Introducción: Exponernos al Poder del Espíritu Santo
La paz del Señor sea contigo. Nos hemos acercado al trono de la gracia y de la misericordia, y esta noche es motivo de gratitud por lo que el Señor nos permite: exponernos ante Su Palabra, ante Su presencia y, sobre todas las cosas, ante el poder de Su Santo Espíritu.
Jesús estableció una enseñanza fundamental con Sus discípulos ante la presencia de fariseos y doctores de la ley: «Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, es porque el reino de los cielos se ha acercado a vosotros». El propósito de la fe en Cristo Jesús no es simplemente ser parte de una congregación, una misión o un ministerio. El propósito es ser parte del cuerpo de Cristo y formar el reino de los cielos para el cual cada uno de nosotros hemos sido llamados.
No nos estamos exponiendo a teoría, sino ante la supereminente grandeza del poder de Dios, como está escrito en la epístola del apóstol Pablo a los Efesios, ese poder que operó en Cristo Jesús y que opera en cada uno de nosotros porque somos templo y morada del Espíritu Santo.
La Salvación: Presente y Futura
Continuamos con la serie de temas sobre la salvación, y hemos estado viendo que la sanidad es parte de la salvación. Refresquemos este conocimiento para ubicarnos correctamente.
Dos Aspectos de la Salvación
La salvación tiene dos aspectos:
- Un aspecto futuro (escatológico): El momento cuando un día estaremos en las mansiones que el Señor ha preparado para cada uno de nosotros.
- Un aspecto presente: La salvación comienza aquí en la tierra cuando nos sujetamos bajo el Señorío de Cristo Jesús y vivimos bajo las normas del reino de los cielos sobre la tierra.
Por lo general, destacamos sobremanera el aspecto escatológico, pero no es solamente eso la salvación. Jesús estableció en el mensaje del evangelio: «Hágase, Señor, tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo». No se trata solamente de subsistir entre tanto partimos de esta tierra para caminar en las calles de oro. La vida de fe en Cristo Jesús consiste en vivir bajo las leyes del reino de los cielos aquí en la tierra.
La Sanidad como Salvación
La salvación comienza aquí en la tierra y tiene un aspecto presente. Uno de los aspectos de la salvación en el presente es precisamente la sanidad. La sanidad es también salvación.
En la enseñanza de la semana pasada establecimos cuáles son las causas principales de por qué una persona está enferma. Es fundamental enfatizar esto:
- La enfermedad no viene de parte de Dios
- La enfermedad no es voluntad de Dios
- La enfermedad es el resultado del pecado y de la intervención satánica
No es que Dios nos quiera tener enfermos. Muchas personas están enfermas porque, en la gran mayoría de los casos, no hemos considerado que la sanidad es parte de la salvación. Además, el mundo se ha encargado de hacernos creer que la enfermedad es parte de la edad, parte de las situaciones que tenemos que enfrentar. En algunos casos extremos, hay quienes dicen que el Señor dejó los recursos de la tierra para que enfrentemos las situaciones delicadas de salud. Pero eso no es lo que la Palabra del Señor presenta.
La Voluntad de Dios: Sanidad
Si vamos al evangelio de Mateo capítulo 10, versículo 1, dice: «Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia».
Es voluntad de Dios que un hombre de Dios, que una mujer de Dios, estén sanos. No es voluntad de Dios que estén enfermos. Sin embargo, hay muchas personas que están enfermas y se han acomodado a las condiciones, creyendo que es necesario trabajarlas bajo medicamentos químicos, lo que en muchos casos ha traído complicaciones debido a consecuencias secundarias.
Trabajando las Causas de la Enfermedad
Dios ha establecido por medio de Su Palabra formas para poder trabajar las causas que han provocado la enfermedad. En Mateo capítulo 9, Jesús estableció este principio cuando le traen al hombre paralítico en una camilla. Jesús le dijo: «Tus pecados te son perdonados», y posteriormente le dijo: «Levántate, toma tu lecho y anda».
El Principio Fundamental
Si no se trabajan las causas que han producido la enfermedad, por más que la persona haga, no podrá realmente resolver su situación. Hay una causa que está activa, una causa que está vigente, que le entrega derecho legal a las tinieblas para mantenerse en la persona, en la familia o en la generación.
A medida que los años pasan, las enfermedades se van volviendo más crónicas y estables en la vida de la persona. Por eso encontramos hoy en día personas deprimidas, frustradas, decepcionadas, queriendo escapar de su existencia presente, cuando en realidad Dios ha querido que nosotros seamos testimonio de Su gracia y misericordia.
