, ,

Cómo Desarrollar el Temor de Dios


Introducción

Doy gracias al Dios eterno, al Todopoderoso, por un tiempo más que en su gracia y en su misericordia nos permite exponernos ante su Palabra y ante el poder de su Santo Espíritu.

Hemos venido estudiando desde hace dos semanas acerca del temor de Dios, y hemos establecido algo fundamental que todo hombre y toda mujer de fe tiene que saber, conocer y ejercer: el temor de Dios es la base de todo. El libro de Proverbios lo dice claramente: «El principio de la sabiduría es el temor de Dios».

En Deuteronomio 10:12, el Espíritu de Dios por boca de Moisés establece la instrucción sobre la cual estamos trabajando esta serie de enseñanzas: «¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, Israel? Que temas a Jehová tu Dios, que ames a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos y que le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma».

Aunque dice Israel, es una palabra que aplica a todo hombre y a toda mujer que venimos delante de la presencia del Señor.

La Secuencia Divina

Hemos dicho, y es importante re-enfatizarlo, que para poder amar a Dios primero necesitamos temer a Dios. Ninguno que no aprenda a temer a Dios puede amar a Dios. Cuando la Palabra del Señor nos dice «amar a Dios», no se está refiriendo a términos emocionales o sentimentales a los cuales estamos acostumbrados. Se está refiriendo a una entrega total.

El Señor Jesús lo presentó de esta manera: «Ninguno que poniendo su mano sobre el arado y mira atrás, es digno de mí». Por lo tanto, cuando la Palabra nos dice que debemos amar a Dios, es entrega, es disposición, no sentimiento ni emoción.

De igual manera, nadie que no haya aprendido a temer a Dios puede andar en sus caminos. ¿Cómo va a ser posible que andemos en los caminos que Dios ha trazado si antes no hemos aprendido a temerle? Y ninguno que no haya aprendido a temer a Dios puede servirle con todo su corazón y con toda su alma.

Dos Puntos Introductorios Esenciales

Para introducirnos a este tema, quiero establecer dos puntos fundamentales que nos ayudarán a entender y, sobre todo, a desarrollar el temor de Dios.

Primer Punto: El Temor de Dios es Enseñable

En el Salmo 34:11 leemos estas palabras del salmista David por el Espíritu de Dios: «Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré». El temor de Dios es enseñable.

En la reunión de la semana pasada establecimos que es una responsabilidad propia, personal e intransferible. Ninguno de nosotros puede ir ante un ministro o ministra y decir: «Ore por mí, porque yo quiero desarrollar temor de Dios». El temor de Dios se desarrolla cuando el hombre y la mujer se exponen ante la enseñanza.

Déjeme explicar esto de «exponerse ante la enseñanza», porque sé que hay muchas personas que se han expuesto prácticamente durante toda su vida ante enseñanza, como el joven rico que se presenta ante Jesús: «Sí, de eso yo fui enseñado, eso lo conozco».

Sin embargo, cuando hablamos de ser enseñable, nos estamos refiriendo sobre todo a exponernos a corrección. Este es el punto que a muchos no nos gusta. Cuando la Palabra nos enseña que el temor de Dios es enseñable, no solamente se está refiriendo a un conocimiento que se imparte y que cada uno de nosotros lo tomamos y caminamos por él. Se está refiriendo sobre todo a la capacidad de cada uno de recibir la reprensión.

Esta es la parte que a muchos no nos gusta. Podemos recibir enseñanza, podemos recibir revelación, podemos recibir capacitación, pero no nos gusta recibir corrección. Cuando la Palabra nos dice que el temor de Dios es enseñable, tenemos que entender que es corrección: la capacidad de aceptar corrección, la capacidad de no rechazarla, la capacidad de no resentirnos, la capacidad de no incomodarnos por la instrucción que se nos está dando. En esa medida es que el temor de Dios es enseñable.

Segundo Punto: La Conciencia de Dios

El temor de Dios depende de la conciencia que cada uno de nosotros tengamos acerca de Dios. Quiero ampliar esto porque no se trata de una conciencia religiosa.

