Vosotros sabéis lo que fue divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó, 38 Cuanto a Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con Él. Hechos 10:37-38
La presencia del apóstol Pedro en casa de Cornelio, en Cesárea, una ciudad imperial romana, estableció un contundente mensaje tanto a judíos como a gentiles, acerca del valor y significado del Evangelio como Doctrina de Salvación y Reconciliación con Dios.
El mensaje no hubiera sido el mismo si algún otro de los apóstoles hubiera sido el encomendado para visitar a Cornelio, porque, si observamos detenidamente el relato, las palabras de Pedro no fueron complicadas, sus palabras fueron tan solo un recuento de la vida de Jesús tanto, inclusive, el apóstol no terminó de dar las referencias, en el mismo medio del relato fue derramado el Espíritu Santo sobre todos los invitados de Cornelio.
El mensaje no estaba en las palabras, el mensaje estaba en la persona del apóstol, Pedro como jefe del bando apostólico tenía un mayor peso de Gloria, como testigo de Jesús, dado que meses antes de la crucifixión de Jesús, Pedro había sido encomendado para portar ‘las llaves del reino de los cielos’, y para atar y desatar en los cielos lo que en la tierra, él atare o desatare.
Acostumbrados hasta ese entonces a ver el Evangelio como Doctrina mesiánica, exclusiva para la nación judía, con la experiencia de Cornelio, el Evangelio adquirió un valor más cosmopolita, y a partir de allí se abrió la puerta para que el Evangelio fuera considerado como una Doctrina de la humanidad, y no tan solo una Doctrina de y para los judíos.
¿Cuál es el mensaje que se estableció a partir de ese momento? La enseñanza que compartimos a continuación nos responde a esta pregunta.
pastor Pedro Montoya