Primera Forma: El Arrepentimiento y Sus Frutos
El Mensaje del Evangelio
Mateo 4:17 establece: «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado».
El arrepentimiento es la forma fundamental para trabajar las causas que han producido la enfermedad. Se aplica para todas las causas que han producido enfermedad. No es una sección aparte, sino el fundamento de cómo se deben tratar las causas. El arrepentimiento es el mensaje del evangelio y está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
El Propósito del Evangelio
En Hechos 26:18, el Señor le dio al apóstol Pablo la palabra de revelación sobre en qué iba a consistir su ministerio: «Para que abras los ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, remisión de pecados y herencia entre los santificados».
El propósito del mensaje del evangelio es que las personas se conviertan del reino de las tinieblas al reino de la luz en Cristo Jesús. Y esto no se logra necesariamente cuando la persona dice: «Yo acepté a Jesús como mi salvador».
Arrepentimiento vs. Aceptación
Para entrar a la salvación y al reino de los cielos, es necesario arrepentimiento. Cuando una persona acepta a Cristo Jesús, en la gran mayoría de los casos, no se está arrepintiendo de su forma antigua de vivir. Esto es muy importante de entender.
Hay hombres y mujeres que están dentro de una congregación, que están formando parte de una iglesia, que nunca se han arrepentido de su antigua forma de vivir. Alguien podría decir: «Pero si yo acepto a Jesús, automáticamente me estoy arrepintiendo de la antigua forma de vivir». Pero lo uno no lleva necesariamente a lo otro.
La Condición para el Perdón
En Hechos 2:38, cuando los que estaban escuchando el mensaje del apóstol Pedro, compungidos de corazón, le preguntan qué les conviene hacer, el apóstol por el Espíritu de Dios contesta: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo».
Note que el perdón de pecados y recibir el Espíritu Santo tiene una condición: el arrepentimiento.
Hay hombres y mujeres que forman parte de una congregación que nunca se han arrepentido, porque lamentablemente, desde los púlpitos no lo hemos enseñado adecuadamente. Hemos creído que la fórmula es «acepta a Cristo Jesús», y en muchos casos les hemos puesto palabras en los labios de las personas: «Repita conmigo esta oración», y creemos que con eso ya se resolvió todo.
Las Consecuencias de No Arrepentirse
Lamentablemente, hay mucha gente que no se ha arrepentido y, por lo tanto, no ha abandonado su antigua forma de vivir. Alguien podría decir: «Pero ya no la practico, ya no la estoy haciendo». Sin embargo, el hecho de que no se practique no quiere decir que está inactiva o que ya está deshecha. El propósito es que la vida pasada sea deshecha.
¿Qué es lo que deshace todo? El arrepentimiento.
El arrepentimiento es lo que:
- Deshace todo
- Desbarata la obra de Satanás
- Desbarata las causas que han provocado la enfermedad en una persona
Ahora podemos entender por qué hay muchas personas que constante o continuamente reinciden en actitudes o acciones del pasado: porque no las han enterrado, porque no las han desbaratado, porque no se han arrepentido de ellas. Están todavía vigentes, están todavía activas.
El Poder del Arrepentimiento
Lo importante de la enseñanza del mensaje del evangelio es que para desbaratar, desmantelar, deshacer, destruir y hollar por completo las obras de las tinieblas, es por medio del arrepentimiento. Si una persona no se ha arrepentido, todas aquellas cosas están vigentes y en un momento determinado van a cobrar vida, lamentablemente en los momentos en que la persona se encuentra con mucha mayor debilidad.
La Vigencia del Arrepentimiento
En Apocalipsis 2:5, vemos la vigencia del arrepentimiento: «Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido».
El arrepentimiento es el primer paso, el paso fundamental para poder desbaratar el reino de las tinieblas. De acuerdo a Mateo 4:17, el arrepentimiento es la puerta de entrada para el reino de los cielos.
Cómo Trabajar las Causas de las Enfermedades
¿Cómo debemos trabajar las causas de las enfermedades? Arrepintiéndonos:
- Arrepintiéndonos de los actos
- Arrepintiéndonos de los hechos
- Arrepintiéndonos de las actitudes
- Arrepintiéndonos de los sentimientos
- Arrepintiéndonos de los pensamientos
- Arrepintiéndonos de todo aquello que le dio o abrió puerta al enemigo para que estableciera enfermedad
No en Paquete, Sino Individual
Esto no se puede hacer encerrando todo como si fuera un paquete: «Me arrepiento de mi pasada manera de vivir, me arrepiento de todos mis actos, pensamientos, sentimientos». No se debe trabajar de esa manera.
