La paz del Señor sea contigo y con tu casa. Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, por este tiempo que Él nos concede: un tiempo de gracia, de misericordia y de revelación en el cual cada uno de nosotros podemos caminar conforme a lo que el Señor nos está demandando.
Estamos viviendo los últimos tiempos, todos lo sabemos perfectamente. Pero no se trata solamente de decir «ven Señor Jesús» y esperar reunirnos con Él. Se trata, sobre todas las cosas, de que en estos últimos tiempos el Señor está demandando de nosotros que establezcamos testimonio: el testimonio del evangelio del Reino de los Cielos. Este testimonio no consiste necesariamente en lo que predicamos, sino en lo que podemos establecer con cada una de nuestras vidas conforme a lo que el Señor nos está hablando.
El Dios eterno nos ha llamado para que en este tiempo podamos establecer con nuestras vidas la Palabra de Dios. Ese es el mayor testimonio que el enemigo no puede borrar ni deshacer. Cuando vamos al libro de Job, capítulo 1, encontramos el relato de cuando el Señor le dice a Satanás: «¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro más perfecto que él?» Job está en su casa, comparte con los demás, pero su vida se desarrolla en su hogar y en su hacienda, estableciendo conforme a la voluntad de Dios. Ese es el testimonio que el Señor quiere que nosotros establezcamos: que podamos ser testigos de la gracia, de la misericordia y del poder de Dios.
La Salvación: Más Allá del Aspecto Escatológico
En esta enseñanza vamos a continuar estudiando el tema de la salvación. Este es un tema sumamente necesario porque, como ya hemos dicho, la salvación no solamente consiste en una salvación escatológica (es decir, una salvación futura que todavía no se ha manifestado).
Por lo general, la gran mayoría de los hombres y mujeres de Dios hemos recibido el mensaje de que vamos a caminar en los cielos por calles de oro y en mansiones que el Señor tiene preparadas para cada uno de nosotros. La mayoría hemos creído que eso es la salvación. Sin embargo, en esta enseñanza estamos enfatizando que la salvación comienza aquí en la tierra.
La salvación tiene dos aspectos:
- Aspecto escatológico (futuro): Efectivamente, el Señor nos habla de que Él ha preparado lugar para nosotros, para que donde Él esté, nosotros también estemos.
- Aspecto presente: En la actualidad tiene una ejecutoria. No estamos solamente esperando el momento de reunirnos con el Señor. El Señor establece en Su Palabra que cada uno de nosotros debemos aprender a vivir en la salvación del Señor.
En esta enseñanza vamos a comenzar a estudiar los distintos aspectos de la salvación, y el primero es la sanidad de enfermedades.
La Sanidad es También Salvación
Quiero leer varios textos fundamentales:
Salmo 103:3-4: «Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias.»
Isaías 53:4-5: «Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
Hay muchos otros textos en el libro de Éxodo, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento donde se nos habla claramente de que la sanidad es parte también de la salvación. De hecho, una de las razones por las cuales en la versión antigua (la versión de 1909) no se lee en ocasiones «salvación» sino «salud», es precisamente porque la salvación es una palabra integral que abarca:
- Liberación
- Restauración
- Sanidad
- Fortaleza
- Vivificación
Cuando hablamos de salvación, no debemos considerar solamente el aspecto escatológico, el aspecto futuro de cuando estemos reunidos con el Señor, cuando estos cielos y esta tierra desaparezcan, cuando el Señor transforme nuestra naturaleza y estemos con Él. Mientras tanto, en la faz de la tierra, nosotros tenemos que aprender a vivir en la salvación del Señor.
El Proceso Divino para la Sanidad
Para establecer cuál es el proceso que Dios ha establecido acerca de la sanidad, quiero utilizar el texto de Mateo 9:1-7:
«Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa.»
Dos Verdades Fundamentales sobre la Enfermedad
Cuando hablamos acerca de la sanidad de enfermedades, tenemos que entender dos cosas bien importantes:
1. La enfermedad es resultado de la intervención satánica
La enfermedad es el resultado de la intervención satánica en la vida, en la actividad y en los medios donde el hombre se desarrolla. La enfermedad no viene de Dios. Esto es lo primero que nosotros tenemos que establecer: la enfermedad no procede de Dios. La enfermedad es el resultado del pecado y de la desobediencia.