Muchas personas dicen: «Sí, yo creo que hay un Dios, yo sé que hay un ser superior. Tiene que haberlo, porque ¿cómo es posible que todas estas cosas no pudieran haber surgido de la nada?». Pero eso es una conciencia religiosa, incluso una conciencia filosófica o lógica, porque la persona dice: «Tuvo que haber alguien que iniciara todo esto. Tuvo que haber un principio, pues ese principio es el Creador, es el ser superior». Así lo llaman muchas personas y por lo tanto dicen: «Sí, yo creo en Dios».

Cuando hablamos de tener conciencia de Dios, no estamos hablando de una conciencia filosófica, religiosa o lógica. Nos estamos refiriendo a la conciencia espiritual de entender que Dios está presente en nuestro medio. Dios no está lejos en el universo, no está fuera de este universo viendo tan solo lo que nosotros estamos haciendo. Dios es inmanente, es decir, Dios está interactuando con el hombre y con la mujer.

Tengo que decirle algo más: tener conciencia de Dios es entender que Dios camina con nosotros a todos los lugares donde quiera que nosotros estemos. Tener la conciencia de que Dios siente lo que nosotros sentimos y que Dios ve los pensamientos que nosotros tenemos. A ese nivel me estoy refiriendo con tener conciencia de Dios.

¿Por qué? Porque usted encuentra en los relatos de Jesús que Él lloró. Dios lloró, sí. ¿Por qué? Porque siente lo que el hombre siente, entiende lo que el hombre está pasando. No se alegra de la maldad que se desarrolla en contra de un justo. Está viendo y siente lo que está pasando.

Esa conciencia de Dios, de un Dios presente, de un Dios activo, de un Dios interactivo, es lo que nos ayuda a poder entender y desarrollar el temor de Dios.

Tres Fundamentos para Desarrollar el Temor de Dios

Este es un tema que, de seguro, muchas personas estarán escuchando por primera vez, porque no se enseña, porque no se predica. Sí se menciona, sí se tiene conocimiento, pero la definición que tenemos es una definición vaga que no nos ha ayudado en la realidad a poder desarrollar temor de Dios.

Vamos a establecer tres fundamentos esenciales.

Primer Fundamento: Entender que Dios Da y Quita la Vida

En Hechos de los Apóstoles 9:3-6, leemos este relato bastante conocido:

«Yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le rodeó un resplandor de luz del cielo. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? El Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad y se te dirá lo que te conviene hacer».

Enfatizo: «él, temblando y temeroso».

La vida viene de Dios. Dios es quien único puede dar la vida. Dios la da, pero también Dios la quita.

La Primera Enseñanza en el Edén

Esta fue precisamente la primera enseñanza que Adán y Eva recibieron en el huerto del Edén. Dios le había dicho a Adán y eventualmente a Eva: «El día que de él comieres, morirás». En el hebreo, en la lengua original, si lo fuéramos a traducir literalmente, dice: «Muriendo morirás», estableciendo en esa expresión que iba a morir indefectiblemente. No había opción: tan pronto comiera el bocado iba a morir.

Pero ¿qué fue lo que sucedió? No murieron. Adán y Eva entendieron que ese acto de morir, aunque no habían experimentado esa experiencia, entendían perfectamente a lo que Dios se estaba refiriendo. Ellos creyeron que la activación de esa palabra se iba a dar cuando vieran a Dios. Por eso ahora podemos entender por qué se escondieron, porque ellos dicen: «Tuvimos miedo». ¿Miedo de qué? ¿Por qué? «Porque yo sé lo que tú dijiste y ahora, como no morimos cuando comimos, ¿quiere decir que vamos a morir cuando te veamos?». Pero tampoco murieron.

La primera enseñanza que Dios les estableció a Adán y a Eva fue: la vida viene de Dios, Dios la da y Dios la quita.