¿Por qué? Porque cada acción, cada sentimiento, cada emoción, cada pensamiento, cada actitud, cada postura, tiene que saberse trabajar de forma individual. En la medida en que el Espíritu de Dios (porque es el Espíritu de Dios quien las va trayendo delante de nosotros) las va revelando, venimos a Cristo Jesús y nos arrepentimos de una acción específica, de una postura específica, de un sentimiento específico.
En la medida en que van aflorando a nuestras vidas, en ese momento las presentamos delante del Señor: «Señor, me arrepiento de esta acción. No debí nunca haberla hecho. No debí, Señor, nunca haber estado presente».
¿Qué es el Arrepentimiento?
El arrepentimiento es:
- Dolor por haber hecho cosas que le desagradaban a Dios
- Un pesar por haber estado presente en cosas que nunca debimos haber hecho porque eran abominación al Señor
- Un compungimiento de corazón, como dice Hechos 2, porque el Espíritu de Dios nos da la revelación de que esa acción, ese pensamiento, ese sentimiento, no era agradable al Señor
«Yo nunca debí haber estado allí. Yo nunca debí haber hecho esto. Señor, yo me arrepiento de este acto. Señor, yo me arrepiento de este sentimiento. Afloró en mí algo que estaba oculto, que nunca debió haber pasado. Yo me arrepiento de esto que afloró en mí».
El Arrepentimiento es Fundamental
El arrepentimiento es la puerta de entrada para el reino de los cielos y para resolver todas las causas que han provocado enfermedades en nuestras vidas. Es importante que cada uno de nosotros lo entendamos.
En una gran mayoría de los casos, podemos encontrar personas que tienen 10, 15 y en ocasiones muchos más años de haber confesado su fe en Cristo Jesús, pero que todavía a la altura de hoy no se han arrepentido de su vida antigua. Por eso, muchas veces, cuando nos encontramos ante situaciones en otros que son similares a las nuestras, no podemos condenar aquella situación, sino que lamentablemente las toleramos. Y es precisamente porque no ha habido arrepentimiento en nuestra vida.
La Necesidad de Procesos de Arrepentimiento
El arrepentimiento es la parte fundamental de la vida de fe. Cada uno de nosotros, hombres y mujeres que hemos confesado a Cristo Jesús como Señor y Salvador, tenemos que entrar en procesos de arrepentimiento.
¿Por qué? Porque de lo contrario no hay avance en la vida de fe. En muchos casos, a los hombres y a las mujeres de Dios nos ha parecido mejor acomodarnos a las situaciones cuando no podemos hacer las cosas, que esforzarnos por alcanzar lo que Dios quiere que cada uno de nosotros hagamos. Y es precisamente porque no ha habido arrepentimiento.
Estoy haciendo énfasis precisamente en esto, porque podemos darnos cuenta —y es el Espíritu de Dios quien lo revela— de la necesidad de que desarrollemos arrepentimiento en cada una de nuestras vidas. De lo contrario, no podremos realmente crecer, prosperar ni desarrollarnos en la vida de fe. En el caso de las enfermedades, no podremos resolver nuestras condiciones de enfermedad, sino que al contrario, a medida que los años pasan, las enfermedades se van volviendo mucho más crónicas y estables.
Arrepentimiento No es Culpa
Algo importante: Arrepentimiento no es culpa. Muchas veces podríamos desarrollar culpa, pero la culpa no es arrepentimiento ni conduce al arrepentimiento.
La culpa es precisamente de parte de las tinieblas, porque la culpa es puesta en la conciencia de la persona para que entre en procesos de depresión, frustración y decepción, para que todavía vaya decayendo más en sus estados de deterioro espiritual.
La culpa no es arrepentimiento ni conduce al arrepentimiento. El arrepentimiento viene de parte de Dios. Una de las cosas que nosotros deberíamos hacer es pedir espíritu de arrepentimiento al Señor.
Los Frutos del Arrepentimiento
Cuando ha habido arrepentimiento, hay también frutos del arrepentimiento. El arrepentimiento tiene frutos.
Cuando Juan el Bautista recibió a los fariseos que venían ante él para bautizarse, les dijo claramente: «Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento».
Evidencia del Arrepentimiento
El arrepentimiento tiene frutos, lo cual nos da a entender que cuando una persona verdaderamente se ha arrepentido de sus acciones y condiciones anteriores, hay frutos de arrepentimiento. La persona no se jacta precisamente por las cosas que pasaron en el pasado.