En Romanos 3, el Señor establece que «por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios». Y en el capítulo 6, versículo 23, dice que «la paga del pecado es muerte».
Por lo tanto, lo primero que nosotros tenemos que establecer es que la enfermedad es el resultado del pecado y de la desobediencia. La intervención del pecado en la vida de un hombre lo primero que va a traer es enfermedad, porque precisamente la enfermedad destruye el cuerpo y va a provocar que la persona desaparezca lo más pronto posible de esta tierra.
2. Para recibir sanidad hay que enfrentar la causa
Es importante que nosotros entendamos que para recibir sanidad tenemos que enfrentar la causa que produce la enfermedad. Esto también es sumamente importante.
No hay sanidad sin haber antes resuelto o enfrentado la causa que ha producido aquella enfermedad.
El problema que muchas veces encontramos son enfermedades que aparentemente se resuelven, pero surgen otras de distinta naturaleza e índole. ¿Por qué razón? Porque si no se tratan las causas que han producido aquella enfermedad, la enfermedad muta, se transforma, se mueve a otras regiones, inclusive del cuerpo humano.
En el texto que hemos leído (Mateo 9:5) se nos dice claramente: «¿Qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?» Lo más fácil es decir «levántate y anda», pero si la persona resuelve una enfermedad sin haber trabajado la causa que ha producido aquella enfermedad, tarde o temprano va a volver a incurrir en una enfermedad similar o peor.
El Orden Establecido por Jesús
Jesús estableció un orden que se ve claramente en este relato. El proceso es enfrentar la causa que ha producido aquella enfermedad para que se resuelva completamente. De lo contrario, se va a convertir, transformar o mutar en otra enfermedad, y muchas veces es peor que la primera.
Por eso, en el versículo 2 de este relato, lo primero que Jesús establece es el perdón: «Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.» ¿Por qué? Porque es la condición pecaminosa la que ha establecido la enfermedad. Una vez enfrentada la causa, se resuelve para que pueda recibir la persona sanidad.
El proceso es crucial: debemos enfrentar las causas, no solo las consecuencias. De lo contrario, vamos a pasar la vida enfrentando síntomas sin resolver el problema de raíz.
Las Causas de las Enfermedades
En el evangelio de Juan 10, el Señor estableció: «El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.» Cuando habla de hurtar, matar y destruir, no está hablando solamente de propiedades, sino de la vida de la persona: destruye el cuerpo, destruye a la persona misma.
Voy a presentar por lo menos cuatro causas principales de enfermedades. No todas las enfermedades tienen una misma causa. Hay una causa particular que ha sido desarrollada por cada persona. Aunque sea una misma enfermedad en dos o tres personas, ninguno de ellos necesariamente tiene la misma causa. Cada persona debe identificar cuál es su causa particular, su causa personal.
Primera Causa: Los Pecados de los Antepasados
La primera causa la encontramos en Éxodo 20:5:
«No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.»
Nos estamos refiriendo al pecado de los antepasados. En muchos medios cristianos, este tipo de situación se presenta como «maldiciones hereditarias». Los pecados de los antepasados claramente se establece en este versículo que Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generación.
Esta es la principal causa que cada uno de nosotros debemos conocer e identificar.
Cuando hablamos de los pecados de los antepasados, tenemos que entender la gran variedad de pecados que pueden darse, entre ellos:
- Idolatría
- Hechicería
- Brujería
- Ciencias ocultas
- Todas aquellas prácticas que los antepasados practicaron en sus respectivos tiempos o lugares
Aunque la enfermedad sea la misma para varias personas, cada uno ha desarrollado o su familia desarrolló una causa particular, y convergieron en un mismo tipo de enfermedad.
La Importancia de la Confesión
Muchas personas no le ponen atención a esto porque en una gran mayoría se cree que ya el Señor perdonó todo. Sí, Dios lo perdonó, pero es necesario que el hombre, que la mujer, lo pueda confesar para que sea completamente perdonado. De lo contrario, el pecado está vigente y alcanza a la persona, aun cuando la persona sea creyente, aun cuando la persona sea cristiana.
Veamos el ejemplo de Daniel en Daniel 9:4-6:
«Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.»
Daniel no está confesando solamente a título personal. Con el «hemos pecado» está incluyendo a toda la nación presente, pero también a toda la nación pasada. Está hablando de sus padres, de sus antepasados.
