La dignidad del ministerio visto a través de la parábola del samaritano que actuó con misericordia

El llamado de Dios tiene una dignidad divina, pero no para destacar a la persona por encima de quien lo llamó, sino para establecer sobre la tierra aquella operación de Dios necesaria para romper la fortaleza del reino de las tinieblas que ha atado a los habitantes de sus regiones.