Que la Paz del Señor esté contigo. Agradezco al Dios Eterno y Todopoderoso por este momento que nos concede para acercarnos a su Palabra, la cual es vida, verdad y liberación. Como dijo el salmista David, es mejor pasar un solo día en la presencia de Dios que mil en cualquier otro lugar, pues estar ante su Palabra y bajo la influencia de su Espíritu Santo es lo más glorioso que puede experimentar un hombre o una mujer de fe. Damos gracias al Señor porque, como Él ha prometido, donde dos o tres se reúnen en su Nombre, allí está Él, trayendo corrección, instrucción, dirección y, sobre todo, estableciendo su Reino en la tierra.
Hoy nos sumergimos en la enseñanza de Efesios 4:17-22, donde el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos revela siete características del viejo hombre. Esta enseñanza no es solo para quienes están fuera de la fe, sino también para los creyentes, porque el viejo hombre puede persistir incluso en aquellos que han abrazado el Evangelio. Muchos piensan que el viejo hombre solo se manifiesta en quienes no están firmes en su caminar con Cristo, pero esto es un error. La iglesia de Éfeso, a la que Pablo escribe, fue fundamentada durante tres años en la doctrina del Reino de los Cielos, como se relata en “Hechos 19”. Si Pablo les habla del viejo hombre, es porque este puede seguir activo en la vida de creyentes, aunque de manera diferente a como se manifestaba cuando estaban en el mundo. El viejo hombre muta, se transforma, adopta formas más sutiles y sofisticadas, pero sigue siendo una influencia que debemos identificar y confrontar.
El propósito de esta enseñanza es ayudarnos a reconocer al viejo hombre en nuestra vida diaria, para que podamos crucificarlo y vivir plenamente bajo la dirección del Espíritu Santo. A continuación, exploramos las siete características descritas en Efesios 4:17-22, con una explicación detallada de cada una, apoyada en las Escrituras.
- Vanidad de la mente: El apóstol Pablo comienza diciendo que el viejo hombre “anda en la vanidad de su sentido” (Efesios 4:17). Esto significa que sus pensamientos están centrados en cosas vacías, superficiales o carentes de propósito eterno. Un creyente puede estar atrapado en la vanidad de su mente cuando prioriza ideas, ambiciones o preocupaciones mundanas por encima de la voluntad de Dios. Esta característica nos invita a examinar si nuestros pensamientos están alineados con los propósitos del Reino o si están dominados por lo pasajero.
- Entendimiento entenebrecido: En “Efesios 4:18”, Pablo señala que el viejo hombre tiene “el entendimiento entenebrecido”. Aunque un creyente pueda llevar años en el Evangelio, su capacidad para comprender las cosas de Dios puede estar oscurecida. Esto sucede cuando no discernimos claramente la Verdad divina o cuando nos aferramos a ideas preconcebidas que nos impiden crecer espiritualmente. Es un recordatorio de que el conocimiento de Dios requiere humildad y apertura al Espíritu.
- Ajenos a la vida de Dios: También en “Efesios 4:18”, se nos dice que el viejo hombre está “ajeno a la vida de Dios” por ignorancia. Esto implica una desconexión de la obra y el propósito de Dios. Como el Señor le dijo al profeta Jeremías, “Si pudieras sacar lo precioso de lo vil, serás como mi boca” (Jeremías 15:19). Esta advertencia no fue para un pueblo pagano, sino para un profeta, lo que nos muestra que incluso los creyentes pueden vivir sin entender plenamente la obra de Dios. Debemos buscar conocer y valorar su propósito en nuestras vidas.
- Dureza de corazón: La cuarta característica, también en “Efesios 4:18”, es la “dureza de su corazón”, que Pablo define como ignorancia y rebeldía contra Dios. Esta dureza se manifiesta cuando albergamos resentimiento o incredulidad porque Dios no respondió como esperábamos. En “Marcos 8:16-17”, los discípulos discutían por no tener pan, a pesar de haber visto a Jesús multiplicar los panes y peces. Jesús les reprendió: “¿Por qué altercáis porque no tenéis pan? ¿No consideráis ni entendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?”. En “Marcos 3:4-5”, Jesús, al enfrentar la incredulidad de los fariseos, “se condoleció de la sequedad de su corazón”. La dureza de corazón nos ciega ante la intervención de Dios, llevándonos a la rebeldía y la incredulidad. Para superarla, debemos renunciar al resentimiento y abrazar el perdón.