Primer Fruto: Abominación del Pasado
Uno de los frutos que podríamos mencionar es precisamente que hay una abominación por las cosas del pasado. Hay una abominación. No las vemos como algo liviano, sin mérito, sin valor. El fruto del arrepentimiento es precisamente que:
- Sabemos identificar que aquello fue abominable para el Señor
- Sabemos identificar que eso es desagradable al Señor
- No toleramos ni permitimos que haya una tolerancia sobre aquella cosa
En Efesios 5:12 dice: «Porque torpe cosa es aún hablar de lo que ellos hacen en oculto».
Eso es un fruto digno de arrepentimiento: torpe cosa es aún hablar de lo que ellos hacen en oculto. No se destacan las cosas perversas, no se destacan las cosas malignas, y eso no es testimonio.
Testimonio vs. Jactancia
Muchas veces se habla de cosas que hicimos en el pasado creyendo que eso es testimonio. Tengo que decirle: eso no es testimonio bajo ninguna circunstancia.
Efesios 5:12 dice: «Porque torpe cosa es aún hablar de lo que ellos hacen en oculto».
Esto es un fruto de arrepentimiento: que abominamos lo que fue establecido en el pasado, inclusive en nuestras propias vidas. No hablamos como testimonio de lo que hacíamos en el pasado, destacando aquella aberración o situación que se desarrolló en nuestras vidas. Hay un fruto. El arrepentimiento tiene frutos, frutos dignos de arrepentimiento. Lo vemos como abominable, como horrendo delante de la presencia del Señor.
Segundo Fruto: No Ocultar
Otro fruto del arrepentimiento es no ocultar. La tendencia del hombre, y eso lo vemos desde el libro de Génesis capítulo 3, cuando el Señor viene ante Adán y Eva, Adán le dice: «Me escondí».
Un fruto del arrepentimiento es precisamente no esconder las cosas.
Segunda Forma: La Confesión
El Ejemplo de Esdras
Esto nos lleva a la segunda forma para poder trabajar las enfermedades. En el libro de Esdras, capítulo 10, versículo 1, dice: «Y orando Esdras, y confesando, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres y mujeres y niños; y lloraba el pueblo con gran llanto».
Cuando una persona ha desarrollado arrepentimiento, no esconde las cosas. Porque fruto de arrepentimiento es precisamente: «Yo soy responsable, yo me hago cargo de las cosas que hice, de las cosas que dije, de las cosas que sentí, de lo que yo construí. Yo me hago cargo de ello».
Confesión, No Divulgación
La segunda forma para poder trabajar con las causas de la enfermedad es confesar. Pero si lo está viendo, primero tiene que haber habido arrepentimiento.
Si no hay arrepentimiento, el que la persona divulgue no se toma como confesión, sino precisamente eso: una divulgación. No se toma como confesión, se toma como divulgación. Sacó a la luz lo que hizo, pero sin arrepentimiento.
En muchos casos, cuando no hay arrepentimiento, lo que sucede es que la persona desarrolla una jactancia, que en realidad va a provocar más males o males mayores de los que hasta ese momento ha desarrollado.
El Pesar del Arrepentimiento
Hay un pesar. Cuando hay arrepentimiento, hay un pesar, hay un dolor: «Yo ofendí a Dios, me pesa, me pesan mis actos, me pesan mis acciones».
En Hechos 2, el escritor utiliza una palabra: «compungidos». Estaban compungidos de corazón. Ahí hay una reacción en la persona cuando ha entrado en arrepentimiento precisamente por su pasada manera de vivir: por sus actos, sentimientos, emociones, posturas, pensamientos, todo lo que desarrollamos en la vida.
No vayamos a creer que solamente se tratan de acciones. Hay muchos sentimientos, hay muchas emociones que en ocasiones ni siquiera se manifiestan, pero están ocultos y son parte de la tendencia pecaminosa de la persona.
La Confesión Saca a la Luz
Esdras 10:1: «Y orando Esdras, y confesando, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres y mujeres y niños; y lloraba el pueblo con gran llanto».
La segunda forma para poder trabajar las causas de enfermedades es la confesión. No la divulgación, sino la confesión.
Esto es muy importante. ¿Por qué? Porque la confesión saca a la luz lo que está oculto y muestra realmente el compromiso que la persona tiene delante de Dios.