Otro texto se encuentra en Lamentaciones 5:7:
«Nuestros padres pecaron, y han muerto; y nosotros llevamos su castigo.»
El Antiguo Testamento contiene muchos textos que muestran que los pecados de los antepasados, como dice Éxodo 20:5, alcanzan hasta la tercera y hasta la cuarta generación. Esto no excluye a las personas que ahora están dentro de la vida cristiana.
Hay personas que, a pesar de estar buscando del Señor, están padeciendo ciertas situaciones. Cuando vienen a revisar la vida de su familia, la vida de su generación, se dan cuenta de que hubo situaciones que ellos desarrollaron y establecieron, y que ahora están alcanzando hasta la tercera y la cuarta generación.
Enfermedades Hereditarias y Repetitivas
Esas enfermedades repetitivas que se repiten en la familia: no las busque en el presente, búsquelas en el pasado. ¿Por qué? Porque los antepasados hicieron o practicaron:
- Hechicería
- Brujería
- Espiritismo
- Ciencias ocultas
- Pactos
- Prácticas de las cuales en la familia no se quiere hablar
Son pecados ocultos. Muchos conocen acerca de lo que se hizo en el tiempo pasado, pero lo dejan en el recuerdo. Tenemos que entender que las causas de enfermedades son precisamente los pecados de los antepasados, y cada uno de nosotros tenemos que trabajarlo adecuadamente.
¿Cómo se Trabaja esta Situación?
Volviendo a Mateo 9, Jesús dijo: «Tus pecados te son perdonados.» Hay que enfrentar la causa, porque de lo contrario la enfermedad no va a poder ser sanada. La enfermedad no podrá ser sanada porque la causa no se ha trabajado, porque la causa no se ha enfrentado.
Lo que nosotros tenemos que aprender es a confesar como si nosotros mismos hubiéramos sido los actores de esos pecados. Tenemos que confesar. No es pedir perdón (porque hay una diferencia entre la idea que predomina en muchos medios cristianos de «yo te pido perdón», que procede del catolicismo precisamente).
No se trata de pedir perdón. Se trata de confesar. Se trata de arrepentirse delante del Señor como si nosotros hubiéramos sido los que desarrollamos esa actividad.
Los casos que he presentado nos lo establecen claramente: «Confesamos nuestros pecados delante de ti, Señor, y venimos en arrepentimiento delante de ti.»
No es sino hasta cuando se ha sacado a la luz todas aquellas cosas de los antepasados, que hay apertura del Reino de los Cielos para que la persona pueda ser sanada de aquella enfermedad que la está agobiando.
Por lo general, este tipo de enfermedades son enfermedades hereditarias, congénitas o cíclicas repetitivas que afectan con cierto tiempo a la persona.
Segunda Causa: Los Pecados Personales
Gálatas 6:7 dice: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.»
El segundo grupo de causas que producen enfermedades son nuestros actos personales, actos individuales. No hubo familiares ni antepasados envueltos, sino lo que cada uno de nosotros hicimos.
Un Error Común en el Cristianismo Contemporáneo
Hay una práctica dentro del cristianismo contemporáneo que es necesario que erradiquemos. Una gran mayoría de hombres y mujeres creyentes dicen: «Pero es que yo lo hice cuando estaba en el mundo, antes de venir a Cristo.»
No importa si lo hiciste antes, porque la vida no comenzó cuando viniste a Cristo Jesús. Tu vida comenzó cuando fuiste dado a luz. La vida de cada uno de nosotros comenzó cuando fuimos establecidos en el vientre de nuestra madre, pero se materializó cuando fuimos dados a luz. Allí comenzó nuestra vida.
Por lo tanto, nosotros no podemos, como excusándonos, decir: «Eso lo hice antes de venir a Cristo», porque toda nuestra vida está delante de la presencia del Señor. Toda, completa. El salmista David dice claramente: «Mi embrión vieron tus ojos.»
Cuando vengamos ante el tribunal de Cristo vamos a ser juzgados no por el momento o desde el momento que comenzamos en la vida de fe, sino que vamos a ser juzgados por todo lo que nosotros hemos vivido y hemos desarrollado en la vida.
