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Derribando los estorbos del crecimiento en fe


Introducción: La Soberanía Divina y Nuestra Posición

Estamos de pie delante de la presencia del Dios eterno, del Todopoderoso, porque a Él le ha placido que estemos de pie sobre la faz de la tierra. Todas las cosas están bajo el control de Dios y es precisamente por Su voluntad que todas las cosas son hechas. Como establece Su Palabra: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies».

Por tanto, Dios establece Su soberanía sobre la faz de la tierra y sobre todos los moradores de la tierra. No hay uno que esté fuera de Su soberanía. Este conocimiento es revelado y nos ayuda a entender que nuestras vidas no están caminando fuera del alcance de la mano de Dios. El salmista escribió: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, tu vara y tu cayado estarán conmigo».

La Fe: Más Allá del Creer

Hemos iniciado esta nueva serie de enseñanzas acerca del tema de la fe, dándonos cuenta de que va más allá de simplemente creer. La fe consiste en empoderarnos dentro de lo que Dios quiere que cada uno de nosotros hagamos, es decir, dentro de la obra de Dios.

La fe no es solamente un elemento para reclamar aquellas cosas que necesitamos, ni únicamente el elemento que nos ayuda a ver materializadas las cosas que estamos pidiendo o esperando de parte de Dios. La fe va mucho más allá que simplemente creer.

Es por la fe que podemos entender a Dios. Nadie que no tenga fe puede entenderlo. Es por la fe precisamente que podemos creerle, porque así está establecido en la Palabra. Hablando en cuanto a Abraham, dice que «le creyó a Dios y le fue contada por justicia». Pero creerle a Dios no es solamente porque Él es Dios, sino porque tiene que haber un elemento de fe por medio del cual nosotros le podemos creer.

Nadie puede hacer las cosas que Dios quiere si no es por fe. Esta es la parte que muchas veces no hemos podido ver en las Sagradas Escrituras, porque tenemos un concepto bastante cargado de un elemento egoísta: la fe es para lo que yo necesito, para lo que yo quiero, para lo que yo estoy esperando. Pero no hemos visto la otra parte, que es la que me ayuda a entender a Dios, la que me ayuda a esforzarme en Dios, la que me ayuda a creerle a Dios.

Como dice Hebreos capítulo 11, versículo 6: «Sin fe es imposible agradar a Dios».

La Fe y la Responsabilidad Humana

Aunque es cierto que la fe la da Dios, depende del hombre y de la mujer que la fe se pueda cimentar en la mente, en el corazón y en el espíritu de la persona. Esto puede sonar chocante porque muchas veces creemos que Dios implanta muy por encima de la intervención del hombre.

Dios da la fe, pero depende del hombre que esa fe se implante en su corazón y en su espíritu. Si revisamos Mateo capítulo 13, donde se encuentra la parábola del sembrador que salió a sembrar su semilla, encontramos precisamente esto. Una semilla cayó junto al camino, otra en pedregales, otra entre espinos, y una cuarta en buena tierra.

De las cuatro semillas sembradas en el mismo terreno, tres se malograron, tres no produjeron. Aquí es precisamente donde nos damos cuenta y nos confrontamos con el hecho de que Dios da la semilla, Dios da la fe, pero depende del hombre y de la mujer que esa fe se pueda fundamentar, que esa fe se pueda sembrar, que esa fe pueda ser establecida en la mente, en el corazón y en el espíritu de la persona.

Los Estorbos de la Fe

Es importante dentro de esta serie de enseñanzas tener en cuenta que hay estorbos de la fe que impiden que la fe sea sembrada y que impiden que la fe pueda germinar.

Como dice la segunda epístola del apóstol Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 3, versículo 2: «Y que seamos librados de hombres importunos y malos, porque no es de todos la fe».

Aquí está claramente establecido por el Espíritu Santo que no es de todos la fe. Podríamos decir que definitivamente la fe no es de los malos, de los perversos, de los asesinos, pero cuando el Espíritu de Dios por boca del apóstol Pablo está estableciendo esta palabra, no solo se está refiriendo a aquellos que caminan en maldad, sino también a aquellos que aparentan ser buena tierra pero la semilla no germina.