Un Conocimiento Revelado Necesario

Este es un conocimiento revelado que muchos hombres y mujeres no tenemos hoy en día. Se ha desarrollado la idea de que es la ciencia la que tiene gobierno, dominio y ejercicio de la vida, y esto atenta en contra de la revelación de Dios. ¿Por qué? Porque hemos desplazado a Dios de nuestras vidas. Hemos hecho a un lado a Dios y hemos integrado un conocimiento médico, químico, medicinal. Pensamos: «Realmente lo que me tiene en vida son los medicamentos, los tratamientos, la intervención del médico, del especialista o del subespecialista». Esto atenta en contra de lo que la Palabra del Señor enseña.

Tener conciencia de Dios, de que Dios está presente, pero sobre todo entender que la vida viene de Dios, Dios la da, Dios la quita, Dios determina sobre el hombre, Dios determina sobre la mujer. Por lo tanto, nosotros no podemos caminar en arrogancia, creyendo que Dios viene a ser como un auxiliador ante los momentos de crisis que estamos viviendo.

La Experiencia de Pablo y Job

¿Por qué utilicé el texto de Hechos 9? Porque en el versículo 6 dice: «Él, temblando y temeroso, dijo: ¿Quién eres, Señor?». Nunca había tenido esta experiencia. Esta es la misma experiencia de Job: «De oídas te había oído». Sí sabía, sí tenía conocimiento, sí tenía actividad en función de Ti, pero este conocimiento revelador nunca lo había tenido.

Pablo, igual que Job, se confrontan ante una situación: la vida no le pertenece al hombre. Aunque somos nosotros los protagonistas de esta actividad, la vida no me pertenece a mí. Puedo estar sano y Dios quitarme la vida. La vida o la muerte no viene por el hecho de que una persona está enferma o entró en crisis física. Es Dios quien determina acerca de la vida y acerca de la muerte.

Esto es fundamental que nosotros lo entendamos, porque no se puede desarrollar temor de Dios si nosotros estamos viendo a un Dios espectador o a un Dios auxiliador de las diferentes crisis que el hombre y la mujer enfrentan en la vida. Yo tengo que entender que si estoy de pie es porque a Dios le ha placido. Si yo estoy vivo es porque a Dios le ha placido, pero tengo que entender que Dios también hiere y Dios castiga.

Testimonio Bíblico

El profeta Jeremías escribió en Lamentaciones: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido destruidos, porque nuevas son cada mañana sus misericordias». Y en otra parte de los profetas encontramos: «Dios hiere, pero al tercer día nos dará vida».

En Deuteronomio 32:39, las palabras que el Espíritu de Dios puso en la boca de Moisés dicen: «Ved ahora que yo soy, y no hay dioses conmigo. Yo hago morir y yo hago vivir, yo hiero y yo curo, y no hay quien pueda librar de mi mano».

El evangelio que se ha predicado lastimosamente en nuestros tiempos contemporáneos no presenta esta verdad espiritual. El evangelio contemporáneo nos presenta un Dios que solamente está para ayudar, para bendecir, para librar. Pero nos hemos olvidado de que Dios también castiga y que Dios también hiere.

Ana, la madre de Samuel, escribió en 1 Samuel 2:6: «Jehová mata y Él da vida, Él hace descender al sepulcro y hace subir. Jehová empobrece y Él enriquece, abate y ensalza».

Para poder desarrollar temor de Dios, tengo que entender y hablo de entendimiento, desarrollar el entendimiento de que Dios está presente, que la vida le pertenece a Dios, que Dios la da, pero que también Dios la quita. Sin este conocimiento, sin esta revelación, nosotros no podemos desarrollar temor de Dios.

¿Cómo vamos a desarrollar respeto, temor a un Dios que siempre, como lo hemos creído, está ahí solo para bendecirnos, solo para prosperarnos? ¿Cómo se va a desarrollar temor de Dios bajo esta idea? Ninguno desarrolla ni respeto a Dios, y la experiencia de muchos años nos lo ha demostrado.

¿Por qué razón hay caídas? ¿Por qué razón hay situaciones que se están repitiendo todo el tiempo? Porque no hay temor de Dios. Nosotros tenemos que volver a la Palabra y establecer el fundamento de la Palabra para que podamos crecer espiritualmente conforme lo que Dios ha determinado.