Es importante que cada uno de nosotros no nos escudemos en esta declaración: «Sí, pero lo hice antes, eso ya no importa, ya eso el Señor me lo perdonó.» ¿De dónde sacamos nosotros esa declaración?
Gálatas 6:7 comienza diciendo: «No os engañéis, Dios no puede ser burlado.» Por lo tanto, el segundo grupo o segunda causa que produce enfermedades son los pecados que hemos cometido.
¿Qué es Pecado?
Cuando hablamos de pecados, entendamos: es todo aquello que no le agrada al Señor. No solamente son aquellas situaciones escandalosas moralmente.
- Romanos dice claramente que «todo lo que no es de fe es pecado». No está hablando de adulterio, fornicación o muerte, pero dice que es pecado.
- Santiago dice que «todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado».
Pecado no son solamente aquellas situaciones escandalosas moralmente, sino es todo aquello que no le agrada al Señor, aun cuando no haya habido de por medio una situación escandalosa clasificada por la sociedad como pecado.
Jesús lo dijo: «El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.»
Identificar Más Allá de las Acciones
Cuando hablamos de pecado, no solamente debemos identificar acciones. Debemos identificar:
- Actitudes
- Posturas
- Pensamientos
- Sentimientos
Tenemos que identificar cuál ha sido nuestra participación o nuestro involucramiento en las situaciones.
Muchas veces, las enfermedades no ceden precisamente porque no hemos sacado a la luz las cosas que establecimos en el tiempo pasado.
La Importancia de Sacar a la Luz
Efesios 5:11-13 establece:
«Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.»
De igual manera que con los pecados de los antepasados, es necesario, es importante que cada uno de nosotros aprendamos a confesar. Confesar significa sacarlos a la luz.
Cuando el hombre, cuando la mujer esconde, reprime, cuando no somos capaces de sacar a la luz (y en muchas ocasiones no necesariamente confesarlos solamente a Dios, porque en muchos de los casos las personas no saben confesarlo y peor aún arrepentirse de ellos), tenemos un problema.
Una gran mayoría tenemos la idea de que «bueno, como yo ya no lo hago, dejé de hacerlo, dejé de practicarlo, ya abandoné ese tipo de vida o conducta, ya todo se arregló». No, hermano; no, hermana. No es así.
Mientras nosotros no vayamos al pasado diciendo: «Yo, Señor, no debí haber hecho esto» (y ponerle nombre, identificarlo), no se resuelve.
No es resumirlo en «todo, Señor, yo te pido, yo me arrepiento de todo lo que hice en el pasado», y con eso envolvemos 15, 20, y a veces más años, y creemos que con eso ya lo resolvimos. No. No es así.
Es el poder identificar:
- Eventos
- Situaciones
- Acciones
- Pensamientos
- Actitudes
- Posturas
Y llamarlas por su nombre y sacarlas.
Cualquiera podría decir: «Pero ¿para qué confesarlas, para qué mencionarlas si Dios las conoce?» Sí, pero la actitud de nosotros de sacarlas a la luz es lo que hace y lo que permite que Dios pueda abrir apertura de gracia y de misericordia.
Un Principio Fundamental
Tengamos presente algo que es bien importante: el evangelio le pertenece a Dios, no a nosotros. Por lo tanto, nosotros no podemos innovar el evangelio y trabajar las cosas como a mí me parezca que se deben trabajar.
«Yo ya la resolví.» No es como yo. Es como Él, Dios, el Eterno, el Todopoderoso, ha determinado que se deben trabajar todas las cosas.
Por lo tanto, el segundo grupo que es importante que nosotros entendamos son los pecados de tipo personal. Es importante que nosotros seamos capaces, diligentes, de poderlos sacar del pasado y sacarlos a la luz y arrepentirnos de cada situación que sucedió en el pasado.
No pedirle al Señor perdón por todo lo que hicimos en el pasado, porque, déjeme decirle, está perdiendo el tiempo. «Yo le pedía perdón por todo lo que hice antes de venir a Cristo Jesús.» Está perdiendo el tiempo. No funciona así. No funciona de esa manera.
Tercera Causa: La Fornicación
Voy a 1 Corintios 6:16-18:
«¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.»
El tercer grupo es la fornicación, y aquí quiero necesariamente establecer una corrección.