- Pérdida de la conciencia: En “Efesios 4:19”, Pablo describe al viejo hombre como alguien que “ha perdido el sentido de la conciencia”. Esto significa que carece de sensibilidad para distinguir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. En “1 Timoteo 4:1-2”, se advierte que “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios, hablando mentiras con hipocresía, teniendo cauterizada la conciencia”. El viejo hombre no discierne lo que agrada a Dios, cayendo en la hipnosis de ideas mundanas, como se describe en “2 Pedro 2:18-19”, donde los falsos maestros “seducen con concupiscencias de la carne a los que habían huido del error, prometiéndoles libertad mientras ellos mismos son esclavos de corrupción”. Un creyente bajo la influencia del viejo hombre puede ignorar correcciones o actuar sin considerar las consecuencias espirituales.
- Desvergüenza sin límites: También en “Efesios 4:19”, se dice que el viejo hombre “se entrega a la desvergüenza para cometer con avidez toda clase de impurezas”. Esto no se refiere solo a pecados evidentes, sino a una falta de límites en las acciones, incluso en cosas que parecen inofensivas. En “2 Corintios 7:1”, Pablo exhorta: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Cuando un creyente actúa sin la guía del Espíritu, aunque sea con buenas intenciones, puede contaminar su vida espiritualmente. En “Mateo 4:1-11”, Satanás tentó a Jesús a convertir piedras en pan, algo que Jesús tenía el poder de hacer, pero no lo hizo porque no era la voluntad de Dios. En “Hechos 16:6-7”, el Espíritu Santo prohibió a Pablo predicar en Asia y Bitinia, mostrando que incluso las buenas intenciones deben someterse a la dirección divina. El viejo hombre actúa sin reparos, justificando todo como “para la gloria de Dios”, pero esto puede llevar a contaminación espiritual.
- Deseos engañosos: Finalmente, en “Efesios 4:22”, Pablo nos exhorta a “dejar la pasada manera de vivir, el viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. El término “viciado” implica corrupción, y los deseos engañosos nos llevan a vivir en fantasías, misticismo o prácticas esotéricas. Muchos creyentes, en su afán de conectarse con Dios, dependen de elementos externos como música, ambientes o imágenes para “sentir” su presencia. Esto no es el Espíritu Santo, sino el viejo hombre, que busca estímulos similares a los que usábamos en el mundo. En “Colosenses 2:8”, Pablo advierte: “Mirad que nadie os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo”. Si necesitamos estímulos externos para orar o adorar, es el viejo hombre quien nos guía, no el Espíritu.
El viejo hombre no es solo nuestra antigua manera de vivir antes de conocer a Cristo. Es una naturaleza pecaminosa que se opone a la Voluntad de Dios, una influencia mundana que nos seduce y un ser diabólico que refleja la imagen del enemigo, como dice Pablo: “Trajimos la imagen del terrenal” (1 Corintios 15:49). En “Apocalipsis 2:4-5”, el Señor reprende a la iglesia de Éfeso: “Tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Arrepiéntete, o quitaré tu candelero de su lugar”. Dejar el primer amor es permitir que el viejo hombre tome el control, apartándonos de la dirección del Espíritu.
En “Mateo 7:21-23”, Jesús advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre. Muchos dirán: Señor, en tu nombre echamos fuera demonios y hicimos milagros, pero les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad”. Aunque actuemos en el Nombre de Dios, si lo hacemos dirigidos por el viejo hombre, no estamos en su Voluntad. Por eso, debemos identificar estas siete características en nuestra vida y crucificar al viejo hombre. Somos llamados a ser testimonio de la multiforme Sabiduría de Dios, como dice “Efesios 3:10”: “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”. Que esta enseñanza nos despierte para vivir bajo la guía del Espíritu Santo, renunciando al viejo hombre y caminando en la Verdad. Que la Paz del Señor te acompañe y te lleve a tomar la decisión de vivir para su Gloria.
La dirección para conectarte a la transmisión es la siguiente: https://youtube.com/live/yTia3IcyBLM
Bendiciones,