Lo voy a repetir porque esta parte es muy importante: La confesión saca a la luz el compromiso realmente que la persona tiene con Dios. No es satisfacer al ojo humano, sino ponerme a cuenta con el Señor, como dice el profeta Isaías. «Yo tengo que confesar esta situación».
El Peso de los Secretos
He tratado muchos casos en los que las personas se han acercado y me han dicho: «Yo había jurado irme a la tumba con ese secreto». Y precisamente por ese secreto habían adquirido enfermedades que no había forma de resolver, sino que al contrario, día tras día las cosas se complicaban.
Hay muchas personas hoy en día que se encuentran en la misma condición. No lo han dicho verbalmente posiblemente, pero la actitud ha sido esa: no divulgar, que nadie se dé cuenta de las cosas que yo decidí, de las cosas que yo sentí, de las cosas que yo me propuse hacer con respecto a una situación o evento. Prefieren tenerlos ocultos, y eso está carcomiendo.
El salmista David dice: «Mis huesos se envejecieron cuando callé».
Este es el motivo principal del deterioro físico de muchas personas: el guardar silencio. Han hecho pactos de silencio con las tinieblas: «No divulgar, no sacarlo a luz». Pero ¿qué está sucediendo? Como dice la Palabra, sus huesos se están envejeciendo. Hay un deterioro físico, un deterioro en los órganos, un deterioro en los huesos, un deterioro a todo nivel material y físico. Por lo tanto, la persona va envejeciendo realmente sin motivo, sin razón.
La Voluntad de Dios
En Ezequiel 33:11-12, dice: «Diles: Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel? Y tú, hijo del hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare».
Claramente está mostrando cuál es el deseo, cuál es la intención que el Señor tiene para cada uno de nosotros: que vengamos en arrepentimiento y, a continuación de ello, que confesemos nuestros pecados.
Alguien podría decir: «Pero ¿acaso Él no lo sabe? ¿Qué sentido tiene la confesión?». Se lo voy a explicar en unos momentos.
Confesando Nuestro Pecado y el de Nuestros Antepasados
En Daniel 9:20 dice: «Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios».
¿Lo vio? Estaba confesando el pecado personal, pero también confesando el pecado de su pueblo, de sus antepasados.
En la enseñanza de la semana pasada vimos que causas de enfermedades son el pecado de nuestros antepasados y el pecado personal. En Éxodo 20 leemos claramente que Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
El Alcance del Pecado Generacional
Los pecados de los antepasados tienen efectos reales sobre la persona, aun así sea un hombre o una mujer creyente. Y esto, aunque nos cueste entenderlo, es así.
¿Por qué? Porque hay un alcance que posiblemente ya no pase a nuestra próxima generación, pero entre tanto estén vigentes todas aquellas cosas que nuestros antepasados hicieron, nos estarán afectando a nosotros. Posiblemente no a nuestros hijos, aunque seamos parte de la segunda generación, porque eso se va a detener en nosotros por cuanto no hicimos lo mismo que nuestros padres hicieron. Pero en cuanto a nosotros, nos pueden estar afectando.
Confesando Como Propios
¿Qué nos está diciendo esta Palabra? Nos está diciendo que nosotros tenemos que confesar los pecados de nuestros antepasados como si hubieran sido nuestros.
No es sino hasta cuando nosotros confesamos (es decir, lo sacamos a la luz) que entonces esas cosas se desbaratan. Porque el poder que Satanás tiene sobre una persona está en la capacidad de mantener un asunto en oculto.
Por eso decía hace unos momentos: no es lo mismo divulgar que confesar. No se trata de divulgar, se trata de confesar. El confesar es la continuación del arrepentimiento. «Yo me arrepiento y, por lo tanto, ahora yo voy a confesar. Yo lo saco a la luz para que entonces todo esto se pueda desbaratar, pueda caer por tierra».
El Testimonio de Hechos 19
Hechos 19:18 dice: «Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos».
Tome nota de esto: muchos de los que habían creído venían confesando. Para que veamos que esto es una ley espiritual. Está presente en el Antiguo Testamento, está presente en el Nuevo Testamento. ¿Por qué? Porque esto es parte de la forma como Dios ha establecido en Su Palabra que deben tratarse las causas de las enfermedades.
Muchas personas están enfermas porque:
- No se han arrepentido
- No han confesado las cosas que pasaron
Los Tres Niveles de la Confesión
Más de alguno podría preguntar: ¿Y a quién se las confieso? ¿Cómo las confieso?
Hay tres formas o, mejor dicho, tres niveles, todo dependiendo de lo que nosotros queramos soltar, de lo que queramos desbaratar.