Como dice el apóstol en Hebreos capítulo 4, versículo 2: «Porque también a nosotros se nos ha evangelizado como a ellos, pero no les aprovechó el oír la palabra a los que la oyeron, porque no la mezclaron con fe».

Esto significa que no solamente los perversos, los malignos y los pecadores están incluidos en esa lista, sino también aquellos que forman parte de comunidades que predican y proclaman el mensaje del Evangelio. ¿Por qué? Porque hay estorbos de la fe que no permiten que la fe sea establecida o estorbos que malogran la semilla que fue sembrada en buena tierra.

Los Siete Estorbos Principales

Primer Estorbo: No Querer Seguir Instrucciones

La semana pasada establecimos un precepto muy importante: la fe se fundamenta en la capacidad que el hombre y la mujer tengamos para seguir instrucciones. Por lo tanto, el primer estorbo que impide que la fe sea sembrada en el corazón y en el espíritu de la persona es precisamente no querer seguir instrucciones.

Por las razones que sean, la incapacidad que tengamos de seguir instrucciones o de querer seguir instrucciones es lo que impide que la fe sea sembrada.

En el Evangelio de Mateo capítulo 7, versículos 24-27, leemos: «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña. Y descendió lluvia y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa, y no cayó, porque estaba fundada sobre la peña. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa, y cayó, y fue grande su ruina».

Observe los dos escenarios: el hombre que las hace y el hombre que no las hace. A ambos les vinieron los mismos eventos, pero a uno la casa se le cayó y al otro no. ¿Cuál es la diferencia? La capacidad de seguir instrucciones.

Muchos nos amparamos en Romanos diciendo: «La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios». Escuchamos palabra de Dios constantemente, pero si oímos la palabra y no la hacemos (lo cual es sinónimo de seguir instrucciones), la fe no se va a cimentar, aun así pasemos 24 horas oyendo la palabra.

No se trata de estar escuchando, se trata de hacer lo que oímos. Como dice Lucas capítulo 6: «¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?».

El mayor estorbo es no querer seguir instrucciones, no querer hacer lo que se nos dice. ¿Por qué? Porque hay mucha soberbia en nuestras vidas, mucha altanería, mucho orgullo disfrazado que nos impide querer seguir instrucciones.

Segundo Estorbo: La Idolatría

En Primera de Corintios capítulo 12, versículo 2, dice: «Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos». Y en Gálatas capítulo 4, versículo 8: «Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses».

Cuando una persona no conoce a Dios, hay una tendencia hacia la idolatría. No solamente los pecadores y los perversos son los que no conocen a Dios; aún dentro de una iglesia hay personas que no conocen a Dios. El no conocer a Dios, el no caminar conforme a Su voluntad, el no seguir Sus instrucciones nos ubica automáticamente en una posición de idolatría.

Idolatría no es solamente postrarse ante un ídolo como en el tiempo antiguo. La Palabra del Señor dice: «Donde estuviere tu tesoro, allí estará tu corazón». ¿Dónde está nuestro tesoro? Muchas veces nuestro tesoro no está en Dios, sino en las cosas que hemos alcanzado, comprado o ganado.

Todo aquello que representa un valor para nosotros se constituye en un ídolo. Muchas veces hay personas que pueden constituirse en ídolos. ¿Cuántas personas están viviendo en amargura porque hace años murió su papá o su mamá y todavía están diciendo: «Mi vida ya no es lo mismo porque no estás tú»?

Si tu vida se apaga por la ausencia de alguien, esa persona en realidad es un ídolo. Si no podemos ser los mismos ni podemos tener realización en el Señor porque tenemos la ausencia de alguien, ese alguien se constituyó en realidad en un ídolo.

Una vida que ha desarrollado idolatría o que vive sumergida en idolatría no puede recibir fe.

Tercer Estorbo: La Falta de Diligencia

En Génesis capítulo 22, versículos 1-3, leemos: «Aconteció después de estas cosas que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le dijo».

El tercer estorbo que impide que la fe se establezca en nuestra vida es la falta de diligencia. Cuando no somos diligentes ante una instrucción que recibimos, cuando no somos diligentes ante lo que Dios nos dice, le estamos cerrando la puerta a la fe.

Note que dice: «Abraham se levantó muy de mañana». Era el hijo de la promesa, Isaac, y Dios le dice: «Al que amas, tu único, ofrécelo». Era como para querer alargar el tiempo, pero no fue eso lo que hizo Abraham, sino que actuó con diligencia.

El versículo 4 dice: «Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos». Le llevó tres días desde donde estaba hasta el lugar que Dios le había indicado. Entiende ahora por qué Jesus el Cristo pasó tres días bajo la tierra, por la obra de Abraham. Porque cuando somos diligentes, establecemos proféticamente la obra de Dios.

Muchas veces queremos que Dios nos hable, que Dios nos use, que Dios nos constituya en vaso de honra, pero no queremos ser diligentes. Alargamos el tiempo, y al hacerlo, estamos rompiendo el patrón profético que Dios quiere establecer con nuestras vidas.

Cuarto Estorbo: Los Ambientes Sociales

En Efesios capítulo 2, versículos 2-3, dice: «En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás».

El cuarto estorbo son los ambientes sociales a los cuales pertenecemos. Un hombre de Dios, una mujer de Dios, no puede buscar un espacio en la sociedad, no podemos buscar una posición dentro de la sociedad.

Lamentablemente han caído en este juego satánico, queriendo ganarse una posición en su sociedad bajo el pretexto de dar testimonio. No podemos ser parte de la sociedad porque cuando el hombre de Dios se involucra con la sociedad, hace alianzas con la sociedad, y por lo tanto, hace alianzas con las tinieblas.

¿Cuántos hombres de Dios, cuántas mujeres han hecho pactos políticos? No pueden buscar una posición política porque la sociedad encierra, abraza y compromete tus convicciones y principios.

En Segunda de Corintios capítulo 6, versículo 17, dice: «Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré».

Los ambientes sociales donde nos estamos moviendo son un estorbo para que la fe se establezca en nuestras vidas. Los compromisos sociales nos imponen actividades justamente el mismo día, a la misma hora que tenemos reunión con el Señor, y optamos por lo que la sociedad nos impone en menosprecio de la obra de Dios.

Como estableció el apóstol Pedro: «Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios».

Quinto Estorbo: La Incredulidad

En Mateo capítulo 13, versículos 57-58, leemos: «Y se escandalizaban de él. Pero Jesus les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos».

El quinto estorbo es la incredulidad. No pensemos que la incredulidad es parte únicamente de los que están en el mundo. Podemos encontrar incrédulos también dentro de una congregación, y con mucho más peso, porque si están formando parte de una congregación que proclama la sobrenaturalidad de Dios y aún así hay quienes persisten en no creerle a Dios, mayor pecado tienen.

La incredulidad significa no creerle a Dios. ¿No se ha dado cuenta que hay personas que reciben una palabra de Dios, el Señor les habló y les dijo algo, y decimos: «Estoy buscando una segunda opinión»? Como si Dios no fuera veraz.

¿Qué hace un hombre que se confiesa como de Dios buscando una confirmación de que Dios le habló? ¿Qué hace una mujer que se confiesa como mujer de Dios buscando una confirmación de la palabra que Dios le entregó? Eso se llama incredulidad.

La incredulidad está pegada al corazón del hombre y de la mujer. El gran problema con esta tendencia es que nos pasamos la vida entera buscando confirmaciones porque en el fondo no queremos creerle a Dios.

Sexto Estorbo: No Caminar en la Revelación de Dios

En Santiago capítulo 2, versículos 17-24, dice: «Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe».

El sexto estorbo es no caminar en la revelación de Dios. Muchas veces caminamos por filosofía religiosa, por referencias que otras personas nos dan, por nuestra propia opinión o criterio, por conocimiento que no está amparado en la Palabra de Dios.