Segundo Fundamento: El Respeto a la Vida y a la Persona

Voy al libro de Éxodo, capítulo 1, versículos 15-17:

«Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y otra Fúa, y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas y miréis los asientos, si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva. Pero las parteras temieron a Dios y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaban la vida a los niños».

Enfatizo: las parteras temieron a Dios.

No hicieron caso a lo que Faraón les decía. No hacer caso a lo que Faraón les había establecido significaba para ellas la muerte. Pero el texto dice: «Las parteras temieron a Dios».

Es importante entender que las parteras no eran hebreas. Eran egipcias, porque ¿cómo les podía dar instrucciones el rey de Egipto a unas que no fueran egipcias? Precisamente por esa razón es que les está dando la instrucción. Eran egipcias, pero el texto dice: «Las parteras temieron a Dios».

El temor de Dios se desarrolla en el ejercicio del respeto a la vida y a la persona.

Eran recién nacidos, no habían crecido, no eran niños, pero les preservaron la vida. ¿Por qué? Porque ejercieron el respeto a la vida y a la persona.

La Pérdida del Respeto

Se ha dado cuenta cómo hoy en día ese respeto ha desaparecido completamente, y precisamente por eso es que aún hombres y mujeres que pertenecen a congregaciones no han podido desarrollar temor de Dios, porque no hay un respeto.

¿Por qué razón es importante el respeto a la vida y a la persona? Porque en Génesis 1:26, Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza». Aunque sea una persona que no esté caminando conforme a la voluntad de Dios, mantiene por la creación una imagen y semejanza de Dios. El respeto a la imagen y semejanza de Dios es lo que nos permite desarrollar temor de Dios.

Instrucciones Bíblicas sobre el Respeto

En Levítico 19:14 dice: «No maldigas al sordo y delante del ciego no pongas tropiezo, pero tendrás temor de tu Dios, yo, Jehová».

No maldigas al sordo. ¿Por qué? No te burles del sordo por el hecho mismo de que no escucha. Aquí hay una actitud de burla porque como no está escuchando, se profieren muchas veces palabras de maldición. Esto mismo aplica con las personas que pertenecen a otras regiones que hablan otros idiomas. Se les habla con gestos de aparente apreciación, pero las palabras que se les están declarando son palabras obscenas.

No te burles, no maldigas al sordo. También dice: «Delante del ciego no pongas tropiezo». No te burles del que tiene deficiencias, no te burles del que no puede advertir acerca de las cosas que están aconteciendo. Esto es una falta de respeto a la vida y a la persona.

En Levítico 19:32: «Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor, yo, Jehová». ¿De qué nos está hablando? Del respeto a la vida, el respeto a la persona.

En Santiago 2:2-4 leemos:

«Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y de ropa preciosa, y también entra un pobre con vestidura vil, y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar, y dijereis al pobre: Quédate allí tú de pie, o siéntate aquí abajo de mi estrado, ¿no juzgáis en vosotros mismos y venís a ser jueces de pensamientos malos?»

¿Por qué pensamientos malos? Porque no hay temor de Dios, porque no tiene respeto a la vida ni tiene respeto a la persona.

En Romanos 4:4 dice: «Tú ¿quién eres que juzgas al siervo ajeno? Para su señor está en pie o cae, pero se afirmará, que poderoso es el Señor para afirmarle».

Los Cinco Mandamientos

Estos textos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, nos están enseñando y estableciendo este principio fundamental para poder desarrollar el temor de Dios: el respeto a la vida, el respeto a la persona.

Si un hombre, si una mujer, si un joven o una señorita no ha logrado ejercer el respeto a la vida y a la persona, no puede desarrollar temor de Dios. Por esa razón encontramos que dentro de los Diez Mandamientos, cinco mandamientos están dirigidos particularmente al respeto a la vida y a la persona.

En Deuteronomio 5:16-21 leemos los cinco restantes mandamientos:

«Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo».

Diez mandamientos. Los cinco últimos nos están hablando y enfatizando precisamente acerca de este segundo fundamento para poder desarrollar temor de Dios: el ejercicio del respeto a la vida y a la persona.