Primer Nivel: Confesar a Dios
Lo confieso a Dios. Cuando yo lo confieso a Dios, como dice Mateo 5, encerrado en mi cuarto, en mi habitación, cuando no hay nadie que está escuchando:
«Señor, yo vengo delante de Tu presencia a confesar este acto, este pensamiento, este sentimiento, esta actitud, lo que tengamos que confesarle. Yo lo confieso delante de Ti, Señor, y yo vengo en arrepentimiento porque Tu Santo Espíritu me ha mostrado que estas cosas eran horrendas, eran abominables a Ti. Yo estaba reproduciendo pensamientos, actitudes, sentimientos, acciones que Te eran desagradables, Señor. Yo me arrepiento de ellas».
Usted ya las enumeró, ya les puso nombre. «Me arrepiento de eso. Me duele, me pesa, Señor, porque caminé tantos años fuera de Tu voluntad».
Usted va a descubrir, porque el Espíritu de Dios se lo va a mostrar, que aun estando dentro de una congregación desarrollamos sentimientos que no eran correctos delante de Dios. Por eso he dicho en más de alguna ocasión: estar dentro de una congregación no es garantía de que todo está bien.
Porque aun dentro hemos manifestado sentimientos, actitudes, pensamientos y, en ocasiones, hasta acciones. No necesariamente han tenido que ver con pecado, pero han mostrado la naturaleza pecaminosa, la naturaleza desobediente, la naturaleza rebelde que hemos traído. En muchos casos, heredada por el bisabuelo, por el abuelo, por la madre, por el padre.
Lo arrastramos genéticamente y nos hemos conducido, nos hemos comportado en muchos casos como se comportaba el bisabuelo o el tatarabuelo, aunque quizás nunca lo conocimos. Todo esto es genética espiritual. Se transmite por genética espiritual.
Rompiendo Ataduras en el Espíritu
Cuando nosotros confesamos a Dios, rompemos las ataduras en el espíritu.
En 2 Corintios 7:1 dice: «Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en el temor de Dios».
Hay contaminación o hay inmundicia de espíritu. Cuando nosotros confesamos a Dios, rompemos las ataduras en el espíritu. Por eso es muy importante que vengamos delante de la presencia del Señor.
Recuerda lo que leímos en el libro de Esdras: él estaba confesando ante Dios, aunque estaba en un lugar público. Él estaba confesando ante Dios, y se acercaron otros de igual manera con el mismo espíritu para confesarle a Dios.
Cuando nosotros confesamos a Dios, rompemos lo que está en el espíritu.
Segundo Nivel: Confesar Públicamente (Sin Auditorio)
Confesarlo públicamente, aunque no hayan personas que estén escuchando. Eso lo encuentra en Mateo 10, cuando el Señor les está dando instrucciones sobre cómo ellos deben comportarse o conducirse en el proceso de la vida de fe. El Señor les dice: «Lo que yo os digo en secreto, publicadlo desde las azoteas».
Ese es el segundo nivel: confesar públicamente, pero no necesariamente tienen que estar presentes otras personas.
Rompiendo Ataduras Territoriales
Cuando lo confesamos en público, rompemos las ataduras que están a nivel territorial.
En Efesios 3:10 dice: «Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia a los principados y potestades en los cielos».
Fíjese que no está hablando de gente, no está hablando de personas, no está hablando de auditorio. Ese es el segundo nivel de la confesión: yo lo confieso públicamente.
Como dice Mateo 10, esto desde las azoteas, desde un lugar público, yo lo confieso: «Yo confieso, yo vengo delante de la creación del Dios eterno, del Todopoderoso, para confesar que un día caminé bajo estas acciones, caminé bajo estos sentimientos, caminé bajo estas actitudes, caminé bajo esta conducta. Yo vengo a confesarlo, pero vengo hoy a declarar que la gracia del Señor me alcanzó, y hoy estoy notificando» —como dice el versículo 10— «notificando a los principados y a las potestades en los aires que el Señor me ha hecho libre».
Cuando nosotros confesamos a nivel público sin auditorio, cortamos todo lo que está a nivel regional, a nivel local. Ya no estamos atados a la tierra, ya no estamos atados a lo que nos rodea, al ambiente. Ya no estamos atados a ello.
Tercer Nivel: Confesar a una Autoridad Espiritual
Lo confesamos a una autoridad espiritual. No es a cualquiera. Es a una autoridad espiritual.
