Introducción
Doy gracias al Dios Eterno, al Todopoderoso, por concedernos otro día para exponernos ante Su palabra. Le agradezco porque cada uno de nosotros puede acercarse a la verdad que trae libertad a nuestras vidas, pues está escrito: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Cada vez que hombres y mujeres de fe nos exponemos ante la palabra, no solo adquirimos conocimiento de las Sagradas Escrituras, sino que traemos libertad. Esto es motivo de gratitud porque no todos tienen la oportunidad de exponerse ante la verdad de la palabra del Señor. En varios textos del Nuevo y Antiguo Testamento se manifiesta que no todos están expuestos a esta verdad, solo aquellos de quienes el Señor ha tenido misericordia.
El contexto bíblico de la pérdida de fe
La enseñanza de hoy se basa en las palabras que Jesus el Cristo estableció en el Evangelio de Lucas, capítulo 18, versículo 8: «Os digo que los defenderá presto. Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?» Esta pregunta sugiere que la fe, a la venida de Cristo Jesus o en los días finales de esta generación, será una de las virtudes que escaseará entre hombres y mujeres que se han confesado como hijos de Dios.
Este tema se aplica exclusivamente a quienes han creído en Jesus, no a personas fuera de la Iglesia. Ninguno de nosotros está exento de esto. La pregunta que Jesus hace establece claramente que la característica de los tiempos previos a Su venida será la escasez de fe.
En la primera epístola del apóstol Pablo a Timoteo encontramos expresiones similares. En el capítulo 4, versículo 1, dice: «Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios». La palabra «apostasía» se utiliza en el Nuevo Testamento para indicar divorcio espiritual. No se refiere a quienes están fuera de la Iglesia, sino a aquellos que forman parte del cuerpo de Cristo.
También en 1 Timoteo 1:19, Pablo escribe: «Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos». Estos textos establecen una realidad de los últimos tiempos: escasez de fe, crisis de fe, donde a pesar de que hombres y mujeres formen parte de una congregación, no caminan conforme a lo que la palabra del Señor establece.
Las tres causas principales de la pérdida de fe
Primera causa: No entender lo que Dios está haciendo en nuestro entorno
El propósito de la vida de fe se establece en Jeremías 9:24: «Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra». El propósito es que el hombre y la mujer conozcan y entiendan a Dios.
En el Nuevo Testamento, Juan 17:3 confirma esto: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesus el Cristo, a quien has enviado». El propósito de la vida de fe es conocer a Dios, creerle y entenderle.
Muchas personas entran en crisis de fe porque no pueden entender lo que Dios está haciendo en su entorno. El ejemplo del profeta Jonás ilustra esto claramente. En Jonás 4:2, él ora diciendo: «Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia, y que te arrepientes del mal».
Jonás conocía perfectamente a Dios, pero huyó porque temía quedar como un falso profeta. Cuando predicó que Nínive sería destruida en 40 días y la ciudad se arrepintió, Dios no la destruyó. Jonás se molestó porque su prestigio como profeta estaba en juego. No podía ver a Dios obrando en beneficio de más de 120,000 personas porque estaba enfocado en su propio prestigio.
La importancia de no medir a Dios por los resultados
No podemos medir a Dios por los resultados, especialmente por los adversos. Existe una idea errónea en medios eclesiásticos que dice que «lo bueno viene de Dios y lo malo viene del diablo». Esta filosofía religiosa causa gran daño, porque cuando recibimos cosas buenas pensamos que Dios está con nosotros, pero cuando recibimos adversidades concluimos que Dios se alejó.
Job 2:10 corrige este concepto: «Mas él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios».
Dios está presente en todo momento. Jesus dijo en Mateo 28:20: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». El Salmo 23 declara: «Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu vara y tu cayado me infundirán aliento».
Lo bueno y lo adverso pueden provenir de Dios. Los procesos de juicio son necesarios porque por medio de ellos el Señor nos limpia, purifica y reubica en una posición más excelente. Primera de Pedro 4:17 establece: «Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios».
El ejemplo de Job ilustra esto. Perdió hijos, hacienda y salud, pero al final, Job 42:12 dice: «Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero». Su postrimería fue el doble de lo que tenía al principio.
Segunda causa: El miedo
En Mateo 13:20-21, Jesus explica la parábola del sembrador: «Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza».
Esta escritura describe a personas que recibieron la palabra con gozo, eran creyentes legítimos que se deleitaban en el Señor, pero hubo algo que no pudieron sobrepasar: el miedo. Tuvieron miedo de lo que dirían las personas, miedo a perder amigos, trabajo, familia. El miedo paraliza a muchas personas porque no saben cómo enfrentar las situaciones.
La parábola de los talentos en Mateo 25:24-30 ilustra esto. El siervo que recibió un talento dijo: «Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo».
Este siervo era de confianza, pero el miedo lo paralizó. No solo le quitaron el dinero, sino también la confianza que habían depositado en él. El versículo 30 dice: «Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».
Dios no nos ha dado espíritu de temor, sino espíritu de valor para enfrentar todo lo que viene contra nuestras vidas. No debemos permitir que el miedo nos paralice y estorbe lo que Dios quiere hacer con nuestras vidas.
Tercera causa: Escuchar doctrinas de demonios
Primera de Timoteo 4:1 establece: «Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios».
No todo lo que se presenta usando la palabra de Dios es conveniente escuchar. Satanás también puede utilizar la palabra, como vemos en Mateo 4 cuando tentó a Jesus: «Échate abajo; porque escrito está…»
El primer ejemplo de doctrina de demonios está en Génesis 3, cuando la serpiente cambió la palabra de Dios. Dios había dicho: «No comeréis de él, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás». Pero la serpiente dijo: «No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal».
Las doctrinas de demonios pretenden cambiar la palabra y entregar otra a cambio. Su característica es que solo buscan beneficiar a la persona. Cuando una palabra busca solamente beneficiarte, ten presente que hay doctrina de demonios detrás de ella.
La palabra de Dios te hablará de juicios, reprensiones y correcciones. No debemos buscar solo beneficios o promesas, porque podríamos estar atendiendo doctrinas de demonios.
Conclusión
Lucas escribió en su evangelio (1:1-4): «Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido».
Si algo nos aparta de la verdad en la que hemos sido enseñados, no viene de parte de Dios. Por eso es importante entender este último punto sobre las doctrinas de demonios y de error.
Fuiste llamado para presentarte delante del Señor con gozo, alabanza y gloria. Si en el camino tienes que pasar por dificultades, inclusive hasta pérdida de la vida, entiende que en medio de todo ello está el Señor, y que nunca has estado solo ni vas a ser desamparado por Él.
No permitas que el miedo te paralice. El propósito de la fe en Cristo Jesus es llevarnos al Padre para que podamos ver que aun cuando el Padre nos pida sacrificar lo más preciado, como Abraham con Isaac, podamos entender que Dios no está retirando Su promesa, sino ubicándonos en un proceso de entendimiento para establecer Su obra en la tierra donde nos ha hecho habitar.
La palabra nos ha sido presentada en la gracia y misericordia del Señor, pero es decisión que cada uno debe tomar. No se trata de imposición, sino de responsabilidad y compromiso con el Señor. Como dijo Jesus: «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios».
La paz del Señor sea contigo, Su gracia y misericordia te acompañen en todo momento a ti y a los tuyos. Amén.
La enseñanza queda grabada y puede volverse a ver en la misma dirección: https://youtube.com/live/MYoGOO7W5fE
Bendiciones,