De nada nos sirve entenderlo si no estamos dispuestos a ejecutarlo. El desarrollo del temor de Dios se fundamenta en el ejercicio del respeto a la vida y a la persona. No es el entendimiento, no es el conocimiento, no es simplemente la admisión. Es el ejercicio que cada uno de nosotros desarrollemos acerca de la vida y de la persona.

Tercer Fundamento: La Decisión de Abominar lo que Dios Abomina

En 2 Corintios 6:14-18 leemos:

«No os juntéis en yugo con los infieles, porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel? ¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré, y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».

El temor de Dios se desarrolla a partir de la decisión de ver como abominables todas aquellas acciones que para Dios son abominables.

No estoy hablando de conocimiento, no estoy hablando de que entendamos. La Palabra del Señor es bien clara: se trata de una decisión. El temor de Dios se desarrolla a partir de la decisión de ver abominables o como abominables aquellas cosas que Dios abomina.

No Podemos Conciliar con el Mundo

Yo no puedo llamar bueno a lo que Dios llamó malo. Yo no puedo llamar permisible a lo que Dios proscribió. Yo no puedo llamar santo a lo que Dios determinó que es profano.

El mayor problema que tenemos los hombres y las mujeres del tiempo actual es que tratamos de conciliar todas las cosas con el mundo. Tratamos de acercarnos al mundo, pero no para denunciarlo, sino para compartir con él bajo la idea: «De esta forma yo los atraigo para el Señor», fundamentados en la expresión del apóstol Pablo: «Yo me hago judío para los judíos y me hago gentil para los gentiles». Palabra que ha sido mal interpretada, porque en ningún momento Dios nos llamó a acercarnos al mundo.

En Génesis 3, Eva le declaró a la serpiente perfectamente lo que Dios había establecido. Hay quienes dicen: «Ese fue un invento de Eva cuando Eva dijo ‘ni le tocaréis’». Pero Eva recordaba perfectamente lo que Dios le había dicho. No nos es lícito acercarnos al mundo.

Dios en ningún momento nos dijo que debíamos acercarnos al mundo para darle testimonio al mundo. La luz se mira a lo lejos. No necesitamos acercarnos a las tinieblas.

Hemos tratado de conciliar. ¿Cuántas veces hemos escuchado? «No hay que ser tan religioso», «hay más amor y menos religión». Frases filosóficas, frases mundanas que no están fundamentadas en la Palabra del Señor.

«Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré». La Palabra es clara: Dios no nos ha llamado a compartir, a conciliar con el mundo.

El Problema de la Indecisión

El mayor problema que todos tenemos es que no queremos tomar la decisión de salir del mundo. No queremos tomar la decisión.

Se me presentan muchas personas casi todos los días con este mismo argumento: «Resulto haciendo las cosas que no quiero. Yo tengo el deseo, tengo la buena intención, tengo la motivación de hacerlo, pero resulto haciendo las cosas que no quiero».

Mientras tú no decidas, mientras tú no decidas que eso es abominable porque Dios lo abomina, nunca podrás hacer lo que Dios te está demandando.

El mayor problema de los hombres y de las mujeres de hoy en día es que no han tomado decisiones. Están caminando en una ambigüedad. Tengo que recordar en este punto el mensaje al mensajero de la Iglesia de Éfeso: «Tengo contra ti que has dejado tu primer amor».

Nosotros tenemos que entender: es necesario tomar decisiones. Dios nos está llamando a decisiones. No lo postergues más. Es necesario tomar la decisión: «Yo y mi casa serviremos a Jehová», fue declarado por Josué muchos años atrás.

¿Qué Estamos Compartiendo?

No puedes desarrollar temor de Dios si todavía estás compartiendo con el mundo. ¿Qué es lo que podemos estar compartiendo? Podemos estar compartiendo música, melodía, filosofía, imágenes, dichos, expresiones.

Si Dios llamó malo y perverso, yo, para poder desarrollar temor de Dios, tengo que también llamar malo y perverso a lo que Dios llamó como tal. Yo no soy mayor que Dios. Pero si yo llamo las cosas que Dios llamó malas y perversas, las llamo como buenas y permisibles, me estoy levantando y estoy actuando en el espíritu del anticristo, sentándome en el lugar de Dios.