Corrigiendo el Concepto de Fornicación
Socialmente (y esto acontece prácticamente en toda Latinoamérica, con todos los latinoamericanos), se tiene la idea o la definición de que fornicación es relaciones sexuales antes del matrimonio. Así es como se define, y digo esto prácticamente en toda América.
Tengo que decirle que ese es el concepto religioso social que se ha establecido, y se estableció precisamente para que el hombre, para que la mujer, pudieran llegar al matrimonio sin haber desarrollado una actividad sexual previa.
Fornicación no es relación sexual antes del matrimonio.
¿Qué es Entonces Fornicación?
Fornicación es todo aquello que tiene que ver efectivamente con relación sexual, pero que incluye otros elementos como son:
- La prostitución
- La homosexualidad
- El lesbianismo
- El bestialismo
- La pornografía
- Todas aquellas situaciones que hoy por hoy se desarrollan también de tipo virtual
No es solamente una relación prematrimonial, sino que es mucho más amplio.
Observe el versículo 18: el apóstol por el Espíritu de Dios dice «huid de la fornicación», y en el versículo 16 dice: «¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella?» Y está hablando de fornicación.
¿Por Qué la Fornicación es Causa de Enfermedades?
Vea lo que dice el versículo 16: «¿No sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella?» Y observe lo siguiente: «Porque dice: Los dos serán una sola carne.»
¿Dónde hemos leído esta última parte, «serán una sola carne»? En Génesis, cuando Dios formó al hombre y a la mujer. Dios mismo fue el que dijo: «Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.»
Esa declaración fue dada por Dios para referirse al matrimonio. El matrimonio comienza cuando el hombre toma a la mujer y vive, convive íntimamente con ella. El matrimonio no comienza, según la Palabra de Dios, cuando la ley establece marido y mujer. El matrimonio comienza cuando el hombre toma a la mujer y cohabita con ella.
Por eso ahora, en el versículo 16, el apóstol por el Espíritu de Dios dice: «Tengan presente algo: que si usted cohabitó, aunque haya sido una sola vez con una ramera, el acto sexual lo unió como en un matrimonio.»
Vínculos Espirituales Activos
Ahora pensemos: ¿cuántas personas están unidas en vínculos espirituales (porque de eso se trata) con rameras, o no necesariamente con rameras, pero con todas las personas con que la persona (hombre o mujer) intimó sexualmente?
Aquellos actos sexuales, si la persona está viva, la persona está unida espiritualmente con él o con ella. Para los efectos, hay hombres que podrían tener tres, cuatro o más matrimonios, porque el matrimonio es un vínculo espiritual.
Ahí lo dice: «El que se une con una ramera, es un cuerpo con ella.» Todavía el vínculo está activo. Y cuántas mujeres de igual manera están unidas espiritualmente con dos, tres o más hombres con quienes cohabitó sexualmente.
Esto muchas personas no lo quieren ver. Y muchos podrían decir: «Bueno, sí, pero es que yo me casé.» Y algunos podrían decir todavía aún más: «Y yo me casé por la iglesia.»
Eso no hace la diferencia, porque Adán y Eva no se casaron por la iglesia. Y sin embargo, Dios dijo de ellos: «Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.»
Muchas veces vivimos no por la Palabra, no por lo que la Palabra dice, sino por lo que la sociedad establece, y le hemos dado un valor por encima inclusive de la Palabra.
«Yo me casé por la iglesia», como queriendo decir con eso «eso es lo máximo, no importa lo que hice antes, no importa lo que hice anteriormente, pero me casé por la iglesia.»
Hay vínculos que todavía están abiertos. Hay vínculos que todavía están vivos. Y en el caso de ambos (porque se da en el caso de ambos):
¿Por qué hay tantas enfermedades hoy en día que afectan la próstata? ¿Por qué hay tantas enfermedades hoy en día que afectan la matriz?
Tendríamos que ir al pasado y revisar:
- ¿Cuántos vínculos todavía están abiertos?
- ¿Cuántos vínculos están vivos?
- ¿Cuántos vínculos están todavía estableciendo un derecho sobre la persona?