Lamentablemente, por el antagonismo que ha existido entre la iglesia evangélica y la iglesia católica, hemos perdido de vista que Dios nos entregó la capacidad para perdonar y para remitir pecados.
Rompiendo lo que Está en la Carne
Cuando confesamos a una autoridad espiritual, cortamos lo que hay en la carne, lo que hay a nivel de cuerpo, lo que hay a nivel de piel.
¿Se está dando cuenta?
- Cuando lo confesamos a Dios, cortamos lo que está a nivel de espíritu
- Cuando lo confesamos al aire, cortamos lo que está a nivel de tierra, a nivel local, con el medio ambiente al cual nosotros pertenecemos o donde nos estamos moviendo
- Cuando confesamos a nivel de una autoridad espiritual, cortamos lo que tiene que ver con la carne, y allí entonces se desbarata
La Autoridad para Perdonar Pecados
En Juan 20:22-23, cuando Jesús entró por primera vez a presentarse ante Sus discípulos que estaban encerrados la noche del día que Él resucitó, dice: «Y como hubo dicho esto, sopló, y les dijo: Tomad el Espíritu Santo. A los que remitiereis los pecados, les serán remitidos; a quienes los retuvieres, les serán retenidos».
Esta es la capacidad de un hombre de autoridad espiritual. Esta es la capacidad de un hombre que tiene autoridad espiritual o de una mujer que tiene autoridad espiritual.
¿Entiende usted por qué tiene que ser a una autoridad espiritual? Porque Dios ha entregado, aunque a muchos les cueste entender esto, aunque haya quienes no lo quieran aceptar, no invalida lo que Dios ha establecido.
El hecho de que nosotros no creamos en algo no quiere decir que inmediatamente eso se desvirtúa o que eso se desvanece. La persona se pierde del beneficio que Dios ha entregado a un hombre y a una mujer a quien Dios le ha entregado autoridad espiritual.
El Mandato de Santiago
Santiago 5:16 dice: «Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanados».
Está claro. Pero muchos no actuamos de acuerdo a la Palabra, muchos no vivimos por la Palabra. Aunque estés dentro de una congregación, si no estás viviendo conforme a la Palabra, no estás viviendo conforme al Espíritu de Dios.
La confesión es la forma como Dios ha establecido que nosotros debemos trabajar las causas de enfermedades.
Resumen de las Primeras Dos Formas
Hay varias formas para trabajar las causas de la enfermedad. Tengo que presentarle cinco formas, y escasamente estamos viendo dos: las primeras dos. Me voy a quedar aquí para poderlas trabajar adecuadamente. Las próximas tres las vamos a estudiar en la siguiente enseñanza.
El tiempo nos ha dado para ver:
1. El Valor del Arrepentimiento y los Frutos Dignos de Arrepentimiento
Es importante que entendamos que para poder enfrentar las causas de las enfermedades, lo primero es arrepentimiento. Si no hay arrepentimiento y fruto digno de arrepentimiento, no podremos realmente resolver las causas de la enfermedad. Se van a complicar.
Otro fruto del arrepentimiento es no ocultar. No ocultar la tendencia. La tendencia del hombre, y eso lo vemos desde el libro de Génesis capítulo 3, cuando el Señor viene ante Adán y ante Eva, Adán le dice: «Me escondí». Un fruto del arrepentimiento es precisamente no esconder las cosas.
2. En Qué Consiste la Confesión
La confesión es la continuación del arrepentimiento. No es divulgación, sino sacar a la luz con pesar y dolor.
Para que haya confesión, tiene que haber habido primero arrepentimiento. Tiene que haber habido arrepentimiento. Si no hay arrepentimiento, el que la persona divulgue no se toma como confesión sino precisamente eso: una divulgación. Sacó a la luz lo que hizo, pero sin arrepentimiento.
En muchos de los casos, cuando no hay arrepentimiento, lo que sucede es que la persona desarrolla una jactancia, que en realidad va a provocar más males o males mayores de los que hasta ese momento ha desarrollado.
Hay un pesar. Cuando hay arrepentimiento, hay un pesar, hay un dolor: «Yo ofendí a Dios, me pesa, me pesan mis actos, me pesan mis acciones». En Hechos 2, el escritor utiliza una palabra: «compungidos». Estaban compungidos de corazón. Ahí hay una reacción en la persona cuando ha entrado en arrepentimiento precisamente por su pasada manera de vivir, por sus actos, sentimientos, emociones, posturas, pensamientos, todo lo que desarrollamos en la vida.