Por eso Jesús dijo: «En los postreros días vendrán muchos anticristos». No se estaba refiriendo solamente a los que iban a predicar o a ser populares. Se estaba refiriendo a muchos hombres y mujeres, muchos jóvenes y señoritas que en lo oculto de su ambiente o en la impopularidad de su vida estarían actuando, llamando permisible aquello que Dios proscribió.

El Llamado Contundente

El llamado de Dios es contundente para nuestros días: «Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré, y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».

¿Cuántos ministerios no han podido despegar? ¿Cuántos ministerios no han podido desarrollarse? ¿Cuántos hombres, cuántas mujeres con llamado, con ministerio, con confirmación de que Dios los ha llamado, no han podido salir precisamente porque no han sido capaces de desarrollar temor de Dios?

Te tengo que decir: no lo podrás hacer. No importa si fuiste a una facultad, porque el conocimiento teológico no te va a constituir en servidor de Dios si no desarrollas temor de Dios. Aún cuando tengas diplomas de grados doctorales, vas a recibir la palabra de Mateo 7:21-23: «Apartaos de mí, obradores de maldad, nunca os conocí».

No importa si vas a una facultad teológica, no importan los grados doctorales que puedas o quieras desarrollar. El temor de Dios no depende de eso.

Conclusión: Los Límites de Dios

El temor de Dios depende de la conciencia que nosotros tengamos de que Dios da la vida y quita la vida, de que entendamos que nosotros no vamos a estarnos escondiendo de Dios todo el tiempo. Dios tiene límites sobre la faz de la Tierra.

No nos vayamos a encontrar un día que el límite llegó a su término en nuestra vida, y en lo mejor de nuestra experiencia o en lo más grande de nuestra vida, Dios podría cortarla porque no fuimos agradables a Él.

La enseñanza de Belsasar, el hijo de Nabucodonosor, cuando se le aparece la mano y escribe «Mene, mene, tekel, uparsin», nos enseña: Dios pone límites. No nos vayamos nosotros a encontrar llegando al límite de nuestras vidas y de nuestro ministerio, sin oportunidad de poder reivindicarnos. ¿Por qué? Porque no actuamos con el conocimiento del temor de Dios.

La Palabra dice: «Dios no tomará por inocente a aquel que ha tomado su nombre en vano».

Los Tres Fundamentos Revisados

El temor de Dios se fundamenta y se desarrolla en:

  1. El entendimiento de que Dios da la vida y Dios quita la vida.
  2. El ejercicio del respeto a la vida y de la persona. No hagamos acepción de personas porque nos estamos alejando del temor de Dios. No hagamos vana la vida de una persona. Y peor aún, no vayamos a difamarla, que sería equivalente a quitarle la vida a una persona porque no compartía nuestros puntos de vista.
  3. La decisión de llamar abominables las cosas que Dios abomina.

Cuando nosotros construimos sobre este fundamento, entonces, y solamente entonces, podemos desarrollar temor de Dios.

La Responsabilidad Personal

Ahora no hay excusas para ninguno de nosotros. «¿Qué pide Jehová tu Dios de ti? Que temas a Jehová tu Dios, que lo ames, que andes en todos sus caminos y que le sirvas con todo tu corazón y con todas tus fuerzas» (Deuteronomio 10:12).

Ya el trabajo nos pertenece a cada uno de nosotros. Es una responsabilidad personal e individual. No la podemos transferir ni podemos ir ante un ministro para que ore por mí. Es la decisión que nos corresponde hacer.

¿Qué es lo que vamos a hacer?

Señor, te doy gracias por tu Palabra. La paz del Señor sea contigo. Amén.



Pastor Pedro Montoya


Descubre más desde Jesús, Señor y Cristo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

About

Jesús, Señor y Cristo es la voz digital del Ministerio Apostólico y Profético Cristo Rey. A través de esta página, compartimos la verdad del Evangelio, enseñanzas sobre liberación espiritual y el llamado a vivir bajo el señorío de Cristo. Explora y fortalece tu fe con nosotros

Descubre más desde Jesús, Señor y Cristo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo