluso a un cristiano en la segunda o tercera generación porque la Palabra de Dios lo establece así.

Cómo Romper la Maldición Generacional

El libro de Ezequiel, capítulo 18, versículos 14 al 17, presenta la solución:

«Pero si este engendrare hijo el cual viere todos los pecados que su padre hizo y viéndolos no hiciere según ellos… este no morirá, no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá».

La clave está en hacer completamente todo lo contrario de lo que nuestros padres o antepasados establecieron. No se trata simplemente de confesar o rechazar mentalmente la herencia, sino de establecer hechos reales que contrapongan la maldad anterior.

Ejemplos Prácticos

Si la herencia fue maldición → Debemos establecer bendición

Si la herencia fue robo → Debemos establecer justicia

Si la herencia fue inmoralidad sexual → Debemos establecer fidelidad

Una Ilustración Importante

Considere el libro de Daniel. Daniel confiesa no solo sus propios pecados, sino también «los pecados de nuestro pueblo» (Daniel 9:20). ¿Por qué? Porque Daniel comprendió esta ley espiritual: los hechos de los antepasados pueden afectarnos, incluso si nosotros estamos en Cristo. La única forma de romper esa cadena es contraponiendo acciones concretas.

La Responsabilidad de Establecer la Victoria

Lamentablemente, en la mayoría de los casos, repetimos los mismos errores, los mismos pecados, las mismas situaciones que nuestros antepasados. Al hacerlo, acumulamos causas de enfermedad, de maldición, de perversidad y de maldad.

Cuando una familia ha experimentado suicidios o muertes violentas, esa tendencia se repite en generaciones siguientes. ¿Cómo rompemos esto? Estableciendo todo lo contrario, yendo en contra de lo que nuestros antepasados establecieron.

No Basta la Confesión

Muchas personas creen que decir «En Cristo Jesús, yo estoy libre» es suficiente. Pero la pregunta es: ¿Cómo estoy libre realmente? La libertad se establece cuando contraponemos con hechos concretos todo lo que nuestros antepasados hicieron.

Ezequiel 18:19 lo aclara: «¿Por qué el hijo no llevará por el pecado de su padre? Porque el hijo hizo juicio y justicia, guardó todas mis ordenanzas y las hizo; de cierto, vivirá».


Tercera Forma: Establecer Justicia donde Hubo Injusticia

La Raíz de la Opresión

Isaías, capítulo 42, versículo 22, describe el estado de quienes viven bajo maldición: «Este pueblo saqueado y hollado, todos ellos enlazados en cavernas y escondidos en cárceles, son puestos a saco, y no hay quien libre; hollados, y no hay quien diga: restituir».

Esta tercera forma es similar a la segunda, pero enfatiza específicamente romper los actos de injusticia que nuestros antepasados establecieron mediante la restitución.

El Poder de la Restitución

Ezequiel, capítulo 33, versículos 14 al 16, lo establece claramente:

«Si el impío se volviere de su pecado e hiciere juicio y justicia; si el impío restituyere la prenda, devolviera lo que hubiera robado, caminare en las ordenanzas de la vida no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente, y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; su juicio y justicia vivirá ciertamente».

¿Por Qué No Prosperamos?

Muchas personas se esfuerzan en la vida pero no logran prosperar. No es porque carezcan de capacidad o bendición de Dios. El problema es que hay un efecto de injusticia ancestral que los alcanza.

Si en generaciones pasadas hubo robos, desfalcos o usurpaciones, eso se cobr hasta la tercera y cuarta generación. ¿Qué debemos hacer? Restituir.

El Ejemplo de Zaqueo

En Lucas, capítulo 19, versículo 8, Zaqueo declara: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo devuelvo con el cuádruplo».

Entonces Jesús dice: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». No era simplemente salvación escatológica (ir al cielo), sino salvación completa: liberación, sanidad, restauración y vivificación.

Dos Niveles de Restitución

Nivel generacional: Si nuestros antepasados cometieron injusticia, nosotros debemos restituir para romper ese efecto sobre nuestras vidas.

Nivel personal: Si nosotros hemos robado, defraudado, usurpado o difamado a alguien, debemos restituir. No basta pedir perdón a Dios; debemos restaurar lo que tomamos.

Restauración del Honor

Muchos han hablado mal de otros, los han difamado. Pedir perdón a Dios no resuelve la situación; es necesario restaurar el honor y la reputación de quien fue difamado.

El Testimonio Histórico: Rey David y la Maldad de Saúl

En los libros de Samuel se relata que durante el reinado de David cayó sobre la nación una sequía y un hambre de tres años. David consultó al Señor, quien le reveló que Saúl había quebrantado la promesa hecha a los gabaonitas en tiempos de Josué, matándolos injustamente.

El efecto de esa injusticia siguió alcanzando generaciones después, hasta que David actuó para restituir. Este es un ejemplo claro de cómo los actos de nuestros antepasados nos afectan.

Un Concepto Erróneo

Existe la creencia, nacida del catolicismo y no de la Biblia, de que pedir perdón a Dios es suficiente: «Señor, perdóname porque robé. Señor, perdóname porque defraudé». La Palabra de Dios no funciona así.

La fe requiere acción. No se trata solamente de confesión, sino de restauración, restitución y devolución. Se trata de volver a establecer aquello que en algún momento quitamos o usurpamos.

Por Qué Muchos No Ven Resultados

La razón por la cual muchas personas, aunque vienen a Cristo Jesús y piden sanidad y liberación, no ven resultados, es porque el Señor está esperando que actúen como Zaqueo: que salga de nosotros la decisión de restituir.

La gracia de Cristo no elimina la responsabilidad de restituir. Al contrario, es una evidencia de que caminamos conforme a su gracia y nos hemos arrepentido de nuestra forma antigua de vivir.


Cuarta Forma: Someternos a Liberación Espiritual

Cuando Nada Más Funciona

Hay casos en los que, a pesar de todos los esfuerzos anteriores, hay cierta resistencia y renuencia a que la causa se retire. En estos casos, la solución es someterse a liberación espiritual.

Isaías, capítulo 10, versículo 27, lo declara: «Y acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de su hombro, y su yugo de su cerviz; y el yugo se pudrirá por causa de la unción».

El Yugo del Demonio

Hay causas de enfermedad que no van a salir hasta que la persona se someta a liberación. Hay enfermedades que no serán liberadas sino cuando el demonio sea expulsado. ¿Por qué? Porque el demonio ha tomado tanta autoridad sobre la vida de la persona que no la soltará por cuenta propia.

El Demonio No Respeta Medicamentos

El demonio no respeta medicamentos. No saldrá por medicinas ni por confesiones únicamente. Solo cuando el yugo sea destruido y roto por causa de la unción, cuando la autoridad de Cristo sea ejercida, el demonio soltará su presa.

Mateo, capítulo 12, versículo 28, lo afirma: «Y si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios».

Un Caso de Liberación

Hace años, un joven de aproximadamente 25 años vino en ayuno buscando liberación. Me explicó que deseaba consagrarse al Señor, pero tenía una debilidad sexual. Caía en pecado frecuentemente, visitaba sitios de prostitución.

Mientras oraba por él, el Señor me habló claramente: «Reprende una fuerza animal». Actué conforme a lo que el Señor me indicó, y el joven manifestó la presencia demoníaca. Sus brazos se convulsionaron, pero fue liberado.

Después pregunté qué había sucedido en su vida. El joven confesó que años atrás había caído en bestialismo. Eso era lo que necesitaba ser reprendido y echado fuera. Las caídas repetidas eran resultado de ese acto particular.

La Naturaleza del Demonio

Es importante recordar: la presencia del demonio no está simplemente para atormentar. El demonio está para matar. Jesús lo dijo claramente: «El ladrón no viene sino para hurtar, robar y destruir» (Juan 10:10). Ningún demonio está ahí solamente para perturbar; están para destruir la vida de la persona.

Isaías 49:24-25 – La Promesa de Liberación

«¿Será quitada la presa al valiente? ¿Será libertada la cautividad legítima? Así empero dice Jehová: Ciertamente la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada, y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos».

El Señor promete liberar a los cautivos y recuperar la presa del enemigo.


Conclusión: Cuatro Formas para Trabajar las Causas de la Enfermedad

Hemos presentado cuatro formas mediante las cuales podemos enfrentar y resolver las causas de las enfermedades:

1. Apartarse de toda fuente de pecado

Retírate de toda fuente que produce pecado, perversidad y maldad. Esto incluye no solo lugares, sino también personas cuya presencia contamina tu vida. Apártate de la música que incita a inmoralidad, de contenido que promueve el pecado. No sigas insistiendo, esperando testificar a otros mientras te mantienes en ambientes contaminados. Apártate completamente.

2. Contraponer la herencia ancestral

Todo aquello que tus antepasados establecieron como patrón de maldad, debes contraponer con su opuesto. Si fueron maldicientes, sé bendición. Si fueron injustos, sé justo. Si fueron negativos, sé positivo. Vence el mal con el bien. Esta es la única forma de romper la maldición generacional.

3. Establecer justicia y restitución

Si hubo robos, desfalcos o usurpaciones en tu línea ancestral, establece justicia y restitución. No basta confesar; debes actuar. Devuelve lo que fue tomado. Restaura la honra de quien fue dañado. Es mejor dar que recibir. Esa es la verdadera sanidad.

4. Someterse a liberación espiritual

Hay casos en los que el enemigo ha ejercido tal dominio sobre una persona que solo la liberación espiritual lo romperá. Cuando demandas que el demonio suelte su presa, él debe obedecer. El yugo se pudrirá por causa de la unción.

Un Llamado a la Acción

Muévete en fe. No cuestiones si esto funcionará o no. No digas: «Yo he recibido otra enseñanza». Muévete conforme a lo que la Palabra del Señor establece. Así, la obra de tu fe establecerá la provisión de vida en Cristo Jesús para ti.

La sanidad es también salvación. Por sus llagas fuimos curados. Que el cumplimiento de esta Palabra sea una realidad en tu vida.

Que la paz del Señor sea contigo. Amén.



pastor Pedro Montoya


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