Cuando Dios abre Su Palabra (como dice Lucas capítulo 24, versículo 45: «Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras»), no es para que acumulemos conocimiento, sino para que comencemos a vivir por esa revelación.

El problema que estamos teniendo hoy en día es que nos estamos convirtiendo en hombres y mujeres teóricos. Caminan por las calles de nuestras ciudades con mucho conocimiento, inclusive hay quienes han asistido a institutos, seminarios, facultades teológicas, pero son teóricos. No caminan por la revelación.

El no querer caminar en la revelación que Dios nos está abriendo no permite que se establezca fe en nuestra vida porque estamos invalidando la Palabra de Dios. Como dice Éxodo capítulo 20 y Deuteronomio capítulo 5: «No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano».

Esto es precisamente tomar el nombre de Dios en vano: no querer caminar en la revelación que Dios nos está entregando.

Tenemos el ejemplo de Nicodemo en el capítulo 3 del Evangelio de Juan, quien prefirió vivir su vida como un discípulo anónimo antes que manifestar compromiso con el Señor. Hay muchas personas que hemos tomado la decisión de ser anónimos, que los demás no se den cuenta. ¿Por qué? Porque nos van a expulsar del grupo, porque nos van a marginar, porque va a haber opresión sobre nosotros. Optamos por la aceptación de los demás que por querer caminar en la revelación que Dios nos está entregando.

La mayor consecuencia de esto es que no se está implantando la fe en nosotros. Podremos estar escuchando la palabra, podremos memorizarla, pero eso no es garantía de que la fe se va a establecer en nuestra vida.

Séptimo Estorbo: No Mantenerse Esperando en Dios

En Lucas capítulo 18, versículos 1-8, dice: «También les refirió Jesus una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?»

El séptimo estorbo es no mantenerse o no querer mantenerse esperando en Dios. El versículo 1 dice que les propuso una parábola sobre qué es necesario orar siempre y no desmayar.

Un estorbo para que la fe se implante en nuestras vidas es desmayar, no querer mantenernos esperando. «Tengo tantos años de estarle orando al Señor, tengo tantos años, me cansé. Dios no oye, Dios no me responde. ¿Para qué seguir orando?»

El desmayar, el no mantenernos haciendo lo que Dios nos dijo es un estorbo de la fe. «No veo resultados, voy a dejar de hacer esto porque no veo resultados». Hermano, estamos incurriendo en un gravísimo error, estamos cayendo en una trampa del enemigo, y se está estorbando la fe.

La Gravedad de Perder la Fe

La fe se puede perder. Al perder la fe, ¿qué pasa entonces en cuanto a la gracia de Dios, ya que la Palabra dice que «por gracia sois salvos por medio de la fe»? Si la fe se pierde, ¿qué pasa entonces?

En Ezequiel capítulo 33, versículo 18, dice: «Cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello». La justicia que el justo haya hecho no le servirá de nada el día que se apartare del Señor.

Por lo tanto, este estorbo es muy delicado. Desmayar, retroceder, no seguir manteniendo o no seguir haciendo lo que estábamos haciendo es muy grave. Puede perderse la fe, y al perderse la fe se pierde la esperanza y se pierde todo lo que hemos alcanzado en el Señor.

Conclusión

No es de todos la fe. No pensemos únicamente en los perversos, en los malignos, en los pecadores. Pensemos mayormente en nosotros, los que formamos parte del cuerpo de Cristo. Los estorbos que el enemigo interpone para que la fe no sea sembrada, los estorbos que interpone para que no germine la fe.

La fe se puede perder. Por eso ahora podríamos entender cuando Jesus dijo en Lucas capítulo 18: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?»

Que no nos acontezca nada de esto, pero es importante y necesario que cada uno de nosotros podamos identificar cuáles son los estorbos que están echando a perder la fe que el Señor puso y no ha podido germinar en nuestras vidas.

Por favor, verifica la hora correspondiente a tu localidad. La dirección para conectarte a la transmisión es la siguiente: https://youtube.com/live/ydK9qxckpb4

Bendiciones,

Pastor Pedro Montoya


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