Estoy hablando, por supuesto, de hombres y mujeres creyentes. No estoy hablando de hombres y mujeres en el mundo. ¿De qué me sirve a mí hablar de hombres y mujeres del mundo? Estoy hablando de hombres y mujeres creyentes que están dentro de una congregación, pero que están enfermos. ¿Por qué? Porque no se han dado cuenta de que la fornicación…
«Pero es que yo ya no lo hago, yo ya lo dejé.» Pero no lo hemos redargüido como dice Efesios 5. No lo hemos redargüido todavía. Y mientras nosotros no hayamos redargüido el pasado, el pasado está activo y está vigente. Y prueba de ello son las enfermedades.
Otros Aspectos de la Fornicación
«Huid de la fornicación.» La fornicación es una causa fuerte y activa de muchas enfermedades, no solo en hombres, en muchas mujeres de igual manera. ¿Por qué? Porque hubo intimidad sexual y actividad sexual desde la adolescencia.
¿Y qué tal de las tendencias homosexuales y las prácticas homosexuales? ¿Y qué tal de las prácticas lésbicas? «Sí, pero yo ya no lo hago.» Está vivo. Está vigente.
¿Y qué tal de las prácticas de bestialismo? «Sí, pero ya no lo hago.» Está vigente. Todo eso está vigente.
Con el correr de los años, comparemos el ahora, el presente, con el pasado. Muchas personas, hombres y mujeres (por supuesto, estoy hablando de hombres y mujeres cristianos):
- Muchos hombres, muchas mujeres debilitados, debilitadas
- Muchos hombres y muchas mujeres demacrados, demacradas
- Muchos hombres, muchas mujeres con unas condiciones en que recurren, para colmo, a medicamentos químicos que multiplican todavía las condiciones de la persona
Lo estamos viendo.
Por eso es importante que nosotros podamos identificar y poder sacar del pasado aquellas cosas que todavía están ocultas.
Testimonio Bíblico
En el libro de Números 14:33 dice:
«Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años; y ellos llevarán vuestras rebeldías , hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.«
Y si usted se traslada en el mismo libro de Números al capítulo 25, versículo 1, vea lo que dice:
«Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab.»
Y si usted lee el capítulo 25, verá que fornicar no era otra cosa más que prácticas con prostitutas. En el capítulo 26 dice:
«Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón.»
Hubo una gran mortandad precisamente por esto: la fornicación. Entiéndase, todo lo que tiene que ver con:
- Prostitución
- Homosexualidad
- Lesbianismo
- Bestialismo
- Pornografía (la pornografía forma parte de la fornicación)
- Todo lo que tiene que ver de forma visual
- Hoy en nuestro tiempo, formas virtuales
Es causa de muchas enfermedades. De muchas enfermedades. No se trata, como algunas personas pretendemos verlo, como una desviación. No se trata de eso. Son causas de enfermedades, y muchas de ellas son fatales, son mortales, llevan a la persona a una destrucción completa.
En el caso de las relaciones sexuales que se hayan desarrollado en el tiempo pasado, muchas de ellas todavía están cobrando vida a hombres y a mujeres que hoy están dentro del cristianismo, que creyeron que eso fue algo pasajero, que eso fue algo que no pudieron evitar. Y se ha constituido en una causa.
Cuarta Causa: La Idolatría
Quiero ir al libro del profeta Oseas 4:12:
«Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde; porque espíritu de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar.»
Hay una variante de la fornicación que tiene que ver con la idolatría, y ese es el cuarto grupo: la idolatría.
La idolatría es causante de enfermedades, muchas de ellas degenerativas, muchas de ellas que tienen que ver con condiciones que destruyen completamente a la persona.
¿Qué es la Idolatría?
La idolatría originalmente se consideraba como un ídolo ante el cual se postraban, al cual adoraban. Pero la idolatría ha ido desarrollándose, transformándose, mutando. Y hoy por hoy se constituye como idolatría todo aquello que representa un valor para la persona, porque en la realidad, la idolatría es algo que para la persona tiene valor.
La idolatría puede ser:
- Un amuleto: Hay personas que portan amuletos de distinta naturaleza, amuletos para protección, o amuletos para atraer la suerte. Todo esto es idolatría. En algunos casos algo físico, pero en otros casos pudiera ser algo inclusive virtual.
- Elementos introducidos a la casa: Elementos que se establecen como un valor de adorno, como un objeto de adorno.
- Colecciones: Colecciones de distintas cosas. Hay personas que coleccionamos monedas, que coleccionamos objetos culturales.
Todo esto tiene que ver con idolatría. Todo aquello que la persona introduce:
- A su propiedad
- A su persona
- A su casa
- En sus prácticas
- Inclusive en sus prácticas de relación
Se constituye como idolatría.
Consagrando a Nuestros Hijos a la Idolatría
Y lamentablemente, yo tengo que decir esto: lamentablemente, muchos padres consagramos a nuestros hijos a la idolatría.
En muchos países latinoamericanos, la práctica del 6 de enero es una idolatría, y muchos padres lamentablemente consagramos a nuestros hijos a través de estas prácticas.
El 24, 25 de diciembre es una práctica idolátrica. Vea usted cómo un hombre, como una mujer, nos podemos postrar ante un árbol. Y cualquiera diría: «¿Cómo que postrar ante un árbol?»
¿No se ha dado cuenta dónde se colocan los regalos para que cada quien los busque? ¿Qué están haciendo? ¿Cómo es que van a recoger el regalo si no se postran, si no se encorvan? Es una postración. Es una adoración. Es una idolatría.
Lo estamos viendo, y son prácticas que prevalecen inclusive aún dentro de nuestras iglesias. Cuántos, cuántas iglesias (lamentablemente muchos pasamos por allí) introdujimos árboles a nuestras congregaciones.
La idolatría es una causa, y es una causa fuerte de enfermedades.
Las Consecuencias de la Idolatría
En el mismo libro de Oseas, capítulo 8, versículos 1-7, esto es todavía mucho más impactante:
«Pon a tu boca trompeta. Como águila viene contra la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley. A mí clamarán: Dios mío, te hemos conocido, nosotros Israel. Israel desechó el bien; enemigo lo perseguirá. Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser ellos mismos destruidos. Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejar; se encendió mi ira contra ellos, hasta que no pudieron alcanzar inocencia. Porque de Israel es también esto; artífice lo hizo, y no es Dios; por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria. Porque sembraron viento, y torbellino segarán; no tendrán mies, ni su espiga hará harina; y si la hiciere, extraños la tragarán.»
Tengo que decirles que la idolatría es una fuente grande de destrucción.
Manifestaciones de la Idolatría
Hay dos características de la idolatría que tengo que señalar, que tengo que denunciar. Y en muchos países de Latinoamérica esto se está viendo hoy en día.
Primera manifestación: La violencia
¿Cómo sabemos que en un país hay idolatría? Sencillo: por la violencia que se desarrolla. Cuando en un país se despierta violencia, téngalo por seguro que es porque hay idolatría dentro de ese país. Cuando hay violencia en un país es porque el pueblo se ha volcado a la idolatría.
Muchos países latinoamericanos: sus presidentes o sus gobernantes tienen acceso a chamanes, a brujos, a magos para poderse mantener en el poder. Inmediatamente, todos sus pobladores buscan acceder de igual manera a la idolatría. Esa es una norma, y lo primero que se manifiesta es la violencia.
Segunda manifestación: Los huracanes y torbellinos
Vea lo que dice el versículo 7: «Porque sembraron viento, y torbellino segarán.»
Los huracanes, los huracanes. Aunque le parezca esto absurdo, pero yo tengo que decirle: los huracanes, los torbellinos, los tornados, son una manifestación de idolatría.
¿Por qué? Porque los huracanes ya no surgen desde los lugares que originalmente, la ruta que antes llevaban. Hay torbellinos que se están generando en sitios donde antes nunca se generaban huracanes o torbellinos. ¿Por qué? Porque en esas regiones hay idolatría.
Hay huracanes que siguen una ruta en tierra, o torbellinos que siguen una ruta en tierra. ¿Por qué? Porque esa ruta, en esa región, hay idolatría.
El Señor nos habla. El Señor nos da testimonio. El Señor nos habla, nos da testimonio, y son las formas como la Palabra nos enseña a nosotros a poder identificar qué es lo que hay en esas regiones.
Tercera manifestación: Las enfermedades
Que es lo que estamos estudiando para nuestros efectos: las enfermedades. Muchos hombres enfermos. Muchas mujeres enfermas.
El Problema con los Medicamentos Químicos
Por eso es que usted ahora podría entender por qué desde mi postura, yo he dicho en muchas ocasiones, yendo en contra de los medicamentos, particularmente los medicamentos químicos. ¿Por qué? Porque no estamos resolviendo. Al contrario, estamos complicando más la situación.
