El segundo viaje apostólico del apóstol Pablo pretendía ser, en sus orígenes, ‘casi’ una copia de lo que había sido el primero, es precisamente lo que significan las palabras de Pablo a Bernabé, cuando ambos decidieron visitar nuevamente las iglesias fundadas en su primer viaje; Pablo le propuso a Bernabé: “Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la Palabra del Señor, cómo están.” (15:36).
No hubo intención de extenderse por nuevas rutas, pues los riesgos y los costos del viaje hacían casi imposible pensar en la posibilidad de visitar otros lugares, aparte de que, los propósitos cumplidos que les llevaron a realizar el primer viaje aún estaban vigentes, y no había otra razón que impusiera la necesidad de rutas alternas; de hecho, si vemos la ruta que Bernabé tomó, Chipre, cuando se separó de Pablo, certificamos que la intención fue tan solo visitar nuevamente a las comunidades de Fe visitadas durante su primer viaje, y que en ninguno de ellos existía la idea de extenderse más allá de lo que hasta ese momento habían cubierto.
Entender esto es importante, porque el segundo viaje apostólico de Pablo, más que un viaje de irrumpimiento evangelístico, fue sobre todo, un viaje de apertura a la Revelación de Dios, tanto para Pablo, como para todas las comunidades gentiles a las cuales fue enviado.
En esta enseñanza nos exponemos a la Revelación de los misterios de Dios dispensados a través del Evangelio del Reino de los Cielos. Vamos a hacer un desglose de todo lo que Dios le entregó al apóstol a través de este segundo viaje apostólico.
pastor Pedro Montoya