Porque no vayamos a creer que solamente se tratan de acciones. Hay muchos sentimientos, hay muchas emociones que en ocasiones ni siquiera se manifiestan pero están ocultas, pero son parte de la tendencia pecaminosa de la persona.
La confesión saca a la luz el compromiso realmente que la persona tiene con Dios. No es satisfacer al ojo humano, sino ponerme a cuenta con el Señor.
Los Tres Niveles de Confesión:
- A Dios: Rompe ataduras en el espíritu
- Públicamente (sin auditorio): Rompe ataduras territoriales
- A una autoridad espiritual: Rompe lo que está en la carne
Advertencia Importante
No se presente, ni ante Dios, ni ante una autoridad espiritual para confesar si no ha tenido arrepentimiento.
Porque lo que se va a tomar es como divulgación. Está divulgando sencillamente lo que hizo, y al presentarse de esa manera, usted se está presentando en arrogancia, en jactancia, en soberbia, porque cree que a Dios se le puede mentir, que a Dios se le puede engañar.
Hermano, hermana, a Dios no se le puede engañar. Usted tiene el caso allí de Ananías y Safira. No se puede engañar a Dios, y querer presentarnos de esa manera ante una autoridad espiritual va a acarrear grande daño.
Resumen de los Tres Niveles
- Cuando nosotros confesamos a Dios, rompemos a nivel espiritual
- Cuando lo confesamos públicamente sin auditorio ante las fuerzas de las tinieblas, ante el ambiente, estamos rompiendo a nivel de tierra. Ya no estamos sujetos a nivel de tierra
- Cuando confesamos a una autoridad espiritual, rompemos lo que tiene que ver con la carne
Uno de los mayores males que ataca precisamente en cuestiones de enfermedad tiene que ver con la carne.
La Fornicación y la Carne
En 1 Corintios 6:18 dice: «Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; pero el que fornica, contra su propio cuerpo peca».
En la enseñanza de la semana pasada expliqué y enfaticé que fornicación no es como hoy en día se cree: que es una relación prematrimonial de los novios que accedieron a relaciones sexuales antes de casarse. Así es por lo general como se define, pero la Palabra del Señor no lo presenta de esa manera.
Qué es la Fornicación
La Palabra del Señor presenta la fornicación como prácticas sexuales que involucran muchos otros elementos. Entiéndase entre ellos:
- La homosexualidad
- El lesbianismo
- El bestialismo
- La pornografía
Todo eso tiene que ver con fornicación.
Fornicación Dentro del Matrimonio
El apóstol Pablo presenta un caso que se da aun dentro del matrimonio. Sí, dentro del matrimonio puede haber fornicación.
En Romanos 1:26 dice: «Por esto Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aún sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza».
¿Sabe de qué está hablando? Está hablando del matrimonio. ¿Hay fornicación en el matrimonio? Sí, puede haber fornicación en el matrimonio.
En otra de sus epístolas, el apóstol dice que el lecho sea sin mancha. ¿A qué se está refiriendo el apóstol con todo esto? Se está refiriendo al matrimonio. Puede haber fornicación cuando las mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza.
Conclusión
Hemos visto en esta enseñanza dos formas de las cinco que vamos a estudiar. Las próximas tres las vamos a estudiar en la enseñanza de la próxima semana.
¿Cómo Debemos Tratar las Causas de las Enfermedades?
Las enfermedades no se van tan solo porque nosotros lo declaremos. No se van ni siquiera con medicamentos químicos. No se van, se complican.
¿Cómo debemos trabajarlo? Espiritualmente, porque la enfermedad es una condición espiritual, y lo estudiamos en la enseñanza de la semana pasada.
La Necesidad del Arrepentimiento y la Confesión
Hemos visto en la Palabra la necesidad de:
- Arrepentimiento (y frutos dignos de arrepentimiento)
- Confesar (no divulgar)
Para que entonces el Señor tenga misericordia de cada una de nuestras vidas.
Si no hay arrepentimiento y fruto digno de arrepentimiento, no podremos realmente resolver las causas de la enfermedad. Se van a complicar.
El Propósito de Esta Enseñanza
La Palabra del Señor trae vida, y el propósito de compartirla y de haber abierto este espacio de tiempo es precisamente para que traiga vida a tu vida, para que encuentres:
- Vida
- Libertad
- Salud
Esto es salvación. Pero depende de cada uno de nosotros. De aquí en adelante, depende de la disposición que tú tengas de poder caminar en lo que la Palabra del Señor te establece.
Te bendigo. La paz del Señor sea contigo. Amén.