Dios nos está dando testimonio de que hay algo que no ha sido concluido en tu vida, que hay algo que tú no has sacado a la luz en tu vida. Pero queremos acallar la voz de Dios.
Un medicamento químico lo que va a producir es efectos secundarios que muchas veces son peores que la enfermedad misma que estaba agobiando.
Conclusión: La Necesidad de Tratar las Causas
Al ir concluyendo ya esta enseñanza: si nosotros no tratamos la causa, si nosotros no tratamos la causa, nunca podremos resolver nuestra enfermedad. Nunca.
Si usted se da cuenta, es necesario volver a Mateo 9, donde comenzamos. Jesús dijo: «Tus pecados te son perdonados.» Y con ello lo que estaba diciendo es: Trata la causa de tu condición. Trata la causa de tu enfermedad.
Porque cualquier cosa que hagas vas a encontrar alivio, pero no solución. Y en algunos casos podríamos incurrir en unas consecuencias mayores.
El Reconocimiento del Apóstol Pablo
Mire, hermano: aún el apóstol Pablo reconoce algo que es bien importante. Quiero leerle esto en 2 Corintios 12:7:
«Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.»
Aún el apóstol Pablo está reconociendo que la razón, la causa de su enfermedad, es la exaltación a la cual había esa tendencia en él, a exaltarse por la grandeza de la revelación. Si él mismo lo reconoce cuando está hablándole a Timoteo, él mismo lo reconoce: «Era el mejor de toda mi clase.» Lo está viendo.
No hay una enfermedad sin causa. Y es necesario trabajar las causas para poderlas resolver en la gracia y en la misericordia de Dios. Porque si al Señor le place, el Señor nos permitirá la sanidad.
La Sanidad es Salvación Presente
La sanidad es también salvación. Es también salvación.
¿De qué nos sirve a nosotros creer en una salvación futura, cuando en nuestro entorno, en nuestra condición actual, estamos invalidando la salvación que Dios nos ha dado? ¿De qué nos sirve?
Muchas veces negamos cosas en nuestro presente precisamente porque no caminamos conforme a la Palabra del Señor.
Así que en la enseñanza de esta noche: la sanidad es también salvación.
«Él llevó nuestras dolencias. Por sus llagas fuimos nosotros curados.»
Pero ¿qué pasa entonces? ¿Por qué razón no estamos viendo los resultados? Ah, porque no solamente se trata de confesarlo, no solamente se trata de declararlo, no solamente se trata de decirlo.
Se trata de salir de nuestro escondite y presentarnos como estemos delante del Señor.
Recuerde que en Génesis 3 la condición del hombre fue esconderse. Hoy en día es exactamente lo mismo: queremos esconder, queremos reprimir, queremos ocultar. Pero el Señor, en Su gracia, nos envía situaciones muchas de las veces para que todas esas cosas salgan a la luz.
Llamado Final
Así que tenemos ahora mucho más claro, y ahora usted puede entender que si no buscamos del Señor, realmente nuestras enfermedades no van a ser sanadas. Pero es importante ahora, con conciencia, con certidumbre: tenemos que trabajar la causa.
Identificando Nuestras Causas Particulares
Sólo tú conoces quiénes fueron tus antepasados y qué fue lo que ellos hicieron. No lo escondas.
Sólo tú conoces lo que tú hiciste. No lo escondas. Ni te ocultes en el hecho de que como lo hiciste antes de venir a Cristo, pues no tienes una gran responsabilidad. No te ocultes en ello, porque muchas de las situaciones que en el presente estamos viviendo están precisamente en esos tiempos, en las prácticas y en los hechos que se hicieron.
Ten presente acerca de la fornicación. Todos aquellos vínculos sexuales que estableciste todavía tienen ejecutoria, porque claramente la Palabra lo dice: están vigentes hasta tanto el hombre o la mujer mueren. Tenlo presente. No lo veas como errores del pasado. Míralo como causa de las situaciones que hoy en el presente estás viviendo.
Y la idolatría. Que no solamente es postrarse ante un ídolo, sino todo aquello que representa un valor para cada uno de nosotros.
Te bendigo. La paz del Señor sea contigo. Y ahora tienes una claridad mucho más clara por medio de la cual puedas trabajar tu situación.
La paz del Señor sea contigo.
Amén.